En homenaje a Francisco Fernández Marugán, el valor de la palabra y el rigor del hombre dialogante.
Fernando Ballestero, Álvaro Frutos, y Miguel Ángel Herrera
El pasado 20 de marzo tuvo lugar un acto de homenaje en el Congreso de los Diputados, a Francisco Fernandez Marugán, Paco Marugán. Un hombre que a lo largo de toda su trayectoria profesional siempre defendió el diálogo, la búsqueda de puntos en común entre posiciones diferentes, y los acuerdos. Y lo hizo tanto en sus años como funcionario del Estado, como en sus siete legislaturas como diputado y miembro de la Comisión de Presupuestos, como en su función en el Defensor del Pueblo.
Él siempre trabajó esforzándose en identificar los problemas y conseguir consensos para encontrar una solución. Y con esa convicción, a lo largo de esos años hasta su reciente fallecimiento, su actividad y su actitud contribuyeron a muchos avances a favor de la democracia en nuestro país y a reducir las desigualdades.
Pero sucede que vivimos en un país en que muchas veces esa actitud de diálogo es más bien la excepción y no la norma. Vivimos como algo habitual que los dirigentes políticos y, por supuesto, los tertulianos, discutan con intensidad sobre problemas relevantes que afectan a la vida de los ciudadanos y a la economía, haciendo cada uno su propio diagnóstico y con afirmaciones generalistas sobre cómo se debe actuar. Y ello, en muchos casos, sin molestarse ni siquiera en leer Informes o trabajos disponibles, que elaborados con rigor por expertos podrían utilizarse como base de partida para sacar adelante propuestas de acción viables, y de consenso.
Como esa es la realidad que vemos todos los días, es lógico que al recordar a una persona que defendía y practicaba el diálogo en temas en los que hay discrepancia, nos planteemos una reflexión. ¿Por qué en lugar de discutir, y discutir tanto, sobre los temas relevantes, no se plantean más veces debates a partir de un Informe o análisis riguroso realizado por expertos.
Esta reflexión nos hace pensar en el entusiasmo de Paco Marugán, cuando desde el Defensor del Pueblo, informaba o comentaba los Informes o Resoluciones que elabora esa Institución. De ese período hay, entre otros, un análisis muy completo sobre el problema de la vivienda y la oferta de viviendas de protección oficial, o uno sobre demografía e inmigración y el papel de ésta en beneficio de la sociedad. Y son sólo algunos ejemplos.
Pero el hecho es que este tipo de Informes o análisis rigurosos con datos y argumentos, suelen ser muchas veces no considerados o tenidos en cuenta al discutir sobre un tema. Y nos estamos refiriendo a los Informes de una Institución independiente del Poder Ejecutivo y cuya misión es precisamente es escuchar las quejas de los ciudadanos y supervisar y llamar la atención ante fallos o irregularidades cometidas por las Administraciones Públicas y proponer soluciones de mejora.
Y lo mismo podríamos decir de algunos Informes o análisis de Organismos internacionales como la OCDE, algunas Agencias de Naciones Unidas, o algunas Fundaciones o Instituciones privadas sin fines de lucro. Mientras en ámbitos académicos estos documentos son claramente fuentes básicas para todo trabajo de análisis o investigación, en el debate público en España el rigor es más bien escaso, al no tenerse en consideración, salvo acaso para descalificar al contario, argumentos basados en datos reales y diagnósticos elaborados y argumentados basándose en esos datos..
Ahora que vivimos tiempos difíciles, con una crisis internacional abierta, tanto en el ámbito económico como en el del multilateralismo, y con problemas a los que hay que hacer frente como la vivienda, la educación, el empleo juvenil, el impacto de la IA sobre las desigualdades, y otros, sería el momento de reivindicar un mayor rigor en los debates de los problemas y sus posibles soluciones, apoyándose en los Informes y trabajos hechos por expertos de instituciones de prestigio.

Estudios serios hay de casi todo, y debemos esforzarnos en encontrar planes de acción de consenso, que aunque nos puedan parecer incompletos o no plenamente satisfactorios, al menos suponen un avance en lugar de quedarse en un punto muerto. Muchos son por desgracia los problemas que siguen en punto muerto desde hace meses o años, sin avance alguno, y muchas veces agravándose. A todos seguro que nos vienen a la cabeza ejemplos.
En definitiva, hagamos lo que hombres como Paco Marugán que defendía que hay que escuchar y dialogar si queremos vivir en una democracia, nos transmitió a los que tuvimos la gran suerte de trabajar con él en momentos también complicados. Trabajar siempre con rigor y con voluntad de diálogo y consenso, para resolver así los grandes problemas a los que nuestra sociedad tiene que hacer frente.
Fernando Ballestero, Álvaro Frutos y Miguel Ángel Herrera fueron integrantes del equipo de asesores del Gabinete de la Presidencia del Gobierno tras la victoria socialista de 1982.


