miércoles 10 junio, 2026

Situación de la operación militar de Estados Unidos en Venezuela

Situación política y militar

En las primeras horas del sábado 3 de enero se registraron explosiones en Caracas y en otras regiones del país, como consecuencia de ataques aéreos estadounidenses contra instalaciones militares y nodos estratégicos, especialmente en áreas próximas a aeropuertos, bases aéreas y centros de mando. Las informaciones disponibles apuntan a una operación nocturna de gran envergadura, concentrada principalmente en Caracas, caracterizada por una alta intensidad y un elevado grado de precisión. Por el momento se desconoce el numero de fallecidos, aunque segun las autoridades bolivarianas podria ser alto.

En la operación habrían participado unidades de élite, incluyendo elementos de la Fuerza Delta del Ejército estadounidense, con apoyo del Equipo de Rescate de Rehenes del FBI y capacidades de inteligencia de la CIA.

Desde Washington, la Administración de Donald Trump sostiene que la operación responde a “objetivos de seguridad nacional”, evitando detallar públicamente los blancos, la duración de la ofensiva o los criterios de finalización. Por ahora, no se ha confirmado un despliegue terrestre masivo, aunque la superioridad aérea y electrónica estadounidense es total.

Detalles de la Captura de Nicolás Maduro y su Esposa

El presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, han sido detenidos durante una operación, presuntamente en su residencia o en una instalación de seguridad reforzada. La acción habría superado a los dispositivos de protección venezolanos, apoyándose, en inteligencia previa suministrada por una fuente humana vinculada al entorno presidencial y, posiblemente, en colaboración con elementos de las fuerzas armadas venezolanas.

Las autoridades estadounidenses sostienen que no se produjeron bajas mortales entre sus fuerzas, aunque reconocen la existencia de algunos heridos. La incursión neutralizó capacidades defensivas venezolanas, incluyendo interrupciones del suministro eléctrico en zonas de Caracas, lo que sugiere una operación combinada con componentes cinéticos y electrónicos.

El matrimonio ha sido evacuado fuera del territorio venezolano, siendo retenido a bordo del buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, antes de su posterior traslado a Nueva York, donde llegó anoche para afrontar cargos federales ante el Tribunal del Distrito Sur, relacionados con el narcotráfico, importación de cocaína y delitos vinculados a armas.

La fiscal general estadounidense, Pam Bondi, indicó que el matrimonio “deberá responder ante la justicia estadounidense conforme al marco legal vigente”, subrayando la voluntad de Washington de judicializar el desenlace de la operación.

Resumen del Discurso del Presidente Trump

El presidente Donald Trump se dirigió al país el 3 de enero de 2026 desde Mar-a-Lago, tras un anuncio inicial difundido en su red social, Truth Social. En su intervención calificó la operación militar en Venezuela como un “éxito histórico”, elogiando de forma reiterada el desempeño de las Fuerzas Armadas estadounidenses.

Trump describió la operación como “extraordinaria” y “espectacular”, llegando a comparar su magnitud con operaciones de la Segunda Guerra Mundial, aunque subrayando que se trató de una acción “precisa” y “abrumadora” en términos militares. Indicó que la ejecución se retrasó brevemente por la meteorología adversa y confirmó que no se registraron bajas mortales entre las fuerzas estadounidenses, un hecho que calificó de “asombroso” dada la complejidad y el riesgo de la misión.

Trump, afirmó que EE.UU. “gestionará el país” de forma temporal, hasta garantizar una “transición segura, adecuada y juiciosa”, insistiendo en que el objetivo declarado es restaurar la paz y la libertad. Trump descartó explícitamente transferir la gestión política del proceso a la oposición venezolana, y en particular negó que María Corina Machado vaya a asumir de inmediato responsabilidades de gobierno, subrayando que la fase actual estaría bajo supervisión directa estadounidense.

En el plano económico, anunció su intención de autorizar a grandes compañías petroleras estadounidenses a invertir miles de millones de dólares para reparar, modernizar y operar la infraestructura energética venezolana.

Advirtió, además, que Washington está preparado para lanzar un “segundo ataque, mucho mayor” si fuese necesario. Enmarcó el traslado de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, a Estados Unidos como un acto de rendición de cuentas judicial, describiendo al mandatario venezolano como un “narcodictador” que deberá responder ante los tribunales.

Trump defendió abiertamente la implicación estadounidense en los recursos estratégicos de Venezuela, argumentando que su control por parte de Washington impediría que otras potencias, como China, amplíen su influencia en el país.

Reacción de Venezuela

El Ejecutivo venezolano activó el Estado de Emergencia, reforzando la seguridad de infraestructuras críticas (militares, energéticas y de comunicaciones) y aplicando restricciones parciales a la movilidad en zonas consideradas sensibles, especialmente en la capital y su entorno. Desde Caracas se denuncia una “agresión militar gravísima” y se hace un llamamiento público a la calma, la cohesión nacional y la disciplina institucional.

Hasta el momentono existe un balance oficial de víctimas ni de daños materiales, lo que incrementa la incertidumbre y dificulta para una evaluación objetiva de la situación sobre el terreno. Asimismo, las comunicaciones oficiales han sido intermitentes, lo que alimenta la confusión informativa y la circulación de versiones contradictorias.

Vacío de poder y fractura institucional

La situación en Venezuela se caracteriza por un vacío significativo de autoridad institucional efectiva, tanto en el ámbito civil como en el militar, que limita la capacidad del Estado para garantizar continuidad y previsibilidad en la toma de decisiones. Aunque no se ha producido una ruptura formal del orden constitucional, la ausencia de un ejercicio claro y operativo del poder ejecutivo ha generado una situación de ambigüedad funcional.

En este contexto, la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez (siguiente en la línea de sucesión según los artículos 233 y 234 de la Constitución) ha comparecido públicamente, afirmando que Nicolás Maduro sigue siendo el único presidente legítimo del país, pese a haber sido capturado por fuerzas estadounidenses. En una alocución transmitida por radio y televisión, Rodríguez exigió la liberación inmediata de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, calificando la operación de Estados Unidos como una violación flagrante de la Carta de Naciones Unidas.

Rodríguez encabezó asimismo un Consejo de Defensa, en el que participaron altas autoridades del Estado, incluyendo al presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez; el fiscal general, Tarek William Saab; la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Caryslia Rodríguez; el ministro del Interior, Diosdado Cabello; la ministra de Ciencia, Gabriela Jiménez; y el comandante estratégico operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Domingo Hernández Lárez. Esta puesta en escena institucional busca proyectar continuidad del Estado y cohesión del poder, en un momento de extrema presión externa.

En su discurso, Delcy Rodríguez llamó a la calma y a la “unión nacional”, apelando a una fusión policial, militar y popular para la defensa de la soberanía y de los recursos naturales del país, subrayando que estos deben destinarse al desarrollo nacional. Antes de su comparecencia, el canal multiestatal Telesur confirmó que la vicepresidenta se encontraba en territorio venezolano, desmintiendo versiones previas sobre una eventual salida al exterior, lo que refuerza su centralidad política en esta fase de la crisis.

No obstante, la activación del mecanismo constitucional de sucesión sigue siendo ambigua. La Constitución venezolana establece que la declaratoria de “falta absoluta” o “ausencia temporal” del presidente debe ser realizada por la Asamblea Nacional, lo que introduce un componente parlamentario clave aún no activado formalmente. Esta indefinición mantiene el vacío de autoridad funcional, pese a los esfuerzos del Ejecutivo por mostrar normalidad institucional.

De forma paralela, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su Administración “va a gobernar” Venezuela durante una fase de transición, señalando que el proceso político estaría liderado por su equipo de seguridad, incluido el secretario de Estado, Marco Rubio, quien, según Trump, ya habría mantenido contactos con Delcy Rodríguez. Este elemento introduce una dimensión externa directa en la gestión de la crisis, reforzando la percepción de disputa de legitimidades y de soberanía.

En el plano militar, la ausencia de pronunciamientos públicos concluyentes por parte del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, introduce un elevado grado de incertidumbre respecto al nivel de cohesión, disciplina y control efectivo dentro de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. La falta de señales claras desde la cúpula militar incrementa el riesgo de fragmentación de la cadena de mando, adopción de decisiones no coordinadas por mandos intermedios y debilitamiento del control territorial en determinadas áreas.

En esta situación, persiste la posibilidad de dinámicas de deserción selectiva, lealtades locales o interferencias externas, que podrían profundizar la erosión institucional y complicar los esfuerzos de estabilización interna. La evolución inmediata de la crisis dependerá en gran medida de la capacidad de los actores nacionales para restablecer mecanismos mínimos de gobernanza y de contención institucional, así como de la respuesta coordinada de la comunidad internacional para evitar una escalada con repercusiones regionales más amplias.

La cadena de mando civil y militar aparece seriamente erosionada, aumentando el riesgo de decisiones descoordinadas, disputas internas o iniciativas unilaterales por parte de actores armados.

Clima social

La información procedente del interior de Venezuelaapunta a un clima generalizado de incertidumbre y temor, con movimientos puntuales y minoritarios chavistas. La población ha adoptado una actitud de espera cautelosa, a la espera de señales claras sobre la evolución del poder político y militar.

El vacío de poder institucional actúa como un factor multiplicador de la vulnerabilidad social, al generar confusión sobre quién ejerce la autoridad efectiva. Las interrupciones parciales del suministro eléctrico, telecomunicaciones, transporte y abastecimiento básico, aumentan la ansiedad colectiva y el riesgo de comportamientos defensivos, como el acopio preventivo o la reducción drástica de la movilidad.

En este contexto, existe el riesgo de que el deterioro de la autoridad estatal derive en episodios localizados de inseguridad, especialmente si fuerzas de seguridad o actores armados actúan de forma descoordinada o autónoma. Aunque no se observa una ruptura del orden público, la prolongación del vacío de poder podría traducirse en saqueos puntuales, protestas espontáneas o conflictos locales, particularmente en áreas urbanas densamente pobladas, situando a la población en una posición de alta exposición, principalmente a los opositores, donde la estabilidad cotidiana depende menos de decisiones políticas visibles que de la capacidad, todavía incierta,  del Estado para mantener funciones básicas y evitar una degradación progresiva del orden social.

Dimensión estratégica y económica

La operación militar posee una dimensión energética central, dada la importancia del petróleo venezolano en los cálculos estratégicos de EE.UU. Cualquier interrupción prolongada de la producción, refinado o exportación de crudo venezolano podría generar efectos inmediatos en los mercados energéticos regionales, así como impactos indirectos sobre actores con intereses económicos significativos en el país, entre ellos China, Rusia y socios energéticos del Caribe.

Este enfoque refuerza la percepción de que la intervención no responde únicamente a consideraciones de seguridad, sino también a objetivos económicos y geoestratégicos de medio y largo plazo, orientados a reducir la influencia de potencias extra hemisféricas en un país clave del Caribe.

Desde el punto de vista jurídico-internacional, la acción plantea interrogantes de primer orden, al no contar con un mandato explícito del Consejo de Seguridad de la ONU. Esto abre un debate profundo sobre la legalidad de la intervención, la soberanía estatal y el uso de la fuerza, así como sobre los precedentes que podría sentar en un sistema internacional cada vez más fragmentado, donde otras potencias podrían invocar lógicas similares para justificar acciones unilaterales en conflictos futuros.

Reacciones internacionales

En el plano regional e internacional se han multiplicado las reacciones, con llamamientos urgentes a la contención, consultas diplomáticas de emergencia y creciente preocupación por una posible escalada en el Caribe. Países vecinos evalúan el impacto humanitario inmediato y el riesgo de flujos migratorios desordenados, mientras actores extra hemisféricos reclaman explicaciones formales sobre el alcance y los objetivos de la operación.

Algunos gobiernos y sectores políticos opositores al chavismo han expresado su respaldo al fin del régimen de Nicolás Maduro, interpretándolo como una oportunidad para iniciar un proceso de recuperación democrática. En contraste, México, Uruguay y otros Estados de la región han condenado la intervención, calificándola de violación del derecho internacional y del principio de no injerencia.

Por su parte, Rusia y Cuba han denunciado la operación como un precedente peligroso y advirtiendo sobre las consecuencias para la estabilidad regional. Colombia, en tanto, ha comenzado a preparar planes de contingencia ante una eventual crisis de refugiados y ha solicitado que la situación sea examinada en el marco de las Naciones Unidas, reflejando la creciente internacionalización de la crisis.

La crisis en España y la Unión Europea tiene implicaciones directas en los ámbitos energético, diplomático y de seguridad. España mantiene intereses económicos y humanos relevantes en Venezuela, lo que obliga a priorizar la protección consular y la estabilidad del país. Desde el punto de vista energético, una reconfiguración del sector petrolero venezolano (especialmente si queda dominada por empresas estadounidenses) podría alterar equilibrios de suministro y reducir el margen de maniobra europeo, en un contexto de volatilidad energética y búsqueda de diversificación tras la guerra de Ucrania. En el plano político, la UE afronta el dilema entre respaldar una eventual transición democrática o distanciarse de una intervención militar sin mandato de la ONU, coherente con su defensa del multilateralismo.

A escala global, la intervención de Estados Unidos en Venezuela marca un punto de inflexión al normalizar acciones militares unilaterales con fines políticos, judiciales y económicos, reforzando una lógica de poder duro en detrimento de los mecanismos multilaterales. La reactivación de una interpretación expansiva del liderazgo hemisférico estadounidense incrementa el riesgo de respuestas indirectas por parte de potencias rivales como Rusia y China, y sienta un precedente delicado mediante la judicialización extraterritorial de dirigentes extranjeros. El resultado es un entorno internacional más fragmentado, imprevisible y con menor capacidad de contención diplomática.

Nota al lector:
La información disponible sobre este conflicto está sujeta a un alto grado de manipulación informativa, filtraciones interesadas y operaciones de desinformación deliberada. En un contexto de política del caos, los relatos se utilizan como instrumentos de presión política, psicológica y estratégica.

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