Tarde o temprano se derrumba la tramoya del decorado y las cosas empiezan a discurrir por cauces más sensatos, por cauces de los que nunca debieron salir. Las desmesuras del presidente Trump empiezan a ser excesivas incluso para sus partidarios y aliados pasados. En la misma semana se ha enfrentado con el Papa y con su antigua valedora en Europa Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, y su injerencia en Hungría apoyando a Orbán en las elecciones solo ha servido para hundir más a este. Y ello sin olvidar sus habituales diatribas contra el presidente español Pedro Sánchez, sus socios de la OTAN que le han vuelto la espalda y todo aquel que le lleve la contraria, que es lo que peor soporta. La forma de conducir su guerra contra Irán es del todo caótica. Tan pronto les amenaza con el infierno como se aviene a negociar en el último momento. Comienza a hacerlo sin cumplir su parte del pacto y añade nuevas amenazas y agresiones. ¿Quién se fía ya de la palabra de este señor? ¿Quién confía en que tenga algún plan viable para poner fin a la guerra? Definitivamente, ha empezado el declive del trumpismo en el mundo.
Y, sin embargo en España, parece que algunos todavía no se han enterado, a pesar de que las recientes elecciones en Castilla y León y las encuestas de estos días detectan un estancamiento del voto a Vox, el valedor incondicional de Trump y Orbán en nuestro país. Lo que demuestra que gran parte de su burbuja electoral anterior era debida a situarse dentro de la ola internacional ultra impulsada por el trumpismo. Es lógico, por tanto, que si el trumpismo deja de ser atractivo para los votantes también dejen de serlo sus imitadores.
Pero ese declive no impide a Vox seguir actuando como siempre, es decir, violentando la democracia y sus instituciones para conseguir sus propósitos. Me he suscrito a las notificaciones de la página verificadora de bulos Newtral.es y, pese a no frecuentar las redes sociales, me informo puntualmente de los bulos que circulan por ellas, muchos de ellos promocionados por Vox y su entorno ultra. Compruebo que su forma principal de conseguir adeptos no es explicando su ideología sino mintiendo descaradamente sobre hechos reales para adecuarlos a sus intereses.
Así, con motivo de la regularización extraordinaria de inmigrantes aprobada por el Gobierno han hecho circular todo tipo de mentiras. Por ejemplo, que se trata de una estrategia de la izquierda para conseguir votantes, que se admite a inmigrantes con antecedentes penales o que ese medio millón ha entrado en España por medio de pateras cuando el 95% lo ha hecho en avión o en automóvil. Su videos hacen creer que todos ellos son musulmanes cuando más del 70% son latinos. En uno de ellos, generado por una IA, se ve a Pedro Sánchez repartiendo pasaportes a musulmanes; en otro —también generado por IA— se ven largas colas de inmigrantes supuestamente obteniendo papeles; en otro más generado por una IA, una mujer musulmana declara que se volverá a su país si gana Vox porque dejaría de percibir ayudas; videos antiguos sobre enfrentamientos en la valla de Melilla se hacen pasar por actuales; un vídeo de senegaleses bajando de una embarcación en su capital Dakar se hace pasar por la llegada de una patera a las costas españolas; y así sucesivamente.
Y su comportamiento en el parlamento está diseñado para su consumo en redes, troceado y editado en forma de pequeños videos. Sus intervenciones están también llenas de bulos y de insultos al gobierno. En la sesión del 15 de abril, su diputado Jose Maria Figaredo encadenó en una misma pregunta a la ministra Aagesen acusaciones de encubrimiento de la corrupción, de culpabilidad dolosa en la dana de Valencia, en la supuesta delincuencia de los inmigrantes, en el apagón de hace un año y en el accidente de tren de Adamuz. Saben que sus acusaciones sin pruebas en el Congreso están protegidas por la inmunidad parlamentaria, pero se guardan mucho de repetirlas fuera de él.
La reciente agresión de su diputado José María Sánchez ha traspasado una línea roja que solo traspasó previamente el golpista Tejero: subió al estrado de la Mesa del Congreso, increpó a una letrada y se encaró con el Presidente de la cámara a muy poca distancia de él. Todo ello con el único fin de desprestigiar la institución y de exhibir en redes su matonismo, en la falsa creencia de que todavía sigue estando de moda esa forma de actuar.
Pero igualmente hay que condenar la deriva del PP de Feijóo por sus actuaciones no muy lejanas a las de Vox, también en la falsa creencia de que eso impedirá que sus votantes se le escapen hacia el partido ultra. En esa misma sesión del Congreso, su portavoz Tellado empleó palabras muy parecidas a las de Vox para culpar a la ministra del apagón y de las muertes que sucedieron ese día. La tildó de fanática climática e incompetente, ignorando las conclusiones de la CNMC y del grupo de expertos europeos que, en ningún caso, aludieron en sus informes oficiales a las energías renovables como causantes del mismo. A continuación, la portavoz adjunta Ester Muñoz remató una pregunta al ministro de Justicia con estas palabras: “son ustedes un gobierno de corruptos, incompetentes y negligentes”. De nuevo, intervenciones pensadas para las redes y amparadas en la inmunidad parlamentaria.
Temeroso de que pudieran estropearse sus pactos con Vox en las comunidades autónomas, el PP —sin contar al propio Vox— es el único partido que no ha condenado la agresión del diputado Sánchez al Presidente de la Cámara y su posición actual contra la regulación de inmigrantes no es muy lejana a la de Vox. Sin embargo, las tres regularizaciones que hizo José María Aznar contaron obviamente con el apoyo del PP, tal vez porque en esos años —1996, 2000 y 2001— no existía Vox.
Aunque Vox y el PP no se den por enterados, las actitudes trumpistas —el matonismo, el insulto y el bulo como formas de hacer política— están en horas bajas. Cuando quieran enterarse y cambiar de actitud tal vez la factura electoral que deberán pagar ya sea demasiado alta.


