El ex Fiscal General del Estado, Eligio Hernández, relata su controvertido nombramiento en 1992 y su posterior dimisión por respeto al Ministerio Fiscal, a pesar del apoyo de Felipe González.
Contrasta su renuncia con la necesidad de dimisión de otros FGE en casos de desprestigio, y evoca la trayectoria y dimisión de dos Fiscales Generales canarios durante la II República, uno de ellos asesinado.
El autor concluye defendiendo la adopción del modelo judicial de la II República para el Ministerio Fiscal en futuras reformas constitucionales, buscando una mayor independencia de la Justicia.