Alberto Morate
Sáhara Occidental, Marcha Verde, Frente Polisario, República Árabe Saharaui, Guerra, muro de defensa, un conflicto aún sin resolver desde 1975.
Desesperadamente, cientos de miles de saharauis viven en campos de refugiados, en Argelia y en una diáspora indeterminada y dependen de la ayuda humanitaria internacional esperando a ser reconocidos como estado autónomo e independiente de Marruecos y Mauritania, pero el control de los recursos naturales del Sáhara Occidental, como los fosfatos, el petróleo y la pesca, es un elemento clave del conflicto y no quieren concederles ese derecho legítimo.
España se lavó las manos cuando La Marcha Verde, y cuando dejó de estar bajo su protectorado les ha abandonado en el ocaso, y las golondrinas no pueden volver a sus nidos.
En Sáhara, la barca del desierto, surgida de la experimentación teatral del Laboratorio Galdós Internacional, con texto de Ruth Sánchez y Mario Vega, abordan el tema a través de una enfermera que va allí a trabajar a un hospital en 1970 y ya se quedará para siempre. Esta es su historia y la historia de este conflicto, que no solo es cuestión geopolítica, sino de justicia, de humanidad, de memoria, de rectificación, si fuera posible.
Desde 1991 se mantienen esos campos de refugiados, resistiendo, aguantando, esperanzados, a pesar de todo, y reivindicando su estatus como pueblo que no quiere desaparecer.
Lo interpreta Marta Viera con toda la sensibilidad del dolor y del silencio, descansando en el recuerdo de los hechos acaecidos, en ópalos de arena y fuego, sus ojos, evocando a un John Wayne, que le dará la fuerza suficiente para que sus actos no se queden en el fango, en las tormentas de arena, en las represalias psicológicas y físicas, para que siga siendo un sueño poder vivir tranquilamente en un suelo que no es el suyo, pero que la ha atrapado desde el principio. Y lo hace sin tragedia, como desprendiendo hojas y pétalos para fabricar té y confiando, todavía confiando, sintiendo en su nostalgia, la represión y la injusticia, en la dureza de sus condiciones de vida.
La motivación para contarnos toda esta dramática historia es una joven periodista que acude a visitarla, y somos todos, y crea con nosotros lazos de sangre, vínculo de confidencia, brazos fraternales del tiempo para albergar la memoria, los sentimientos, haciendo anidar ya una añoranza reivindicativa.

La puesta en escena, siendo sobria, nos presenta el desierto, esas jaimas de protección, el camello convertido en amigo, en árbol, en casa. Nos hacen saber que no tiene por qué ser inútil esta denuncia, que la voz del desierto del Sáhara también puede estar en los escenarios, en la vida cotidiana, en los corazones sensibles, en forma de poesía o prosa poética, en el alfanje que ha de cortar el aire con su voz.
La «barca del desierto» es una metáfora teatral que simboliza la resistencia, el viaje y la esperanza de un pueblo en medio de un territorio inhóspito. Es la lucha perenne y la barca surcará el desierto a pesar de las dificultades.

FICHA ARTÍSTICA
SÁHARA. La barca del desierto
Dirección: Mario Vega
Texto: Ruth Sánchez y Mario Vega
Interpretación: Marta Viera
Manipulación de marionetas: Elizabeth Romero y Erick González
Diseño y construcción de la marioneta: Eduardo Rodríguez
Diseños visuales e iluminación: Juan Carlos Cruz y Mario Vega
Diseño de espacio sonoro: Héctor Muñoz
Diseño de espacio escénico: Mario Vega
Diseño de vestuario: Dácil González
Teatro del Barrio
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