sábado 20 junio, 2026

La guerra que nunca debió ser: Irán, Israel y el naufragio moral de Occidente

La historia no avanza en línea recta, y lo que estamos viviendo desde el ataque conjunto de Israel y Estados Unidos a Irán es un salto atrás en los peores abismos del siglo XX, disfrazado de alta estrategia en un tablero desbordado de cinismo. A la tragedia interminable del conflicto israelí-palestino se suma ahora un frente mayor, alentado por sueños imperiales, errores estratégicos repetidos y una ausencia casi absoluta de responsabilidad política en las capitales de Occidente.
La operación militar que ha golpeado instalaciones estratégicas iraníes no puede entenderse al margen del contexto de Gaza, de la guerra en Ucrania, ni del pulso global entre Estados Unidos y China. Pero sobre todo, hay que leerla como la culminación de una deriva en la que Israel, bajo el gobierno de Benjamín Netanyahu, ha apostado por reconfigurar la región por la vía de los hechos consumados, eliminando físicamente a la mayor cantidad de palestinos posible —mediante el desplazamiento forzado, el castigo colectivo y la devastación— y aniquilando, de paso, cualquier horizonte de solución política.


El derecho a la represalia y la traición de Europa.

Europa ha vuelto a cometer el error más grave de su historia reciente: otorgar legitimidad a la venganza como política exterior. Lo hizo tras los ataques del 7 de octubre perpetrados por HAMAS, condenables sin paliativos como crímenes de guerra y actos terroristas, pero cuya respuesta no podía convertirse en una licencia para aniquilar ciudades enteras.
Cuando líderes como Ursula von der Leyen, Olaf Scholz o Emmanuel Macron declararon sin matices que “Israel tiene derecho a defenderse”, olvidaron —o prefirieron olvidar— que el derecho internacional no legitima la venganza indiscriminada, ni las represalias desproporcionadas. Como bien recordaba Kenneth Roth, exdirector ejecutivo de Human Rights Watch: “El derecho a la defensa no es un cheque en blanco. No se puede usar como pretexto para violar las leyes de la guerra.”
La autorización tácita a esa “defensa” ha desembocado en más de 35.000 muertos en Gaza, la mayoría mujeres y niños, y ahora en una extensión del conflicto hacia Irán, bajo el supuesto pretexto de seguridad regional. Lo que Europa ha hecho no es simplemente mirar hacia otro lado: ha bendecido una operación geoestratégica cuyas consecuencias la arrastrarán inevitablemente.


Estados Unidos y la ilusión del cambio de régimen. La participación de Estados Unidos en los ataques recientes contra Irán marca un nuevo fracaso moral y estratégico. Al alinearse con la lógica israelí de confrontación total, la Casa Blanca ha renunciado a cualquier papel de mediación en la región. Más aún, ha revivido el fantasma del cambio de régimen como doctrina exterior, un delirio que fracasó estrepitosamente en Irak, Libia o Afganistán, y que hoy sigue siendo imposible en Irán.
Como señala Trita Parsi, vicepresidente del Quincy Institute for Responsible Statecraft, “la obsesión de Washington con debilitar a Irán ha impedido ver que la vía militar no genera estabilidad, sino perpetúa el caos. No existe una coalición real para la guerra contra Irán, y no existe un final claro si se empieza.”
Además, el cálculo político interno ha contaminado la decisión: con elecciones en el horizonte, Joe Biden ha cedido ante los sectores más duros del lobby pro-israelí, esperando no perder votos clave. Pero esa estrategia es pan para hoy y caos para mañana. Las imágenes de Teherán en llamas no traerán seguridad ni disuasión, sino nuevos frentes, nuevos atentados, y un nuevo ciclo de destrucción sin victoria posible.
La pasividad árabe: entre la impotencia y la complicidadFrente a esta escalada, el mundo árabe se ha mostrado casi paralizado. Las protestas en las calles de Ammán, El Cairo o Casablanca contrastan con el silencio de sus gobiernos. Los Acuerdos de Abraham, promovidos por Estados Unidos, han consolidado una alianza tácita entre Israel y varias monarquías árabes del Golfo, que ahora prefieren priorizar su estabilidad interna a cualquier solidaridad efectiva con Palestina o Irán.
Arabia Saudí, que en otro tiempo habría reaccionado con dureza, mantiene una ambigüedad calculada. Egipto, en permanente dependencia financiera, teme cualquier ruptura con Washington. Y Jordania, colapsada por los refugiados, juega a contener sin mojarse. Es el resultado de décadas de fragmentación del mundo árabe, convertido en un conjunto de actores aislados, sin proyecto común ni capacidad para alterar el curso de los hechos.
La irrelevancia europea: entre la retórica y la sumisiónEuropa, por su parte, ha demostrado que su proclamada “autonomía estratégica” es un mito vacío. Ni París ni Berlín ni Bruselas han logrado proponer una hoja de ruta viable para la desescalada. Las declaraciones de Josep Borrell, pidiendo el respeto al derecho internacional, suenan impotentes frente a la realidad: Europa no tiene ni el peso militar ni la independencia política para frenar a Israel o influir en Washington.
Peor aún, ha contribuido a erosionar el orden internacional basado en normas, al tolerar selectivamente su violación. Como advertía Zygmunt Bauman, “la modernidad fracasó en hacer del poder una fuerza responsable.” Hoy, ese fracaso se multiplica. La Unión Europea aparece ante el mundo como una potencia moral derrotada, incapaz de ejercer liderazgo, prisionera de sus dependencias energéticas, diplomáticas y mediáticas.
Irán: entre el autoritarismo y la supervivenciaIrán no es un actor inocente ni democrático. Su régimen teocrático y autoritario ha perseguido disidentes, apoyado milicias en terceros países y violado sistemáticamente los derechos humanos. Pero no puede ser reducido a un eje del mal sin entender su lógica de supervivencia: rodeado por bases estadounidenses, acosado por sanciones, amenazado constantemente por Israel, Teherán actúa también desde una lógica de resistencia nacional.
Como recuerda el historiador Juan Cole, “Irán no busca la destrucción de Israel como proclama la propaganda, sino evitar su propio cerco estratégico. Su apoyo a actores como Hezbolá o las milicias chiíes es parte de una estrategia defensiva —aunque profundamente desestabilizadora— para proyectar poder y disuadir ataques.” Atacar a Irán no detiene esa lógica, la refuerza.
Netanyahu, el demiurgo del caosBenjamín Netanyahu ha convertido su supervivencia política en una cuestión existencial para Israel. Rodeado de escándalos de corrupción, enfrentado a la mitad de su sociedad por su reforma judicial autoritaria, ha encontrado en la guerra un modo de evitar su caída. Convertido en el estratega del miedo, ha logrado arrastrar a todo un país —y ahora a sus aliados— a una confrontación sin fin.
Su visión mesiánica del Estado de Israel como redentor de una historia trágica le ha llevado a despreciar cualquier límite ético o jurídico. Como señala el analista israelí Gideon Levy: “Netanyahu no busca paz, ni seguridad, busca la victoria total. Pero esa victoria es imposible sin genocidio.” Y lo más alarmante es que nadie, ni dentro ni fuera, parece dispuesto a detenerlo.
La mentira, la guerra y la impotencia ciudadanaTodo lo que el mundo intentó construir desde los Acuerdos de Oslo ha sido desmantelado. La solución de los dos Estados ha muerto. La ONU está reducida a un eco lejano. Y el derecho internacional, que debía servir para proteger a los débiles, ha sido convertido en un instrumento al servicio del más fuerte.
La mentira se ha convertido en fundamento de la política exterior. Ya lo escribió Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso: “La guerra es una maestra violenta, y en la guerra, la verdad es la primera víctima.” Esa es hoy la verdadera tragedia: la demolición sistemática del lenguaje, de los valores compartidos, del derecho como límite.
Mientras los ciudadanos europeos contemplan con horror lo que ocurre en Gaza, Teherán o Rafah, desde sus cancillerías se producen valoraciones trufadas de tecnocracia diplomática y cálculo electoral. La brecha entre la opinión pública y la acción política es ya abismal. Y no hay mecanismo eficaz para revertir esa deriva.
Lo peor de este momento histórico no es solo lo que está ocurriendo, sino la conciencia de que podría haberse evitado. Y sin embargo, se permitió. Como si no hubiéramos aprendido nada. Como si estuviéramos condenados a repetir —con mejores cámaras y peores principios— los errores que creíamos ya superados.

Kenneth Roth – Human Rights Watch
👉 https://www.hrw.org/about/people/kenneth-roth

Trita Parsi – Quincy Institute for Responsible Statecraft
👉 https://quincyinst.org/author/trita-parsi/

Josep Borrell – Declaraciones sobre Gaza
👉 https://www.eeas.europa.eu/eeas/remarks-hrvp-josep-borrell-press-conference-gaza-and-middle-east-situation_en

Zygmunt Bauman – Modernidad líquida
👉 https://www.versobooks.com/products/253-liquid-modernity

Juan Cole – Análisis sobre Irán e Israel
👉 https://www.juancole.com/2024/04/americans-israels-problem.html

Gideon Levy – Artículo en Haaretz
👉 https://www.haaretz.com/opinion/2024-05-01/ty-article-opinion/.premium/netanyahus-path-to-the-destruction-of-israel/0000018f-df10-d3e2-a7ff-ff90e6ee0000

¿Tienes una opinión que compartir sobre este artículo?

En La Discrepancia valoramos tu perspectiva. Cuéntanos qué piensas de este artículo. ¡Te leemos directamente por WhatsApp!

No te pierdas ningún artículo. Únete a nuestro canal de WhatsApp para las últimas opiniones.

¿Te ha gustado? Compártelo:

Artículos relacionados...

Tu colaboración mantiene la información libre

💖 Colaboración Bizum: Sigue estos 3 pasos

A continuación, se muestra el número telefónico al que puedes enviar tu Bizum.

626 72 02 08

Por favor, CÓPIALO manualmente, ve a tu aplicación bancaria (o la App de Bizum) y PEGA este número para realizar tu donación.