La androginia
No hay remedio si te encuentras, como es lo habitual, con hombres que se consideran ‘muy machos’, con los genitales bien puestos, como se suele decir, y con mujeres que denotan una estructura compleja marcada por una alta capacidad emocional, empatía, habilidades relacionales y una fuerte tendencia al cuidado de otros, a menudo influenciada por construcciones sociales y ciclos biológicos. Aunque muestren fortaleza, capacidad de resiliencia y que busquen relaciones basadas en la confianza, la comunicación y el apoyo mutuo. ¿Pero todo es tan blanco o negro?
Es decir, y de hecho así lo es, todos y todas tenemos algo de mujer y de hombres, de andróginos, en definitiva, que es el eje central de la obra La doble vida de Virginia Wolf. En este magnífico diálogo entre la escritora Virginia Wolf y el psiquiatra Carl Gustav Jung, donde se reivindica el concepto del andrógino como una solución a la rigidez de las categorías binarias de hombre y mujer.

Escrita por Olga Amarís, este es un encuentro imaginario entre ambos personajes, donde la identidad genética no se presenta como algo estático o un «traje» impuesto, sino como una historia vital que se construye día a día. De hecho, ambos personajes se irán desnudando, no solo de sus prendas de vestir, sino también de su forma de pensar, de sus respectivas visiones al respecto, con una conversación altamente inteligente, en el que, incluso, el propio lenguaje se ve limitado por lo que realmente sienten, piensan, comparten. La percepción de cada uno, siendo personal, se acercará en sus sensaciones y emociones.
Se puede convivir con ambos estados o, como en Orlando, la novela de Wolf, de repente, cambiar de sexo, así, como descuidadamente, y seguir manteniendo el deseo, la hermosura, la gracia, la atracción mutua.
Lo interpretan con gran solvencia Roser Pujol y Balbino Lacosta, que afrontan sus personajes con contundencia y, al mismo tiempo, con delicadeza, sensibilidad, expresando incluso más allá de lo que dicen.
Dirigido este montaje por Áurea Martínez Fresno, no solo se centra en las palabras que pronuncian los personajes, sino que les da el toque emocional y humano, ante dos figuras que, en principio, parecen mostrarse frías y distantes.
El hecho de que asistan a una función teatral convierte la interacción con cierta distancia, pero evoluciona hacia una confesión íntima de miedos, sombras e ilusiones. Pueden parecer compañeros imposibles, pero aprenden uno de otra y viceversa, aguantando su deseo también, hermosos en su condición de andróginos porque quieren adoptar las mejores condiciones de cada genética.
Una puesta en escena elegante, como no podía ser de otra forma, donde las personas son eso, personas, sin clichés de azules y rosas, sin prejuicios, en esta ficción especulativa, ¿hubiera sido así el encuentro? Lo más probable es que no, pero esa es la grandeza del teatro y, en definitiva, no estaban tan alejados ni en el tiempo ni en el espacio, tampoco en las ideas, pues ambos desarrollaron el concepto de androginia en sus obras, un paralelismo intelectual que no los unió en la realidad, pero sí en el teatro.
INFORMACIÓN
LA DOBLE VIDA VIRGINIA WOLF
Autoría: Olga Amarís
Dirección: Áurea Martínez Fresno
Interpretación: Roser Pujol y Balbino Lacosta
Espacio: Teatro del Barrio


