A los dos años del 7 de octubre
Dr. David Villar Vegas
Prof. Área de Estudios Hebreos y Arameos (UCM)
Este 7 de octubre se han cumplido dos años desde aquel día que marcó un antes y un después en el conflicto entre Israel y Palestina. Un tiempo suficiente para mirar atrás con perspectiva y preguntarnos qué ha cambiado, qué ha aprendido la comunidad internacional y qué lecciones podemos extraer para un futuro inmediato. Hoy, en un contexto donde parece que el plan de Donald Trump para Gaza, tras la aceptación de Hamás, podría entrar en vigor, es momento de reflexionar sobre las oportunidades que surgen, aunque también sobre los riesgos y fisuras que acompañan cualquier acuerdo en esta región.
El plan, polémico y criticado desde múltiples frentes, no es perfecto. Nadie lo vende como una solución definitiva; incluso entre sus impulsores existen recelos, críticas internas y preocupaciones sobre su viabilidad. Sin embargo, su importancia es innegable: representa una ventana para detener la pérdida de vidas humanas, la prioridad absoluta en cualquier análisis sobre este conflicto. Detener la violencia, aunque sea de manera temporal o parcial, es siempre un paso adelante en un escenario donde cada día cuenta y donde el costo humano es incalculable.
¿Y ahora qué?
El mundo observa polarizado, como hace décadas, y la pregunta central es inevitable: ¿qué podemos aprender del pasado para que esta nueva oportunidad no se desperdicie? La historia reciente de Israel y Palestina nos recuerda que los conflictos prolongados tienden a cristalizar posiciones, radicalizar posturas y alimentar narrativas de victimización. Los israelíes y los palestinos se sienten, con razones, víctimas de la historia, de la violencia y de los fracasos de los procesos anteriores. Sin embargo, los procesos de paz que han tenido algún éxito en el mundo nos enseñan que el primer paso no es eliminar las diferencias ni resolver de inmediato todas las injusticias, sino encontrar un objetivo común capaz de unir a actores enfrentados: la defensa de la vida.
Cuando observamos ejemplos de reconciliación y acuerdos complejos, desde la transición española hasta la resolución de conflictos en Irlanda del Norte o Sudáfrica, vemos un patrón recurrente: primero se establece la paz y luego se trabaja la justicia. La paz no es sinónimo de justicia inmediata; en una situación de conflicto, ambas partes deben ceder y consolidar un nuevo marco seguro. Solo después se pueden abordar reparaciones, procesos de justicia transicional y la reconstrucción social. La transición española, donde se priorizó la paz para estabilizar un país convulso y luego se avanzó gradualmente hacia reparaciones y reconocimiento de víctimas, es un ejemplo de cómo se puede gestionar un proceso delicado: primero seguridad, estabilidad y convivencia; después justicia y reparación.
Aplicado a Gaza y a Israel, este enfoque sugiere que el verdadero primer paso es proteger vidas, reducir la violencia y establecer espacios donde la cooperación mínima sea posible. La paz, incluso limitada, puede ser el suelo sobre el que construir futuros procesos de justicia y reparación. Y para que funcione, ambos lados deben percibir que están avanzando hacia un objetivo compartido, no hacia la imposición unilateral de intereses o narrativas.
El rol de la sociedad civil y de los observadores externos
Como ciudadanos fuera del conflicto, tenemos un papel limitado, pero no irrelevante. Lo fundamental es entender la complejidad, informarse, escuchar múltiples voces y preguntarse: ¿cuál es mi objetivo? Si es la defensa de la vida y la promoción de la humanidad, entonces debemos evitar la simplificación y la demonización de cualquiera de las partes. No se trata de relativizar la violencia, sino de reconocer que Israel y Palestina son sociedades complejas, diversas y llenas de matices.
Evitar el discurso xenófobo, no demonizar el sionismo ni a Israel en su conjunto, y reconocer la variedad de opiniones dentro de Palestina son pasos básicos, pero poderosos. Escuchar a quienes promueven la coexistencia, a quienes luchan por la justicia sin recurrir a la violencia y a quienes buscan soluciones constructivas en medio del conflicto puede abrir horizontes que las noticias y la polarización mediática muchas veces ocultan.
Llamado a quienes tienen poder
Para quienes están en posiciones de influencia, ya sean líderes políticos, diplomáticos o figuras internacionales con capacidad de mediación, el llamado es igualmente claro: priorizar la defensa de la vida sobre los intereses partidarios, económicos o estratégicos. La empatía y la humanidad deben guiar cualquier acción. Un acuerdo que salve vidas hoy puede ser imperfecto, pero si establece un precedente, una tregua o un marco mínimo de cooperación, puede ser la semilla de un futuro más estable. La historia nos enseña que los avances pequeños y graduales son preferibles a la espera de una solución total que nunca llega.
Mirando hacia adelante: objetivos realistas
El futuro inmediato no debe evaluarse con la lupa de la perfección. Debemos preguntarnos qué es posible lograr hoy y qué prioridades debemos tener. El objetivo fundamental es detener la pérdida de vidas, crear espacios seguros para la población civil y establecer canales de comunicación y cooperación que antes no existían. Todo lo demás, desde la justicia hasta la reparación, puede construirse con paciencia y con la firme convicción de que el respeto a la vida es la base de cualquier proceso duradero.
En un conflicto donde la historia ha enseñado que las heridas son profundas y los odios persistentes, reconocer que ambas partes son víctimas y que ambos tienen la capacidad de actuar con humanidad es un mensaje transformador. La defensa de la vida no exige borrar el pasado ni olvidar los agravios, sino crear un marco en el que la violencia sea menos atractiva y la cooperación más posible. Solo desde ese terreno puede construirse un proceso sostenible hacia la paz y la justicia, paso a paso.

- España, rehén de siete votos: estabilidad ficticia, progreso hipotecadopor Rafael VeraEl presidente del Gobierno ha tomado la decisión después de un fin de semana de reflexión, llamadas y reuniones, en el que la derrota de los dos decretos de vivienda en el Congreso y las manifestaciones del sábado terminaron de dibujar el escenario. Antes de valorar esa decisión, conviene volver la vista hacia los episodios
- Del desgaste a las urnas: Abdelhamid Beyuki analiza las claves del adelanto electoral de Sánchezpor Abdelhamid BeyukiPedro Sánchez ha decidido poner fin anticipadamente a la legislatura y llevar a España a las urnas el próximo 29 de noviembre, una convocatoria que llega apenas unos días después del rechazo en el Congreso de los dos decretos vinculados a la vivienda. En declaraciones a Marruecom, el analista Abdelhamid Beyuki sostiene que la decisión
- Democracia, salud mental y aulas: seis conversaciones para cuestionar lo que damos por sentadopor LADISCREPANCIATEDxCISUniversity reúne el 7 de octubre en Madrid seis voces que exploran la responsabilidad democrática, la presión del deporte de élite y la necesidad de repensar cómo aprendemos. Madrid, octubre de 2026.— ¿Qué sostiene una democracia más allá de las elecciones? ¿Qué ocurre cuando el rendimiento deportivo se convierte en la medida del valor personal?
- Cambio social y vivienda: ¿El comienzo de un nuevo paradigma?por Fernando MoraLa movilización ciudadana ante la crisis de la vivienda confirma un cambio social que recorre toda España y que podría marcar el comienzo de un nuevo paradigma político. Algo está cambiando, pero nadie debería ver en ello un espejismo. Los cambios no son espontáneos y estos se han generado, lentamente, en el seno de la
- No juguemos con las cosas de comerpor Ricardo PeñaHay asuntos importantes de la vida diaria de los mortales que dependen totalmente de la política. Un caso paradigmático es la vivienda. Nos quejamos de que los poderes públicos han ignorado este problema durante años y de que ahora es la principal preocupación de casi todos los ciudadanos: los hijos porque no pueden comenzar su







