Y si es así, ¿vale la pena el esfuerzo de Regenerar la democracia?
¿Qué entendemos por un pais serio?. Obviamente se trata una percepción, pero que ha de estar basada en datos objetivos e indicadores. Por ello, una primera fuente es acudir a la visión que ofrecen Organismos e Instituciones internacionales de prestigio, y que queda reflejada en los diferentes rankings, objetivos, elaborados con un cierto rigor.
Así, España es un pais económicamente potente, el 12 del mundo por PIB, abierto al mundo, como refleja el que el comercio exterior suponga un 40% de esa cifra del PIB. En cuanto a su distribución, el PIB per cápita ascendió en 2025 a 34.210 euros, lo que en términos de paridad de poder adquisitivo nos sitúa en el 92% de la media de la UE, con tendencia incluso a mejorar posiciones. Sin embargo, si nos centramos en las desigualdades, España es el segundo estado de la UE en términos de desigualdad, detrás de Alemania; el 50% más pobre sólo posee el 6% de la riqueza neta total del país, mientras el 5% más rico posee un 43% (comparado con más de un 9% y un 35%, respectivamente de media en la UE). Esto se traduce también en que, como señalaba un investigador de Eurofound, Agencia Europea para la mejora de las condiciones de vida, tenemos una de las clases medias más pequeñas de la UE; tenemos una de las mayores desigualdades salariales entre trabajadores (el quinto país entre los veintisiete de la UE con la mayor disparidad en los ingresos laborales mensuales), y la segunda mayor tasa de pobreza infantil de la UE en 2024.
Junto a la frialdad de estos datos podemos añadir algo evidente; que la economía española es muy diversificada teniendo productos agrícolas y alimenticios de reconocido liderazgo en el mundo, junto a industrias muy potentes y un sector servicios muy dinámico, e innovador, y con empresas punteras que operan en muchos países. En fin, una economía potente aunque con cosas a mejorar, especialmente en lo que se refiere a reducir las desigualdades.
Y si volvemos a los indicadores, y acudimos a otros más centrados en la “calidad de vida”, podemos ver que nuestro país es valorado, e incluso con una cierta envidia por muchos ciudadanos del resto del mundo, sea rico o pobre, como un país con una elevada calidad de vida y un alto nivel de seguridad ciudadana. De hecho, según el Expat Explorer Survey realizado por HBSC, España es el destino preferente para trabajar por los expatriados, por su seguridad, el clima, y los buenos índices de salud.
Ahora bien, la “seguridad” y la estabilidad no dependen sólo de un nivel más bajo de delincuencia, un bajo uso de las armas por los ciudadanos, y una eficaz y honesto trabajo de las Fuerzas de Seguridad. Así, el Global Peace Index, indicador de referencia que elabora anualmente el Institute for Economics and Peace (IEP), una organización independiente con sede en Australia, y analiza 163 países usando 23 indicadores, recoge a España en el puesto 25 sobre 163. Y es que entre los indicadores, además de la seguridad ciudadana y la ausencia de graves conflictos entre poblaciones, se consideran otros como la solidez de las instituciones, la baja corrupción, un sistema jurídico efectivo, y una inversión pública y privada en educación y sanidad que reduzca las desigualdades. También aquí tenemos un margen de mejora.
Dejando aparte los rankings y comparaciones, hay muchos datos objetivos en diferentes ámbitos, que reflejan que somos un país robusto, serio y solidario. Basta recordar nuestra posición de liderazgo en temas como los trasplantes de órganos y en otros campos de la medicina, la presencia de españoles profesores en las mejores Universidades del mundo, de investigadores en los centros más avanzados, de directivos y responsables en los mejores Organismos Científicos Internacionales como el CERN, la ESO (Organización de Observatorios Astronómicos), u otras, la presencia de directivos en grandes empresas, y un larguísimo etcétera; o el tener la extensa red de trenes de alta velocidad , o ser un nodo clave en el mundo en las telecomunicaciones, o tener una lengua de las más extendidas en todo el mundo..
Podríamos seguir inventariando éxitos, pero no es necesario. Creo que cualquier lector estará de acuerdo, en mayor o menor medida, en que hay base suficiente para pensar que España es un pais muy serio, aunque tengamos muchas cosas que mejorar.
Esta afirmación nos lleva al punto de partida. ¿Cómo es posible que si tenemos todo esta base, estemos hartos de cómo es nuestro país, y hayamos perdido la confianza en las instituciones, e incluso la esperanza en que la situación cambie y mejore?. ¿Vale la pena un esfuerzo de Regeneración?. ¡Ojo¡ Esta simple pregunta no es la primera vez en nuestra historia que unos hombres o mujeres se la plantearon, y supieron influir para actuar.
La cuestión está en que para conseguir ese cambio o esa Regeneración, hay que partir , primero, del análisis objetivo de donde estamos, en que ámbitos queremos que España mejore, y cuales son los principales causantes de los principales problemas actuales, analizar las posibles propuestas de acción y, tras un consenso en los temas básicos, actuar.
En un artículo de lectura muy recomendable que está en esta Revista, “Sí, todos enfadados y ahora qué?” , la Doctora y profesora de Ciencia Política y Sociología Maria José Vicente, tras destacar que “el problema de fondo no es que los ciudadanos estén enfadados con los políticos -eso es casi una constante histórica en regímenes representativos- sino que han dejado de distinguir entre quienes ejercen el poder y quienes tienen autoridad”, defiende que la regeneración democrática “pasa por recuperar el debate sobre los fines y por dejar de justificar cualquier medio en nombre de la supervivencia. Pasa, en fin, por devolver a la política su dignidad. ….O se sigue enfadado, sin rumbo, o se empieza a construir.”
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Y en esa línea estamos todos los que pensamos que hay que tener pensamiento crítico, discrepar, y proponer salidas.
Hoy, podemos decir que tenemos claro cómo estamos. Lo que no tenemos claro es a donde queremos ir, qué país queremos tener. En definitiva nos falta un Proyecto pais que nuestros dirigentes y responsables políticos no nos definen ni transmiten, tan ocupados como están con la descalificación y el insulto al adversario. Tampoco en los medios de comunicación ,salvo contadas excepciones, vemos un interés prioritario por clarificar y debatir como superar los problemas más importantes para la vida de los ciudadanos. Y menos lo hacen aún, los parlamentarios a los que hemos dado el voto.
Dejemos ya de lamentarnos y quejarnos. Impulsemos pues un debate serio y riguroso sobre cómo resolver el problema de la vivienda, la precariedad laboral, las necesidades de formación en el mundo actual, la sanidad, la demografía y dentro de ello la gestión de la inmigración y la colaboración intergeneracional, la conservación del medio ambiente, la acción ante los crecientes desastres naturales que irán sucediéndose, la energía, la IA y otras innovaciones tecnológicas, el futuro de algunos sectores industriales, la transformación digital de la Administración y el acceso asequible para los ciudadanos, la agilización de la justicia, el papel de España en la UE y en el mundo, nuestro papel en materia de seguridad internacional y defensa, .. y varios temas más, que puestos uno junto a otro identifican que país queremos tener.
Aportar ideas para fomentar debates rigurosos y respetuosos en estos campos es el propósito de la Discrepancia, como venimos reiterando desde febrero, tras haber creado una sección específica abierta a aportaciones rigurosas.: “Ideas para un Proyecto llamado España”.
Se trata ya de contribuir, entre todos, para que deje de ser vigente y real aquella conocida afirmación, atribuida, aunque no haya constancia escrita, al Canciller alemán Otto Von Bismark, hombre clave en la unificación de su país, que dijo:
«Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido».
Muy interesante leer el artúclo de La Discrepancia de la Profesora María Jose Vicente.


