Cada vez es más frecuente encontrar opiniones y escritos que se reclaman de izquierdas y que son tremendamente críticos con Pedro Sánchez y su gobierno. Son los antisanchistas de izquierdas. Unos están dentro del PSOE y reclaman un partido con más democracia interna y otros están directamente fuera, a veces en partidos situados —según un criterio mediático discutible— a la izquierda del PSOE. La páginas de esta revista podrían ser un buen exponente de este tipo de discursos. Me pregunto cuál debería ser la diferencia entre una crítica de izquierdas a Pedro Sánchez y al actual PSOE y otra de derechas.
Para mi, que no me reclamo sanchista ni antisanchista, pero sí de izquierdas, los valores que caracterizan a la izquierda son la lucha por la justicia social y la igualdad, entendida esta como igualdad de derechos y de oportunidades. Esto conduce a reclamar que contribuyan más a la sociedad los que más poseen para que el Estado pueda proporcionar una educación y una sanidad públicas de calidad a toda la población, independientemente de su nivel de ingresos. También, a combatir el racismo, la misoginia y la LGTBI-fobia porque la izquierda entiende que todas las personas son igualmente merecedoras de un trato respetuoso con la dignidad humana.
Una consecuencia de ser de izquierdas es procurar que nunca tengan poder de gobierno las ultraderechas, porque precisamente ellas niegan todos esos valores: son racistas, misóginas, cercenan los derechos LGTBI y se resisten a que los ricos paguen impuestos. Una parte sustancial de la actividad de la izquierda en los tiempos que corren debería ser, pues, combatir este tipo de discursos reaccionarios y antidemocráticos.
Se puede ser crítico con Pedro Sánchez desde los valores de la izquierda. Yo mismo he reclamado su dimisión desde estas páginas (ver aquí y aquí). Pero, si no se tiene cierto cuidado, resulta fácil traspasar la línea que separa una crítica de izquierdas de otra de derechas. Para la derecha y la ultraderecha, Sánchez es el enemigo a batir haga lo que haga, es el mal sin paliativos, porque sus políticas perjudican sus intereses de clase. Que suba el salario mínimo repetidas veces, haga pagar impuestos adicionales a las energéticas y proponga congelaciones de los alquileres en ciertas condiciones va contra su concepto de libertad, según el cual no debe haber límites al enriquecimiento, aunque eso pueda suponer el empobrecimiento de grandes capas de la población.
Para muchos antisanchistas pretendidamente de izquierdas, esta línea se ha traspasado con creces: dedican toda su energía a combatir a Sánchez y prácticamente ninguna a combatir a las derechas, le tildan de poco honesto, de comportamientos cercanos al fascismo, de aferrarse a la poltrona y, con frecuencia, expresan sus críticas en los medios de la ultraderecha que —como es lógico—están encantados de publicarlas.
En mi opinión, desconocen una de las máximas de la izquierda que consiste en distinguir siempre entre la contradicción principal y las contradicciones secundarias de una sociedad. Un buen ejemplo de ello nos lo da la historia con la alianza de Mao Zedong con la burguesía china —representada por el Kuomintang de Chiang Kai-shek— en 1937, cuando China fue invadida por Japón. En ese momento, la contradicción principal pasó a ser combatir a Japón. Cuando desapareció el peligro, Mao prosiguió su revolución contra el capitalismo chino, revolución en la que, por cierto, triunfó.
En este momento —sobre todo después del aplastante triunfo de la AfD en la Alta Sajonia alemana— la contradicción principal consiste en combatir el ascenso de las ultraderechas en Europa y en criticar la normalización de sus discursos por parte de las derechas tradicionales. El PP es responsable de haber normalizado, cuando no replicado, esos discursos y de haber abierto la puerta a Vox en hasta cinco gobiernos autonómicos. La izquierda debería emplear todas sus energías en pararle los pies a un posible gobierno PP-Vox en las próximas elecciones generales. Atacar a Sánchez en estos momentos va contra ese objetivo.
Ya sabemos que Sánchez no es óptimo como gobernante y que ha desmantelado todo espíritu crítico dentro del PSOE. Pero, ¿tienen esos antisanchistas una alternativa mejor?¿acaso prefieren favorecer que gobiernen PP y Vox a fin de librarse de Sánchez? Si fuera así, no deberían reclamarse de izquierdas.
Las contradicciones con Sánchez deberían ser secundarias en estos momentos en que nos jugamos una involución de años en España y en Europa. Si la izquierda consigue frenar esa involución, ya habrá tiempo de ajustarle las cuentas a Sánchez.


