En reiteradas ocasiones he mostrado mi especial preocupación por las formas en que se desenvuelve el ambiente político español de nuestros tiempos.
Desgraciadamente, con ocasión de los accidentes ferroviarios recientes, estas formas no han sido distintas, por más que en el inicio de los dramáticos hechos, pareciera como que hubiera un armisticio. Pero al final, y muy poco después de ese espejismo, la cabra tiraba hacia donde solía. O sea, al monte.
Hay parcelas de la vida ordinaria en las que el continente mejora al contenido, en las que las formas resaltan y hasta complementan el fondo de cada tema; las imágenes, muchas veces, valen más que mil palabras.
Y la política, como ciencia y como arte también, no es ajena, antes, al contrario, a estos asertos del saber popular. Las formas, amigos, las formas, tanto o más importan que los fondos y los contenidos. Atraen, empatizan, venden el producto, que bien puesto así de manifiesto, ayuda a convencer de sus bondades y calidades.
La comunicación verbal y gestual en política es tan o más importante que el contenido, a veces, de lo comunicado. Las formas, amigos, son fundamentales. Y más, en un mundo en que la comunicación, la forma del mensaje, suplanta en demasía a aquello que se comunica. Si el producto es bueno y se presenta bien, el éxito de ventas está asegurado, también en política.
En estos días en que todos los opinadores que tanto sabían antes de epidemias, apagones o de mercados bursátiles nos sorprenden con sus soberbios saberes en comunicaciones ferroviarias y en técnicas de soldadura de raíles ferroviarios, balastos y pantógrafos, como no sé de semejantes tecnicismos, fijo mis preocupaciones en algo más mundano, pero próximo, como son las formas en la política.
Hemos llegado a un nivel de deterioro tal en las formas de nuestra política que, en estas duras horas de tragedias humanas, se ha perdido demasiado pronto esa pretendida paz entre adversarios para volver a la guerra entre enemigos.
Siento que hoy, en estos días, en nuestros líderes, con alguna honrosa excepción, apremia más el interés en quedar bien y en dejar mal al otro; ocupa más demostrar que lo ocurrido no es culpa de quien habla en cada momento, sino del de enfrente. Les ocupa dejar claro que cada actor lo hace bien a pesar de la herencia recibida y que será otro quien deba explicarse.
Sería mejor, digo yo, contar lo cierto, sólo lo que hasta ahora se sabe, sin ambages, sin especulaciones y respetar todos, gobierno y oposición, los tiempos de la investigación y las conclusiones que sirvan para no errar en lo mismo de futuro; sólo entonces habrá que responsabilizar a quien le toque competencialmente, según sus deberes incumplidos. Sólo entonces, y mientras, no envenenen más el ambiente donde pronto, muy pronto se han empezado a olvidar a los dolientes, ésos que todos dicen ser el objetivo prioritario y que no deben ser preteridos.
El problema de muchos de nuestros líderes (si es que lo son), es que el deterioro de la credibilidad de la política que han provocado para sí y por extensión para la política en general, hace que cualquiera de sus afirmaciones, explicaciones o comentarios, caigan en el mayor de los descréditos e irrelevancia para aportar verdad en lo que transmiten y sobre todo empatía con quienes en estos momentos lloran la pérdida de los suyos.
Pongamos algunos ejemplos.
El ministro Puente ha estado desde el primer momento dando explicaciones con los argumentarios que le han dado sus técnicos, y haciendo eso que llaman dar la cara. Pero a estas alturas de la película, el espectador ya no se cree al protagonista. Son demasiadas las espantadas, los aspavientos, la mala educación, e incluso la altanería y actitudes de cierta superioridad esgrimidas por este actor, que haga lo que haga, diga lo que diga, el protagonista de esta película ha perdido su crédito, por más que bueno, inocente y poseedor de la verdad en sus argumentos quiera aparecer.
Y esto empezó tiempo ha. En lo que al señor Puente se refiere, por resumir, digamos que su forma de ser visto y entendido por la ciudadanía, arranca cuando alcanza notoriedad nacional más allá de su Pucela de origen, el día en que su “puto amo”, con falta de cortesía parlamentaria al adversario, le encarga hacer la réplica al señor Feijóo en su fallida obtención de confianza para ser presidente del Gobierno. Allí se retrató como faltón y con aires de matón de patio de colegio. Y esto le ha marcado, con aportaciones casi a diario en sus tuits que poco aportan al juego limpio de la noble ciencia y arte de la política.
Del otro lado, doña Isabel, de la mano del inconmensurable bulero confeso Rodríguez, don Miguel Ángel, busca y rebusca la gracieta zaheridora de cada día para disparar ora a Puente, ora a Sánchez porque ésos y no otros son sus adversarios (enemigos, más bien). A ella se le queda pequeña su comunidad, la honrosa liga regional en que jugar debiera y se asciende per se, sin liguilla previa, como mínimo a jugar en la liga nacional o en la Champions, suplantando en estos menesteres a un Feijóo más Don Tancredo de lo que debiera. Ojito, don Alberto y recuerde a su antecesor, o pídale los apuntes que debió tomar antes de que le resulte tarde.
Y sumen, queridos lectores, si quieren a este reparto estelar, a los Tellados, Álvarez de Toledo, Yolandas, Rufianes o Belarras y demás escogidos de este casting de la política que ha colocado con letras de protagonistas a quienes en otros tiempos y otros escenarios no habrían superado el primer descarte de actores muy, pero que muy de reparto y elevados a un estrellato al que seguro, seguro, que en sus adentros, si alguna sinceridad les queda ante el espejo, ni se imaginaban.
Lo malo del caso es que nosotros, los espectadores, hemos empezado a aceptar, no sé si con resignación, que este cuadro de actores es el que hay y no se despacha más. Pues recuerden que nos queda el más fundamental de nuestros derechos como ciudadanos, que no es sólo es derecho a patear o silbar en el patio de butacas, sino que ejerceremos el derecho a botarlos (con be) y no votarlos (con uve) en los inmediatos procesos electorales.
La miopía y cortoplacismo se han instalado en los partidos democráticos, sobre todo en los que se llaman de gobierno, en los partidos de estado, encantados de reconocerse y regodearse en el tan denunciado “y tú más”, empeñados en sustituir el bipartidismo por el bibloquismo que ya trasciende a todos los ámbitos de la vida ciudadana.
Es esa miopía la que está encumbrando en sondeos y resultados electorales a quienes no creen en el sistema. A los próceres de la antipolítica, a los antisistema, a extremos de uno y otro espectro, a quienes aprovechan el sistema para destruirlo desde dentro.
Están poniendo alfombra roja a la llegada a la noble administración de lo público a quienes elogian los modos de la política trompista, castellanizando el sonido del apellido del actual inquilino de la Casa Blanca, y que según la RAE significa engañar o burlar. Engañar o burlar los modos y prácticas democráticos que nos habíamos dado y que llevarnos pueden de nuevo a los más oscuros y rancios hábitos que creíamos desterrados de la política española.
La llegada con más fuerza a los centros de poder de estos enemigos de la democracia, de extremos de ambos lados de los arcos parlamentarios, con los añadidos en nuestro hispano caso de los nacionalismos excluyentes, será en gran medida un logro, quiero imaginar inocentemente, que no querido, por parte de quienes con esta forma de hacer política de baja estofa, faltona, chillona favorecen este clima de crispación y desapego de los ciudadanos, espectadores de esta burla contínua a la solución de los problemas que requieren otra forma de estar ante ellos por parte de nuestros dirigentes.
Desde las buenas formas hágannos el favor de entenderse, y no provoquen el sonrojo que a muchos nos producen. Tienen ustedes la obligación de hacerlo.
- España, rehén de siete votos: estabilidad ficticia, progreso hipotecado
por Rafael VeraEl presidente del Gobierno ha tomado la decisión después de un fin de semana de reflexión, llamadas y reuniones, en el que la derrota de los dos decretos de vivienda en el Congreso y las manifestaciones del sábado terminaron de dibujar el escenario. - Del desgaste a las urnas: Abdelhamid Beyuki analiza las claves del adelanto electoral de Sánchez
por Abdelhamid BeyukiPedro Sánchez ha decidido poner fin anticipadamente a la legislatura y llevar a España a las urnas el próximo 29 de noviembre, una convocatoria que llega apenas unos días después del rechazo en el Congreso de los dos decretos vinculados a la vivienda. - Democracia, salud mental y aulas: seis conversaciones para cuestionar lo que damos por sentado
por LADISCREPANCIATEDxCISUniversity reúne el 7 de octubre en Madrid seis voces que exploran la responsabilidad democrática, la presión del deporte de élite y la necesidad de repensar cómo aprendemos. Madrid, octubre de 2026.— ¿Qué sostiene una democracia más allá de las elecciones? ¿Qué ocurre - Cambio social y vivienda: ¿El comienzo de un nuevo paradigma?
por Fernando MoraLa movilización ciudadana ante la crisis de la vivienda confirma un cambio social que recorre toda España y que podría marcar el comienzo de un nuevo paradigma político. Algo está cambiando, pero nadie debería ver en ello un espejismo. Los cambios no son - No juguemos con las cosas de comer
por Ricardo PeñaHay asuntos importantes de la vida diaria de los mortales que dependen totalmente de la política. Un caso paradigmático es la vivienda. Nos quejamos de que los poderes públicos han ignorado este problema durante años y de que ahora es la principal preocupación - La historia les juzgará
por Rafael VeraAbrimos un fin de semana de lluvias casi generalizadas y de obligada reflexión para la clase política. Todas las miradas vuelven a concentrarse en la posibilidad de un adelanto electoral, pero esa incertidumbre no debería ocultar la cuestión decisiva: el fracaso de la política - Kaliningrado, el enclave que puede convertir el Báltico en el escenario más peligroso de Europa
por Adalberto AgozinoBuenos Aires – Kaliningrado ocupa en el mapa europeo una superficie relativamente modesta, pero ninguna consideración puramente geográfica permite comprender su verdadero peso estratégico. El óblast ruso, de unos 15.000 kilómetros cuadrados, se encuentra separado del territorio continental de la Federación Rusa y - Movimientos sociales
por Francisco VelázquezEn la era de la inteligencia artificial, los movimientos sociales, con amplia y exitosa repercusión electoral, toman caminos relativamente inexplorados y hasta ahora patrimonio de grupos de jóvenes a quienes parecía no interesarles las elecciones, ni siquiera la política considerada en sus coordenadas - Vivienda: una crisis social que sacude la política española
por Fernando MoraEl artículo 47 de la Constitución Española reconoce el derecho de todos los españoles a una vivienda digna y adecuada. Pero lo hace como principio rector de la política social y económica, no como un derecho subjetivo que pueda exigirse directamente ante los tribunales. Los poderes públicos están obligados a promover las condiciones para hacerlo efectivo, aunque su cumplimiento no - Armas en el parlamento
por Carlos MirandaUna diputada del PP exhibió hace poco un espray de pimienta mientras intervenía en el Congreso de los Diputados para ilustrar el desamparo de las mujeres en la Ceuta invadida por 80.000 migrantes de los que quedarían unos 15.000 según la propia policía a modo de población flotante, un 13% de su censo, - El acuerdo frente al insulto
por Juan Carlos Rodríguez IbarraDe nuevo, la vivienda ha vuelto a calentar el ánimo de tantos ciudadanos que no pueden acceder a una de ellas para poder iniciar un modelo de vida autónomo. Desgraciadamente la vivienda no se contempla en la Constitución española como un derecho fundamental











