Cómicos
Por Alberto Morate
Los cómicos, siempre equivocándose, siempre a verlas venir, siempre en la inopia. Cómicos que se duermen en los laureles o que no alcanzan el triunfo deseado, cómicos cojos, tullidos, esbeltos, titubeantes, seguros de sí mismos, y más perdidos que un calamar en una pecera.
En ¡Silencio, se piensa! con texto y dirección de José Mateos, dos cómicos, dos representantes, dos intérpretes, dos actores, han perdido el norte. Están desubicados y se ven sometidos a una presión social y mediática, además de a sus propios prejuicios y temores.
Se interrogan sin palabras, tienen nostalgia, y ven marcharse por las rendijas del futuro lo único que saben hacer, que es trabajar la voz y el cuerpo, la imaginación, las emociones, los textos de otros, las palabras de otros, las vidas de otros.
Emilio Rosales, Luis Guerrero en el papel de Don Cristino y Don Fiasco, se ven abocados a ver marcharse su musa, a someterse a las directrices de ‘la Inspección de Vidas y Espectáculos’, casi a ponerse un traje de soldado y dejar el de Polichinela, el de Arlequín, el de Hamlet, el de don Juan, el de Segismundo, el de Pantaleón, o el de Max Estrella… por poner unos ejemplos, y ejercer otra voz, la que está envasada, la que dicta un pensamiento único, la que es solo humo, la que tiene otros acentos que no tienen que ver con personaje alguno.
Parece cómica la obra, pero lamentablemente, es trágica, dramática, llena de dudas, con luces a medio encender, y las representaciones, de esta manera, quedarán relegadas a ser piezas magulladas, heridas, pisoteadas, moribundas, y los personajes no saben a qué carta quedarse.

Siempre el mundo teatral, el dramatúrgico, la escena, ha estado al borde las crisis, en el abismo de los infiernos de la falta de espectadores, en la escasa subvención para sacar adelante proyectos, en el mínimo prestigio de la cultura porque, en realidad, produce miedo, miedo a decir las verdades del barquero, a que sean incisivos y críticos, a poner los puntos sobre las íes.
Producciones El Dramaturgo, conscientes de esta cueva oscurantista, de estas sombras alargadas, quieren sacar adelante un teatro diverso, con contenido, volviendo, quizá, a la sabiduría de las producciones clásicas, a la filosofía de la necesidad de expresarse escénicamente.
La representación deja un poso amargo y, al mismo tiempo, inquieto. Provoca la reflexión, y hasta qué punto estamos sometidos a las nuevas formas de comunicarse, donde impera más el entretenimiento que la cultura y el saber en sí, donde se deja de lado el pensamiento crítico.
Desvarían las gentes del teatro, están desasidas y desasistidas, estos cómicos de tres al cuarto que se creen con derecho a provocarnos interrogantes, como si no tuviéramos otra cosa que hacer que preocuparnos por el estado de bienestar social, por cuestionarnos no solo ser o no ser, sino que te atreves a pensar sin mi permiso, ¡habrase visto!, faranduleros que se creen artistas.
INFORMACIÓN
¡SILENCIO, SE PIENSA!
Autosacramental en tono de farsa.
Dirección y dramaturgia: José Mateos.
Elenco: Emilio Rosales y Luis Guerrero.
Producción: Producciones El Dramaturgo.
Teatro Lara, los martes a las 22:00 h

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