Debajo del melón que explota raro
Un alarde de intentar ponerle coherencia a la inverosimilitud atando cabos de hilos de diferentes texturas.
Espectáculo y canción(es) de un artista, autor, rapero, inventor de historias, embaucador, mago, cómico, intérprete versátil, comediante.
Pepino cercano y solo y acompañado, creador, tecnológico, músico, que inicia un camino sin saber a dónde lo conducirá, aunque tiene bien preparadas las escenas.
Se hace con el público, le dan morbo las miradas, les insta a hablar, a contarle, mientras el camino se va haciendo entre canciones improvisadas, unir situaciones, enlazar nombres, crear un argumento que, finalmente, no existe. O puede que sí, porque con su desparpajo locuaz nos hace visualizarlo en un alarde de intentar ponerle coherencia a la inverosimilitud atando cabos de hilos de diferentes texturas.
Ángel Cantizani, una especie de Jim Carrey español, pero sin sombras en la cintura y sin dislocar tanto el gesto. Pareciera que él se lo guisa y él se lo come. Pero le ayuda en el guiso Elena Lombao que, imagino, le pone ciertos límites, porque si no, da la impresión de que se subiría por las paredes (quizás algún día lo haga). Y después de guisarlo todo nos lo da a probar a los espectadores así, como quien no quiere la cosa, ‘Al Tran Tran’ e improvisa improvisando que no improvisa tanto monta como monta el espectáculo.
La cuestión es que el melón no está Pepino, que es como se dice a los melones sin madurar, y explota en cien mil direcciones, vaya usted a saber en qué dirección, poniendo el suelo sin perder, (es decir, no pone el suelo perdido), porque lo encontramos en un estado de gracia natural que abre camino a las luces del escenario, y nos preguntamos, sin que se nos oiga, ¿qué estará pensando?, ¿qué se le ocurrirá ahora?, ¿por dónde saldrá este ahora? o afirmaciones igual de silenciosas como: espero que no me pregunte a mí, si me dice algo no sabré qué decirle, yo me reiré pero sin armar demasiado escándalo, no vaya a ser que me localice este loco de la palabra, de la imaginación al poder, de la impulsividad creativa sin ego.
Ahora tengo que hacer un descanso.
Bien, continuamos.
Estábamos diciendo, escribiendo, meditando, musitando, recordando, en este buen actor que es Ángel Cantizani, no sé por qué me pega que debía llamarse Iván, que rezuma ritmo, pasión, comicidad, ingenio, y no es peloteo, que no lo conozco de nada. Bueno, ahora sí, que fui a verle su Pepino, con perdón, y salí con un rictus de sonrisa en la boca, risa sardónica, perdón, risa sarcástica que no es lo mismo ni lo mismo es.
Es el Autor, es el dios de sí mismo, es el parlanchín, el músico programador, el impro imprevisto, y viene a mostrarnos su ‘obra maestra’, la que él cree que lo será, la que él crea en el instante, la que explota raro cuando uno está debajo del melón, y a nosotros, nos hace gracia.

INFORMACIÓN
PEPINO. Debajo del melón que explota raro.
Dramaturgia: Ángel Cantizani y Elena Lombao
Dirección: Elena Lombao
Composición musical: Ignacio Villamor Tuli
Intérprete, Vestuario, Iluminación, Escenografía: Ángel Cantizani, Ángel Cantizani, Ángel Cantizani, Ángel Cantizani (¡Coño!, si es el mismo)
Espacio: Teatro del Barrio (¡Ojo!, Premio Nacional de Teatro 2024)
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