Cuando mis amigos reciban este escrito, Alemania estará en pleno proceso de votación y hay muchos indicios de que esos votos van a estar cargados con mucho material explosivo. La extrema derecha ya ha ido contando lo que piensa hacer en caso de victoria, de la misma manera que Donald Trump explicó, sin vergüenza, en qué consistía su programa de gobierno caso de ser elegido: estaba todo muy claro.
¿Qué pasa, entonces, con esos votantes sorprendidos cuando su elegido hace lo que ha prometido hacer? Que, en algunos casos, se dan cuenta de las consecuencias de su voto y de lo mal que han elegido. También hay casos en los que el votante se viene arriba y se siente reforzado porque el jefazo parece hacer seguimiento de lo que él piensa, si bien es al revés: el que dirige ha conseguido colonizar la neurona del votante y conseguir su voto. La dinámica es la misma para la derecha y para la izquierda, si bien en estos días, la moda viene dominada por los mensajes que llegan de la derecha más extrema.
Lo habitual es que los partidos y los candidatos cuenten lo que quieren hacer y cuando el ciudadano vota, valida y avala esas medidas con las que luego va a tener que vivir, de manera que conviene meditar un poco lo que se va a votar y sus consecuencias. Es habitual que se produzcan contradicciones importantes entre lo que se quiere como norma en nuestra vida y lo que se vota. Un ejemplo habitual se produce en torno a la gestión de lo público: muchos de lo que quieren una excelente sanidad pública, buenos colegios para sus hijos y unos servicios muy buenos, votan a la derecha sin tener en cuenta que la derecha, como norma, no quiere fortalecer el sector público y en su acción de gobierno no moverá un dedo por la sanidad o la educación pública. ¿Sorpresa? Sólo si eres, como dicen en Asturias, “faltu”, es decir: un poco tonto.
En el otro lado del espejo, los que votan a la izquierda en busca de un gran sector público, se sorprenden del monto de los impuestos. A ver, alma de cántaro: ¿Me quieres explicar cómo se pagan esos servicios si no hay impuestos altos?. Sumar dos más dos suele llevar a un resultado igual a cuatro, así que no te sorprendas. Hoy, los americanos están empezando a vivir con los resultados de votar a D. Trump; los ingleses ya padecen la mentira del Brexit; los argentinos viven el experimento Milei y Bukele, crecido por sus éxitos, amplía la lucha social a las borracheras: todo muy fácil de anticipar, de la misma manera que es fácil anticipar las consecuencias de votar a Maduro, Putin, Erdogan, Ortega o Víctor Orbán.
Los votos vienen cargados de consecuencias anunciadas y no querer darse cuenta es renunciar a la responsabilidad ciudadana y engrosar las filas de los “indignaditos” que se encuentran con que los dioses les han concedido aquello que pidieron.
Un poco más de atención, por favor


