martes 16 junio, 2026

Tetuán: muerte de un relato

                                 “Apuntes para una lectura sin autor”

La ciudad de Tetuán acoge este año un “gran evento”, al que —con una certeza oficial casi absoluta— llaman “Capital Mediterránea de la Cultura y el Diálogo 2026”.
Pero la ciudad, en su secreto más tenue, sabe que los nombres a veces no revelan las cosas…más bien, esconden su muerte aplazada.

En una ciudad que se asemeja a un libro que el viento hojea, las historias se dispersan entre las páginas, y el sentido no encuentra quién lo reúna.
Tetuán, paloma blanca… hoy se mantiene al borde de una metáfora agotadora, sonríe como siempre, mientras algo profundo en ella se retira en silencio.

En una mañana que parecía disculparse por lo que ocurre, me senté a escribir…
no un relato, sino algo parecido a una despedida diferida,
como si las palabras ya supieran que no cambiarán nada.

Desde la ventana de un café en la Plaza Moulay el Mehdi – Plaza Primo de Rivera en la época colonial -, vi la ciudad blanca…
demasiado blanca, como si hubiera lavado bien su memoria
y la hubiera dejado secar al sol hasta desvanecerse.

Tetuán… qué elocuencia cuando se vuelve contra sí misma.
Hubo un tiempo en que brillaba desde dentro, no necesitaba ocasiones para decir que estaba viva, ni programas para convencernos de que creaba.
La luz nacía de la necesidad, y la sinceridad —por sí sola— bastaba
para derrotar todo el ruido que se hacía llamar cultura.

Ahora… la ciudad ya no se sueña, se gestiona desde lejos..
Se conduce como una idea en un expediente, se reduce a informes,
se mide con éxitos provisionales y se olvida —con precisión— al terminar el espectáculo.

Me río…
no porque la escena sea cómica,
sino porque llorar se ha vuelto un lujo administrativo no disponible.
Me río de una memoria invocada como decorado,
de una cultura distribuida como invitaciones,
de una ciudad tratada como un proyecto temporal, no como un ser con alma.

Luego me canso…
la ironía, como la luz falsa, alegra un poco… y agota mucho.

Aquí comienza la tristeza, deslizándose lentamente,
como si conociera este lugar desde hace tiempo.
Creía que la cultura era un árbol, pero hoy se arranca cada vez que cambia la sombra.
Creía que era agua, y descubrí que se ha convertido en una forma de sed organizada.

En la superficie… algunos pasan con ligereza,
rápidos como un aplauso ensayado;
saben cómo rezar, pero no por qué… ni para quién.

La culpa no es solo suya, el escenario ha cambiado,
y el texto ya no se escribe para ser dicho, sino para ser aprobado.

Por eso…
y con toda la claridad frágil que me queda,
anuncio —sin presumir de nada— mi retirada de esta escena.
No como protesta…
sino para preservar lo que queda de un asombro que no soporta este orden frío.

Renuncio a una cultura que se administra como una carga,
se exhibe como un logro, y se olvida como si nunca hubiera existido.
Renuncio porque no sé practicar esta ligereza, la de pasar sobre el sentido sin sentir su peso.

Dejo el escenario con sus luces excesivas,
sus textos aplazados
y sus aplausos preparados.
Y guardo para mí algo muy pequeño, me quedo con la duda,
pues al menos aún no ha sido incluida en ningún programa.

Y a ti, Tetuán, a ti paloma blanca…
ciudad que brillaba cuando la luz escaseaba,
y decía la verdad cuando el silencio era el ruido más alto,
te dejo algo parecido a una plegaria tardía,
o a un perdón que no sé cómo pronunciar:

Que Dios tenga en su gloria tu cultura…
y perdone a tu memoria lo que se borró sin su permiso…
y conserve en ti —si aún queda algo—
esa hermosa terquedad,
la que hace que las ciudades regresen
incluso después de haber sido declaradas muertas.

La paz sea contigo…
el día que fuiste tú misma,
el día en que te convertiste en lo que quisieron que fueras,
y el día en que regreses —si regresas—
a reiniciar la historia..

Toda alma ha de saborear la muerte…
incluso las ciudades, cuando se vacían de sentido
y quedan en pie… como recuerdo.

Este texto…
no es más que un último intento de salvar lo que se pueda de una pregunta que atormenta mi corazón, cuando todo se vuelve olvidable,
¿quién escribe el obituario…
y quién queda para creerlo?

¿Tienes una opinión que compartir sobre este artículo?

En La Discrepancia valoramos tu perspectiva. Cuéntanos qué piensas de este artículo. ¡Te leemos directamente por WhatsApp!

No te pierdas ningún artículo. Únete a nuestro canal de WhatsApp para las últimas opiniones.

¿Te ha gustado? Compártelo:

Artículos relacionados...

Dulce y amargo

Homenaje a Marjane Satrapi, escritora y artista iraní Durante algunos años he compaginado la docencia en la escuela y en

Leer más »

Tu colaboración mantiene la información libre

💖 Colaboración Bizum: Sigue estos 3 pasos

A continuación, se muestra el número telefónico al que puedes enviar tu Bizum.

626 72 02 08

Por favor, CÓPIALO manualmente, ve a tu aplicación bancaria (o la App de Bizum) y PEGA este número para realizar tu donación.