domingo 19 julio, 2026

Pecholatas

El director Tamayo, allá por la década de los años 60 del siglo pasado, acudía anualmente al Teatro Romano de Mérida para dirigir y realizar lo que entonces se llamaba la “Representación” y que se ubicaba dentro de la programación de los Festivales de España. Durante dos semanas actores y actrices de la categoría de Francisco Rabal,  José María Rodero, Concha Velasco, José Luis López Vázquez, Julia Gutiérrez Caba, Florina Chico, etc., ocupaban el “incomparable” escenario de ese inmenso teatro emeritense representando obras de la importancia de La Orestiada, Edipo, Otelo, Medea, Calígula, Julio Cesar, Cleopatra, etc.

Tamayo acompañaba a ese elenco con extras que contrataba entre la chiquillería y juventud emeritense. Tenía obsesión por los ejércitos romanos o griegos y por los caballos. A los extras los dedicaba a guerrear entre ellos o como sostenedores de antorchas que iluminaban parte del escenario.  A esos extras se les dotaba de casco, peto y capa roja o azul. Un par de horas antes de que empezara la representación, esos romanos o griegos circulaban por las calles de Mérida con el casco colgado de sus brazos; dentro se escondía el bocadillo que las madres preparaban para que sus hijos se lo tomaran antes del inicio de la representación nocturna de la obra de teatro correspondiente a esa quincena.

A los portadores de semejante indumentaria se les denominaban los “pecholatas”. El peto que lucían no era de plástico, ni de polietileno, ni de polivinilo, ni de bambú o metacrilato. Era pura lata y, de ahí, el apelativo de “pecholatas”.

No pude evitar acordarme de don José Tamayo cuando vi al jefe de los ejércitos de la República Bolivariana de Venezuela ataviado con casco, peto, uniforme y cartucheras y rodeado de oficiales y jefes militares con los mismos disfraces. Parecían los protagonistas de la Guerra de las Galaxias. En realidad no eran más que puros “pecholatas”. Extras de una película que había escrito Donald Trump. Parecía que se iban a comer el mundo y no se comen más que a sus conciudadanos venezolanos. Les robaron delante de sus narices a su comandante en jefe y jefe del Estado y no hicieron nada por evitarlo y mucho menos presentar su dimisión por su inutilidad. El tal Diosdado Cabello, el tal Vladimir Padrino, el tal Alexis Rodríguez y la tal Delcy Rodríguez siguen en sus puestos, como si en Venezuela no hubiera pasado nada.

“Quien fue a Sevilla, perdió su silla”, debió pensar la vicepresidenta de su amada República bolivariana. Como si ella no tuviera nada que ver con lo ocurrido, ahora ocupa la silla de Maduro. El jefe del Ejército ni se ha inmutado. Le robaron  a su comandante en jefe y sigue de “pecholata” exhibiendo soles y cartucheras. No se ha atrevido ni a pelear por la independencia de su país, ni a asumir alguna responsabilidad por su cobardía. El ministro del Interior habla a voces sin decir nada. Muestra a un grupo de “pecholatas” como él diciendo que están prestos para cualquier situación. Debe ser que mientras se llevaban a Maduro no estuvieron prestos para la peor situación a la que se puede enfrentar un ministro encargado de la seguridad de sus ciudadanos, incluido la del presidente de la Republica. Parece que, en las dictaduras, los responsables de la seguridad no pagan por verla vulnerada, sino que ascienden o se mantienen en sus cargos como si lo que ocurre en sus países fuera la consecuencia del destino. Ya lo vimos en España cuando Arias Navarro, ministro del Interior, ascendió a presidente del gobierno tras el atentado que le costó la vida a Carrero Blanco, a la sazón, presidente de ese gobierno.

Ver y oír a esos revolucionarios venezolanos causa risa si no fuera porque con los únicos que se atreven esos “pecholatas” es con sus paisanos a los que encarcelan por utilizar solo la palabra para reclamar libertad. Con ellos si son valientes fantoches. Contra los norteamericanos, solo son “pecholatas”. Pura fanfarria y farfolla. Si hoy Tamayo tuviera que dirigir una representación en el Teatro Romano de Mérida los hubiera contratado como extras. 

  • Ucrania, otra vez
    El mundo no está bien, pero ¿cuándo lo ha estado? Mejor, quizás en algunos momentos, pero mucho peor muchas veces más. Las guerras le asolan frecuentemente y si no son mundiales, son regionales, locales o civiles,
  • La Guardia Civil, arrastrada a las trincheras políticas
    Nunca imaginé que, en medio de este tumulto político —que crecerá conforme nos acerquemos a las elecciones—, una institución llamada a permanecer neutral acabaría convertida en pieza de la confrontación partidista. Por tres vías distintas me
  • ¿Una nueva cruzada ideológica? La ofensiva de Washington contra la “extrema izquierda violenta” reabre viejos dilemas sobre seguridad, democracia y libertades
    La decisión de la Administración de Donald Trump de convocar en Washington a representantes de más de sesenta países para impulsar una estrategia internacional contra lo que denomina el “resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda”
  • La sociedad impasible y los liderazgos ciegos.
    Obedeciendo una ley irrevocable, la historia niega a los contemporáneos la posibilidad de conocer en sus inicios los grandes movimientos que determinan su época. Stefan Zweig. Hay imágenes que atraviesan los siglos porque no hablan solo
  • La «gauche divine»
    Francia, otra vez, vuelve a estar de moda. No es una novedad: Francia siempre regresa, como regresan las viejas músicas, las ciudades que uno creyó haber dejado atrás y ciertos nombres que, por mucho que pase

¿Tienes una opinión que compartir sobre este artículo?

En La Discrepancia valoramos tu perspectiva. Cuéntanos qué piensas de este artículo. ¡Te leemos directamente por WhatsApp!

No te pierdas ningún artículo. Únete a nuestro canal de WhatsApp para las últimas opiniones.

¿Te ha gustado? Compártelo:

Artículos relacionados...

Políticas públicas de éxito

La actividad de los gobiernos, mediante sus administraciones, se desarrolla por medio de políticas públicas, necesarias unas e imprescindibles otras,

Leer más »

Tu colaboración mantiene la información libre

💖 Colaboración Bizum: Sigue estos 3 pasos

A continuación, se muestra el número telefónico al que puedes enviar tu Bizum.

626 72 02 08

Por favor, CÓPIALO manualmente, ve a tu aplicación bancaria (o la App de Bizum) y PEGA este número para realizar tu donación.