martes 5 mayo, 2026

El sol del futuro de Nanni Moretti y la lectura socialdemócrata de El capital de Karl Marx

El cineasta italiano Nanni Moretti destaca por su habilidad para fusionar comedia y drama con un estilo agridulce. Sus películas siempre regalan algunos momentos gratificantes: una sonrisa, una canción popular o una mirada entrañable hacia personas o cosas. En El sol del futuro Moretti se pone en la piel de un director de cine que lucha por rodar una película sobre un circo húngaro que, de gira por Italia, recibe la hospitalidad romana de una sección local del Partido Comunista, justo cuando los tanques soviéticos entran en Budapest para reprimir la revolución de 1956.

Moretti, una vez más, da en el blanco artístico: logra conjugar lo particular y lo general con una destreza genial. A través de un cambio concreto —el final de un guion—, retrata una modificación abstracta en la interpretación de las doctrinas marxistas. Es decir, plasma el viraje del Partido Comunista Italiano ante la barbarie soviética y revela las dificultades de compartir el adjetivo «comunista» con el partido gobernante de la URSS. ¿Se llaman igual pero no son lo mismo?

Paralelamente a la invasión de Hungría, la vida personal del director protagonista se desmorona: dudas, contradicciones, quejas constantes y un matrimonio al borde del colapso por su egolatría y afán de dominio. Sin embargo, Moretti no pierde la fe en redireccionar su vida y el rumbo de una izquierda perdida: capaz de ser subversiva, aunque esa subversión resulte incómoda e incluso incoherente con el pasado y los nombres recientes.

La mayor incomodidad radicaría en que la praxis del comunismo, es decir, la abolición de la propiedad privada, no sería un fin en sí mismo, sino solo un medio para vivir en libertad. Y la libertad, en el contexto de la Europa occidental, significaría disponer de tiempo libre, de ocio gratificante. La película incluye escenas magistrales de ocio: desplazamientos en patinete, chuts de balón, e incluso coreografías derviches emocionantes al ritmo de «Voglio vederti danzare» del añorado Franco Battiato.

Al final, el cine de Moretti deja una sensación ambigua. Por una parte, te deja contento por haber cambiado el final. Por otra parte, te deja preguntándote por qué no disfrutamos de más tiempo libre, por qué es tan difícil reducir la jornada laboral (como demostraría Yolanda Díaz) y por qué no interpretamos el comunismo como un medio.

Esta interpretación socialdemócrata de los medios comunistas para llegar al fin que es tener tiempo nos obligaría a releer los textos de Marx.

“El reino de la libertad sólo comienza allí donde termina el trabajo impuesto por la necesidad y por la coacción de los fines externos; queda, pues, (…) más allá de la órbita de la verdadera producción material. Así como el salvaje tiene que luchar con la naturaleza para satisfacer sus necesidades, para encontrar el sustento de su vida y reproducirla, el hombre civilizado tiene que hacer lo mismo, bajo todas las formas sociales y bajo todos los posibles sistemas de producción. A medida que se desarrolla, desarrollándose con él sus necesidades, se extiende este reino de la necesidad natural, pero al mismo tiempo se extienden también las fuerzas productivas que satisfacen aquellas necesidades. La libertad, en este terreno, solo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente este su intercambio de materias con la naturaleza, lo pongan bajo su control común en vez de dejarse dominar por él como por un poder ciego, y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de fuerzas y en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana. Pero, con todo ello, siempre seguirá siendo este un reino de la necesidad. Al otro lado de sus fronteras comienza el despliegue de las fuerzas humanas que se considera como fin en sí, el verdadero reino de la libertad, que, sin embargo, solo puede florecer tomando como base aquel reino de la necesidad. La condición fundamental para ello es la reducción de la jornada de trabajo”

KARL MARX, El capital (Volumen III, sección séptima, capítulo XLVIII).

Y también de los textos de Engels:

“Con la toma de posesión de los medios de producción por la sociedad se elimina la producción mercantil y, con ella, el dominio del producto sobre el productor. La anarquía en el seno de la producción social se sustituye por la organización consciente y planeada. Termina la lucha por la existencia individual. Con esto el hombre se separa definitivamente, en cierto sentido, del reino animal, y pasa de las condiciones de existencia animales a otras realmente humanas. El cerco de las condiciones de existencia que hasta ahora dominó a los hombres cae ahora bajo el dominio y el control de éstos, los cuales se hacen por vez primera conscientes y reales dueños de la naturaleza, porque y en la medida en que se hacen dueños de su propia asociación. Los hombres aplican ahora y dominan así con pleno conocimiento real las leyes de su propio hacer social, que antes se les enfrentaban como leyes naturales extrañas a ellos y dominantes. La propia asociación de los hombres, que antes parecía impuesta y concedida por la naturaleza y la historia, se hace ahora acción libre y propia. Las potencias objetivas y extrañas que hasta ahora dominaron la historia pasan bajo el control de los hombres mismos. A partir de ese momento harán los hombres su historia con plena conciencia; a partir de ese momento irán teniendo predominantemente y cada vez más las causas sociales que ellos pongan en movimiento los efectos que ellos deseen. Es el salto de la humanidad desde el reino de la necesidad al reino de la libertad»*.

FRIEDRICH ENGELS, Anti-Dühring (Sección tercera, capítulo II).

En definitiva, Moretti con su cine y Marx y Engels con sus textos nos transmiten una enseñanza poderosa: la libertad no es solo un ideal abstracto, sino una conquista concreta que pasa por la organización racional de la sociedad para garantizar el derecho al tiempo libre. ¿No es acaso el ocio —el patinete, la sonrisa, el baile— una de las formas más puras de resistencia?

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