«La insolidaridad de “la izquierda nacionalista catalana”
Rafael Vera
El 19 de junio de 1.987, en la ciudad de Barcelona, la organización terrorista ETA colocó un coche bomba, cargado con 30 kilos de amonal, cien litros de gasolina, escamas de jabón y pegamento hasta sumar 200 kilos de carga explosiva. Los miembros del comando “Barcelona” Joseba Ernaga, Domingo Troitiño y Rafael Caride Simón depositaron el explosivo en el maletero de un Ford Sierra robado, que aparcaron en el estacionamiento de Hipercor, situado en la avenida Meridiana de Barcelona. Cuando años más tarde, fueron detenidos los autores, declararon que eligieron Hipercor por creer que era una empresa de capital francés. En aquellos años, ya empezábamos a ver “una luz” en la colaboración francesa. Los tiempos de rechazo, de avisos y de ayudas muy puntuales y medidas quedaban atrás, aunque tardaríamos algunos años más en obtener plenas garantías del gobierno francés. ¿Cuántos muertos nos hubiésemos ahorrado, cuanto sufrimiento y cuanta inestabilidad política había estado en manos de nuestros vecinos del norte?
Los acontecimientos previos a la explosión comienzan con tres llamadas de aviso, según Troitiño, uno de los autores del atentado, a la Guardia Urbana de Barcelona, al diario Avui y a la administración del establecimiento, desde una cabina telefónica.
La información era confusa porque no daba detalles de donde estaba el explosivo, no mencionando que se encontraba en el interior de un vehículo, y señalaba la hora de la explosión para las 15.30, dando un margen de entre cinco y quince minutos desde la llamada, 38 minutos antes de la hora real. Se movilizaron los servicios de seguridad de la empresa, la Policía y la Guardia Urbana, y al no ser encontrado ningún paquete sospechoso y sobrepasarse la hora señalada para la explosión, la dirección de Hipercor y las fuerzas policiales no consideraron necesario el desalojo del local. Un último factor fue que, en aquella época, según informó La Vanguardia, se recibían una veintena de avisos de bomba, siendo doce los recibidos ese día. Al ser un viernes a primera hora de la tarde, el local, sin estar lleno, tenía más gente de la que era habitual a esa hora.
A las 16.10 actuó el temporizador que activaba los explosivos, ocasionando una enorme explosión que voló por los aires la primera planta del garaje, y provocaba un socavón de 5 metros de diámetro en el suelo de la planta superior, por el que penetró una bola de fuego que abrasó a todas las personas que encontró a su paso. La mezcla explosiva tuvo efectos similares a los del napalm, pegándose a los cuerpos y elevando la temperatura hasta los 3.000 grados. Además, los gases tóxicos producidos provocaron la muerte por asfixia de otras personas no afectadas directamente por el fuego. Como consecuencia, perecieron 21 personas y otras 45 resultaron heridas de diversa consideración. Algunos de los fallecidos, la mayoría de los cuales eran mujeres y niños, quedaron completamente carbonizados. Los daños materiales fueron valorados en 400 millones de pesetas.
Cuatro miembros de ETA fueron condenados por la Audiencia Nacional a penas de casi 800 años cada uno en dos juicios celebrados en 1.989 y 2.003.
Domingo Troitiño: 794 años de prisión como autor material de la masacre. Fue puesto en libertad en 2013, habiendo cumplido 26 años de prisión.
Josefa Ernaga: 794 años de prisión como autora material de la masacre. Salió de prisión en diciembre de 2.014, tras pasar 27 años y medio en prisión.
Rafael Caride Simón: 790 años y medio de cárcel como ideólogo del atentado y participante en el mismo. Obtuvo la libertad en agosto de 2.019. Dispuso del segundo grado desde el 2.017.
Santiago Arróspide Sarasola, Santi Potros: 790 años y medio de cárcel, como máximo responsable de los comandos de liberados de la banda. Salió de prisión en agosto de 2.018, tras pasar 18 años en prisión.
La mañana del 20 de junio, apenas unas horas después del atentado, el ministro José Barrionuevo, los directores de la Policía y de la Guardia Civil y yo mismo acudimos a una reunión con el presidente del Gobierno, Felipe González, en el Palacio de La Moncloa. El motivo de nuestro encuentro era presentar nuestras dimisiones, asumiendo la responsabilidad política por lo sucedido. La presión mediática era notable: varios periódicos publicaron editoriales en los que se cuestionaba la actuación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad tras la llamada de advertencia de ETA, sugiriendo que la respuesta había sido tardía o ineficaz.
A pesar de nuestra insistencia en dimitir, el presidente González rechazó con firmeza nuestra decisión. Nos transmitió su apoyo y nos animó a continuar al frente de nuestras responsabilidades. Sus palabras fueron claras: “La bomba la han puesto los terroristas, ellos son los autores, y tendrán que responder por este crimen. Tenéis que detenerlos, y contáis con todo mi apoyo”. Este respaldo fue fundamental en unos momentos de extrema dificultad y presión.
Más tarde, ya en el Ministerio, recibimos la visita de Txiqui Benegas, José Luis Corcuera y Paco Fernández Marugán, quienes se acercaron expresamente para mostrarnos su apoyo y ánimo ante la complicada tarea que afrontábamos. Este gesto fue especialmente relevante, demostrando la importancia de la unidad institucional en situaciones de crisis. Con el paso del tiempo, José Luis Corcuera llegaría a ocupar la titularidad del Ministerio, destacando por su claridad de ideas y su notable energía en el desempeño de sus funciones.
A las 13.45 del 8 de diciembre de 1.990, miembros de un comando de ETA aparcaron un automóvil cargado de explosivos en el cruce de las calles Josep Aparici y Ribot i Serra, de Sabadell, donde los vehículos normalmente debían aminorar la marcha para continuar circulando. El coche bomba, ubicado a unos 500 metros de la Comisaría del CNP fue detonado a distancia desde la cercana Gran Vía, la principal arteria de la localidad, cerca de la salida a la A-7, para darse a la fuga. El segundo vehículo del convoy policial fue alcanzado de lleno, a la vez que la metralla incorporada al explosivo causó daños importantes en un radio de 400 metros. Cinco de los ocho policías, perdieron la vida en el acto, y un sexto falleció poco después, resultando 10 personas más heridas de diferente gravedad.
El 30 de mayo de 1.991, un día después del atentado, que el mismo grupo autor del crimen de Sabadell , cometió contra la casa cuartel de Vich, mediante un coche bomba con un artefacto de 216 kilos, con el resultado de diez muertos, entre ellos tres niñas de 8, 10 y 11 años, los dos terroristas del llamado comando Barcelona, Joan Carles Monteagudo y Juan Félix Erezuma, fueron abatidos en un tiroteo con la Guardia Civil, en LLisá de Munt a 32 kilómetros de Barcelona. Monteagudo, había sido dirigente de Terra Lliure. Abandonó la organización terrorista catalana en 1.985.
En el año 1992, la celebración de los Juegos Olímpicos en Barcelona generó numerosas preocupaciones en materia de seguridad, siendo una de las más destacadas la posible reacción del independentismo radical ante los actos y eventos deportivos previstos. La información recibida en aquellos momentos no era alentadora: se temía la organización de altercados en las calles, invasiones de estadios y la exhibición de pancartas tanto en la ceremonia de apertura como en la de clausura.
La situación comenzó a tensarse especialmente durante el recorrido de la antorcha olímpica y su llegada al Palau Sant Jordi. Para garantizar la seguridad, se reforzaron los controles y se blindó la comitiva. Aunque se produjeron algunos incidentes aislados, el dispositivo de seguridad evitó alteraciones mayores y el evento pudo desarrollarse sin mayores contratiempos.
La Organización de los Juegos y el Ayuntamiento de Barcelona contaron con un cuerpo de voluntarios para prestar apoyo en momentos puntuales. Aprovechando esta estructura, se logró incorporar a 150 policías nacionales camuflados en el grupo de voluntarios, quienes colaboraron de forma pacífica y discreta para asegurar el buen desarrollo de las pruebas deportivas.
Por otro lado, en esos mismos días, la organización terrorista Terra Lliure, ya en proceso de descomposición, entabló negociaciones con las autoridades para poner fin a su actividad armada. Estas negociaciones desembocaron en un acuerdo con la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Cabe destacar el papel fundamental desempeñado por Francesc Martí i Jusmet, entonces delegado del Gobierno en Cataluña, cuya intervención resultó determinante para alcanzar dicho acuerdo.
Muchos años después de los trágicos sucesos, el 19 de junio de 2012, el Parlamento Autonómico de Cataluña organizó un acto de homenaje a las víctimas de atentados terroristas perpetrados en Cataluña, coincidiendo con el 25º aniversario de aquel gravísimo atentado. La ceremonia fue presentada por la presidenta del Parlamento, Nuria de Gispert, por aquel entonces representante de CIU, quien expresó su apoyo a las víctimas y a los familiares que acudieron al acto.
En el homenaje estuvieron presentes, además de las víctimas del atentado de Hipercor, algunas personas afectadas por otros ataques, como los cometidos por “Terra Lliure”, organización terrorista vinculada al nacionalismo catalán radical de izquierdas. Durante el acto, una de las víctimas, una mujer que resultó herida mientras hacía cola en la oficina del INEM buscando empleo, relató públicamente su experiencia durante el juicio por el atentado. Denunció que los terroristas, autores de la explosión, la miraban fijamente mientras declaraba y le decían que “tenía que estar orgullosa porque su dolor era por el bien de Cataluña”.
En Cataluña, en aquellos años difíciles, sucedieron cerca de 300 atentados, que han supuesto 121 victimas mortales y 260 heridos, por las acciones de organizaciones terroristas, como ETA, los Grapo, Terra Lliure, el Front d`Alliberament de Catalunya y la Milicia Catalana, y por último el terrorismo islamista. 56 victimas mortales, solo por atentados de ETA.
En enero del 2.004, el consejero en jefe de la Generalitat de Cataluña, Carod Rovira, de ERC, se reunión en Francia con la dirección de ETA, en el encuentro estuvieron además de otros dirigentes etarras, Mikel Albizu y Mikel Antza, entonces el número uno de los pistoleros terroristas. El líder de ERC pidió a ETA que se abstuviera de atentar en Cataluña y a cambio su partido daría una determinada cobertura política a los objetivos de los terroristas, sobre todo en el plano intelectual y de medios de comunicación. En fin, se trataba de conjuntar esfuerzos en busca de hacer avanzar los programas de ambos partidos: tanto los de ERC como los de Herri Batasuna. Un mes y medio después de aquella reunión, ETA declaró una tregua en esa Comunidad. Mientras, en el resto de España seguía matando. Todo un ejemplo de la condición humana!

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