domingo 14 junio, 2026

De Extremadura a Ohio

No hace mucho la demoscopia progresista nos presentaba Aragón como el Ohio español, dada “la fascinante idiosincrasia de Aragón” que la convierte en el mejor predictor del panorama nacional, pues “en todas las elecciones hasta la fecha, quien gana Aragón, gana España (igual que ocurre en los Estados Unidos con Ohio)” (“Aragón es nuestro Ohio“, Piedras de Papel, 2015). Ahora, el pronóstico sobre el ganador ya es lo de menos, si tenemos en cuenta que en 2023 tanto en Aragón como en España ganó el PP, con la diferencia de que lo que sirvió a Azcón para gobernar fue insuficiente para Núñez Feijóo. La cuestión, por tanto, no es quién va a ganar, sino qué destino le espera al PSOE y si lo que le pase a Pilar Alegría va a ser un buen predictor de lo que vaya a ocurrir, primero, a la vicepresidenta Montero en Andalucía, y, más tarde, a Pedro Sánchez en el caso de que repita candidatura. 

De momento, la campaña de la exministra portavoz lleva la marca de la fábrica Sánchez, de tal suerte que el síndrome Gallardo pesa sobre la candidata socialista como espada de Damocles, sin que ella haga tampoco mucho esfuerzo por quitársela de encima. Que la exministra que se jactaba de que gobernar sin presupuestos era una manera de ahorrar trabajo al Parlamento acepte ahora que la mejor solución para la financiación autonómica es negociarla con Oriol Junqueras es para hacérselo mirar. Si además resulta que las CCAA más perjudicadas por la negociación son precisamente Galicia, Asturias y Aragón entramos ya en el terreno de la psicopolítica. Se comprende lo de Galicia, después de que el PP consiguiese su quinta mayoría absoluta consecutiva, pero someter a Asturias y Aragón a este trato vejatorio expresa un nivel de desconexión de la realidad que no veíamos desde que la UCD convocase un referéndum autonómico en Andalucía al mismo tiempo que pedía la abstención. Por si alguien no se acuerda de cómo se produjo el desplome de la UCD, es el momento de recordar que aquella extravagancia dio paso a una serie de derrotas autonómicas que se convirtieron en auténtico descalabro en las elecciones andaluzas de la primavera de 1982, preludio de la primera mayoría absoluta conseguida por Felipe González unos meses más tarde. 

Cabría pensar que la situación del PSOE no es comparable con la de UCD, dada la diferente longevidad de ambos partidos, pero hay que tener en cuenta que, dejando aparte el embrollo programático y la confusión ideológica en la que se vio envuelta la UCD a partir de 1979 (algo que Sánchez ha llevado al paroxismo, tal como refleja el reciente manifiesto encabezado por Jordi Sevilla), uno de los problemas de la UCD fue precisamente el carácter presidencialista que adquirió tras el desplazamiento de los barones regionales en beneficio del entorno monclovita. Curiosamente, asistimos ahora a una reedición corregida y aumentada de esta operación, tras la liquidación de los barones socialistas, perfectamente ejemplificada por la remoción del histórico Javier Lambán a favor de la insustancial exministra portavoz. Nos encontramos, por tanto, con un liderazgo personalista parecido al que describió Leopoldo Calvo Sotelo en referencia a la UCD: «Suárez confiaba más en sí mismo, en su carisma, en su dominio de la televisión, que en la base sustentadora de una organización política». Todo lo cual nos lleva a la misma conclusión a la que llegó un analista político de la época: “si la reivindicación del liderazgo por su principal figura se basa solamente en su atractivo electoral, el apoyo al líder partidista depende entonces de un éxito electoral continuado. Y si se pierden una o dos elecciones, la autoridad del líder puede ser cuestionada» (R. Gunther 1986: “El hundimiento de la UCD”).

Pero antes de adentrarnos en territorios de Aragón/Ohio, conviene volver la vista sobre lo que pasó en Extremadura para aclarar algunos malentendidos que circulan sobre el 21-D. Para entender los resultados de aquellas elecciones extremeñas hay que tener en cuenta, en primer lugar, la caída de siete puntos de participación respecto a las anteriores autonómicas de 2023. Esto es habitual cuando se convocan elecciones anticipadas, dada la inevitable frustración de los votantes de los partidos de gobierno, que ven que las cosas no han funcionado como esperaban. En consecuencia, los votantes de estos partidos (más moderados, en general) se desaniman de seguir votando, lo que facilita que los partidos más radicales, cuyo nivel de movilización es más estable, consigan una mayor representación, aumentando así la polarización. 

Es verdad, por tanto, que, a primera vista, los ganadores de estas elecciones son los partidos más extremos (Vox y Podemos), que han ganado representación a costa de los tradicionales partidos de gobierno. Esto es claro en el caso del PSOE, que ha sufrido un descalabro sin paliativos, pero es más discutible en el caso del PP, pues la idea de que María Guardiola ha perdido la oportunidad de conseguir mayoría absoluta se deduce de la comparación con los resultados de 2023 (respecto de los cuales solo ha ganado un escaño), pero la conclusión es distinta si tomamos como referencia la situación previa a la campaña. Tomando como referencia el estudio preelectoral del CIS, un mes antes de las elecciones había un 73% de votantes que mostraban intención de votar con toda seguridad, porcentaje que se redujo el día de las elecciones en diez puntos. La pregunta, por tanto, es: ¿cómo afectó la decisión de quedarse en casa de esos extremeños a los diferentes partidos? 

Para responder esta pregunta, voy a comparar la intención de voto de quienes mostraban intención de votar con toda seguridad (73%) con los resultados del 21-D, a fin de observar qué partidos ganaron y qué partidos perdieron entre ambos momentos. Tal como adelantamos, la comparación indica que la caída de la participación apenas afectó a los partidos más radicales, pero sí a los partidos más centrados, si bien en este caso lo hizo de manera muy distinta, pues, así como la caída de participación restó más de cuatro puntos de voto al PSOE, reportó, por el contrario, casi otros tantos al PP, que fue el partido que más rédito obtuvo de la campaña. 

Intención de voto CIS para un 73% de participación y 

resultados electorales 21-D (63% de participación) * 

Extremadura
CIS (73%)21-D (63%)Estimación CIS
Vox17,5%17,0%17,3%
PP39,2%43,0%38,5%
PSOE30,1%25,7%31,6%
Podemos10,7%10,3%9,6%

* En la columna derecha de la tabla aparece la estimación del CIS. 

Esta situación asimétrica de los principales partidos se entiende mejor si tenemos en cuenta la escena relatada por un apoderado que fue testigo de la jornada electoral en un pueblo de Cáceres, tradicional bastión del socialismo. Ante la caída de participación, los apoderados del PSOE se lamentaban a media tarde de la ausencia de sus votantes habituales, a los que llamaban por teléfono para recriminarles su incomparecencia. Al mismo tiempo, algunos vecinos llegaban con el voto “ensobrado” de casa. Síntomas inequívocos de la dilución de las redes clientelares rurales, tal como vimos no hace mucho en Andalucía, que nos dan una pista del declive socialista en la región.

 Una vez analizado el caso de Extremadura, pasamos a presentar los datos relativos a Aragón, elaborados a partir del estudio preelectoral del CIS. A diferencia de los datos que aparecen en la tabla de Extremadura (donde la intención de voto estaba calculada a partir del fichero de datos), la intención de voto de Aragón está tomada directamente del CIS y ha sido ponderada por recuerdo de voto en las anteriores elecciones de 2023. Tal como se puede observar en la tabla, la situación de partida del PSOE es peor que la que tenía en Extremadura, donde la distancia del PP era de 9 puntos que casi se duplicaron el día de las elecciones, en tanto que en Aragón ya es de 12. Por otro lado, la situación de Vox es parecida en ambas comunidades (apenas un punto de diferencia). Así las cosas, la principal diferencia entre Extremadura y Aragón es la fragmentación del voto que presenta esta última, donde el resto del voto se lo reparten cinco candidaturas (más SALF, que no aparece en la tabla, pero que conseguiría el 2%), de las cuales solo la Chunta supera el umbral del 5%.    

Intención de voto ponderada por recuerdo y estimación CIS  

Aragón
Preelectoral8-F (¿?)Estimación CIS
Vox16,4%15,1%
PP37,3%35,3%
PSOE24,9%26,7%
Chunta8,4%6,9%
Existe3,8%2,2%
IU3,6%5,0%
Podemos2,1%2,5%
PAR1,5%1,5%

Hay que tener en cuenta por otra parte que en el CIS hay un 74% de votantes que manifiestan intención de ir a votar con toda seguridad, pero este dato es poco fiable, pues, como vimos en Extremadura, el 73% de los que decían ir a votar “con toda seguridad” se quedó en un 63% el día de las elecciones. 

Dejo las conclusiones en manos del lector, así como la tarea de rellenar la columna central de esta última tabla. En principio, hay una manera relativamente sencilla de hacerlo, que consiste en extrapolar los datos de Extremadura, pero eso sería más propio de una porra que del análisis que aquí solemos hacer. ¡Que los dioses repartan suerte!

Juan Jesús González 

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