Todo comienza con un cuento
Alberto Morate
Estamos llegando al final, que nunca llega. Vamos tapando heridas con pañales y lienzos de gasa. Y todo comienza con un cuento. Y entonces llega un momento en que no sabemos qué es ficción y qué realidad, condenados por las multinacionales, la privatización de los rayos del sol, la chispa que, de repente, haga saltar todas las alarmas.
El tiempo va más deprisa que el ser humano. Pero resulta que esos seres humanos, políticos, científicos, técnicos, se quieren adelantar a ese tiempo actual y provocan distopías, decretos, leyes sacadas de la manga, cual magos a los que se les ve el truco rápidamente, y pretenden controlar las tardes doradas del sol echándose a dormir y dejar los amaneceres reservados para unos pocos privilegiados.
De ahí el apagón, el cambio climático, los ciberataques, el césped artificial, por decir algo, las frases entrecortadas con mezcla de otros idiomas, principalmente el inglés.
Estamos en manos de los documentos de Estado, los acuerdos tácitos que no convencen a nadie y los informes secretos que espían a todo quisque, las pandemias, los cataclismos naturales que no lo son tanto, incendios todos sabemos que, provocados, la desconexión digital obligatoria porque no llega el suministro eléctrico, la ciencia ficción que degenera en aumento de las arcas personales en paraísos fiscales.
Solarpunk, de Ruth Rubio, creada a partir de los Laboratorios de Creación Dramatúrgica de ETC-Cuarta Pared, (¿en serio? ¿laboratorios también?) y que se alzó con el 34º Premio de SGAE de Teatro Jardiel Poncela, se nos presenta a través de Coplas, entre esos documentos de Estado, y los antiguos párrafos de un cuento infantil.
Vivimos en una mentira que nos quieren hacer pasar por auténtica, pero el problema está en que lo aceptamos porque desconocemos el verdadero funcionamiento del engranaje político.
Solarpunk está narrada con el brillo de la luz solar a través de los focos de la escena, y los intérpretes, Natalia Cobos Chapman, Sara Mata, Pilar Gómez y José Fernández, son pregoneros de las palabras y las acciones, en un vaivén de rápidos momentos, queriéndonos hacer entender que vender la arena de la playa en saquitos tendrá más éxito que si cogemos un puñado de esa misma arena por nuestra propia iniciativa.
Me recuerda a aquel artista, Piero Manzoni, que llegó a vender enlatada su propia mierda, o su propio aliento en globos, donde intentaba demostrar que da igual lo que se haga, lo que importa, realmente, es la firma de quien lo ha elaborado, la originalidad, ser los primeros, los únicos más bien, aunque nos quieran hacer comulgar con carretas de molino, que quieran negociar con los rayos del sol, que pretendan tener el control de lo que cocinamos, y que la ilusión también sea producto mercantil, la esperanza, las emociones, donde el valor del todo está por encima de las posibilidades y así se conforma la tragedia.
Menos mal que en esta obra se juega con el humor, que se destapa esa verdad con la que no debemos conformarnos, y que el ocaso sea, en definitiva, la esperanza de que mañana será un día nuevo contra el que hay que luchar a brazo partido, pero también disfrutar de ese horizonte que se nos presenta. Un horizonte humano en el que, si fuera posible, no nos convirtamos en máquinas.

FICHA ARTÍSTICA
SOLARPUNK
Dirección: Mario Hernández
Texto: Ruth Rubio
Reparto: Natalia Cobos Chapman, Sara Mata, Pilar Gómez y José Fernández
Compañía Hernández y Fernández
Sala Cuarta Pared
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