sábado 18 julio, 2026

Dulce y amargo

Homenaje a Marjane Satrapi, escritora y artista iraní

Durante algunos años he compaginado la docencia en la escuela y en la universidad, y debo reconocer que ser profesora de secundaria ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi vida. El colegio concertado católico en el que he enseñado durante los últimos dos años cuenta con alumnado procedente de una amplia variedad de contextos culturales y nacionales. Entre ellos hay estudiantes de España, Ucrania, Pakistán, Afganistán y de distintos países de América Latina, África y Asia. Siempre he apreciado profundamente esa diversidad.

La mañana de mi último día en el colegio, mientras seguía mi rutina habitual antes de comenzar las clases, consulté las noticias. Entre la información sobre la visita del Papa a Madrid y las opiniones contradictorias de Martin Scorsese acerca del uso de la inteligencia artificial en la industria cinematográfica, apareció un titular estremecedor sobre la escritora iraní Marjane Satrapi, acompañado de una fotografía suya: “Marjane Satrapi, artista y autora de Persépolis, fallece a los 56 años”.

En ese mismo instante sonó el timbre que anunciaba el inicio de las clases. Entré en el aula, miré a mis alumnos, contuve las lágrimas y sonreí. No quería llorar delante de ellos. Me conocían como una profesora alegre y deseaba que me recordaran tal y como había sido durante estos dos últimos años.

Marjane Satrapi fue una artista, novelista gráfica, cineasta y escritora iraní, conocida internacionalmente por “Persépolis, su novela gráfica sobre su infancia y juventud durante y después de la Revolución Islámica de Irán. Eligió ese título en referencia a Persépolis, la antigua capital ceremonial del Imperio persa aqueménida, situada cerca de la actual ciudad de Shiraz y considerada uno de los grandes tesoros arqueológicos del mundo antiguo.

“Persépolis fue publicada por primera vez en Francia en el año 2000 y posteriormente traducida a numerosos idiomas. Satrapi adaptó su historia al cine de animación junto con Vincent Paronnaud, y recibió una nominación al Óscar a la mejor película de animación. La protagonista atraviesa momentos dulces y amargos que reflejan las contradicciones de la vida.

También creó obras como “Bordados” y “Pollo con ciruelas”, y dirigió películas como “The Voices” y “Madame Curie. En 2024 recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, y en 2025 rechazó la Legión de Honor francesa por lo que calificó como una actitud “hipócrita” de Francia hacia Irán, especialmente en materia de visados.

Amor y muerte

Más allá de cualquier etiqueta ideológica, si alguien me preguntara sobre Marjane Satrapi y si era feminista, comunista o cualquier otra cosa, respondería sencillamente que fue una mujer. Una mujer exiliada que nunca dejó de llevar a su patria en el corazón, y una mujer profundamente enamorada.

De hecho, la muerte de su esposo un año antes supuso uno de los mayores dolores de su vida. Tras su fallecimiento, creó la Fundación Cinematográfica Mattias y Marjane Ripa-Satrapi con el propósito de apoyar a estudiantes internacionales de cine en París. Según un comunicado difundido por la familia tras su muerte, Satrapi falleció “de tristeza” poco más de un año después de perder a su esposo, a quien describieron como “el amor de su vida”.

El amor y la muerte son temas estrechamente vinculados en la literatura universal, desde “Romeo y Julieta” de Shakespeare hasta “Bodas de sangre” de Federico García Lorca. Sin embargo, la idea de morir de tristeza tras la pérdida de la persona amada ocupa un lugar especialmente relevante en la tradición literaria persa.

Así ocurre en tragedias como “Leyli y Majnun” y “Shirin y Farhad”, dos de los poemas narrativos que forman parte del “Khamsa” de Nezamí Ganjavi (1141-1209), una de las figuras más admiradas de la literatura persa. En estas historias, el amante sucumbe al dolor tras la muerte de la persona amada.

No es casualidad que la lengua persa posea numerosas expresiones para transmitir los distintos matices de la tristeza. Una de ellas es “degh marg”, que refleja precisamente esta idea y puede traducirse como “morir de pena” o “morir de tristeza”.

Al conocer la noticia de la muerte de Marjane Satrapi, atribuida precisamente a la profunda tristeza experimentada tras la pérdida de su esposo, pensé en el concepto de “amor” en diferentes culturas y recordé una entrevista al cineasta iraní Asghar Farhadi, ganador de dos premios Óscar. En aquella entrevista, Farhadi contaba que uno de los actores de su película “Todos lo saben”, rodada en España y protagonizada por Penélope Cruz, Ricardo Darín y Javier Bardem, le confesó que no lograba comprender por qué el protagonista, enamorado, entregaba todo a la persona amada sin esperar nada a cambio. La respuesta de Farhadi fue sencilla y reveladora: “Así es el amor verdadero en mi cultura”.

Café “Dulce y amargo”

Durante mi última jornada en el colegio, mi mente no dejaba de pensar en Marjane. Me sentía profundamente desolada. Al finalizar la clase, mis estudiantes, conscientes de que era el último día, comenzaron a aplaudir. Observé sus rostros jóvenes e inocentes, sus sonrisas llenas de afecto y gratitud, y ya no pude contener las lágrimas. Ellos se sorprendieron; no esperaban una reacción tan emotiva por mi parte.

Más tarde, una compañera me encontró llorando. Extrañada, me dijo: “Te quieren mucho; todos te apreciamos”. Le expliqué que me sentía feliz por los dos años vividos en el colegio, pero profundamente triste por la noticia que acababa de recibir. Ella me abrazó como una hermana y me confesó que también había leído la noticia y que le había afectado mucho. Le dije que las mujeres iraníes estábamos desconsoladas, aunque yo me sentía afortunada, agradecida y llena de esperanza gracias a mis alumnos.

Necesitaba salir un momento durante el recreo para tomar un café fuera del colegio para estar un momento solas. Mi compañera me recomendó una cafetería nueva cercana al centro llamada “Sweet and Sour” (Dulce y amargo). Sonreí al escuchar el nombre. Aquellas dos palabras reflejaban perfectamente lo que sentía en aquel instante: dulce y amargo, esperanza y dolor, gratitud y pérdida.

Mujeres, política y amistad

Hace algunas semanas comí con varios amigos en un restaurante persa. Una de las camareras fue especialmente amable conmigo y una amiga española comentó: “Me doy cuenta de que las mujeres iraníes sois muy cercanas entre vosotras y establecéis vínculos con facilidad”. Le respondí: “Sí. Incluso sin conocer nuestros nombres, podemos hablar de nuestras emociones, abrazarnos y llorar juntas por las preocupaciones compartidas sobre la situación actual de Irán”.  Ella respondió: “Es hermoso que vuestra cultura conserve este lazo entre las mujeres”.

Creo que las mujeres debemos construir puentes entre nosotras. Como me sucede cuando comparto una comida con mis amigas españolas y cubanas y hablamos de política, literatura, arte y de nuestros sentimientos, o cuando intercambiamos recetas tradicionales de nuestros países.

A veces, las mujeres cargamos con tristezas heredadas del pasado, pero también conservamos la esperanza en el presente y en el futuro. Todas vivimos experiencias dulces y amargas, y es precisamente esa mezcla de pérdida y esperanza, de memoria y porvenir, la que nos recuerda nuestro destino compartido.

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