Debemos cambiar el enfoque
Fernando Ballestero.
Hace unos días ha salido publicado un libro que invita a una reflexión: DANAS, de Ángel Rivera. Se trata de un libro de meteorología, divulgativo, en el que su autor, meteorólogo responsable de predicción en la AEMET durante muchos años, y experto que dio el nombre de DANA a lo que se conocía como “gota fría”, hace un repaso de cómo se producen estos fenómenos atmosféricos, cuáles han sido las danas más nocivas en las últimas décadas, y hace propuestas para poder enfrentarse mejor a ellas.
El tema es interesante, al ser un fenómeno recurrente en España, que genera víctimas y cuantiosos daños materiales. Es un hecho. Siempre ha habido danas. En términos muy simples, puede decirse que estas son el resultado de unas corrientes o chorros que, por diferentes factores, se “escapan” o salen de los chorros o corrientes naturales que circunvalan la Tierra en las capas altas de la atmósfera, y al juntarse con masas de aire cálido y húmedo que se elevan desde capas más bajas, generan unas lluvias torrenciales. Por sus características geográficas, muchas se han venido originando entre Azores y el golfo de Cádiz, generando las lluvias en la región de Levante, como la de octubre de 2024, la Vega del Segura en 2019 o la presa de Tous en 1982, etc…Pero, según los expertos, cada vez más irán centrándose también en otras zonas de la Península Ibérica. Si a ello sumamos el que el calentamiento global y el cambio climático están provocando más evaporación y más humedad en algunas zonas de la atmósfera, propiciando que haya zonas con intensas sequías y otras con fuertes lluvias, el resultado es que es previsible que el fenómeno de las danas vaya repitiéndose en nuestro país, con las consecuencias que ello tiene para las personas y la actividad en las zonas afectadas.
En opinión de los científicos, es importante profundizar en las investigaciones que permitan conocer mejor la generación de estos fenómenos y su predicción.
Pero coincidiendo plenamente con esta opinión, así como con las medidas que se proponen en el libro para enfrentarse mejor a este problema recurrente, como ciudadanos, nos debe surgir una reflexión adicional.
Las sociedades en las que vivimos, por diversos motivos, se están volviendo cada vez más vulnerables a las amenazas de desastres, aumentando el riesgo de que muchas de estas amenazas se materialicen. Es más, muchas amenazas están cambiando y a su vez otras nuevas están surgiendo. Y nos estamos refiriendo no sólo a las catástrofes naturales, como terremotos, grandes incendios, riadas, erupciones volcánicas, sequías, etc., sino a las pandemias, los grandes fallos tecnológicos, como un apagón eléctrico, o los ciberataques a infraestructuras críticas.
No sorprende, por tanto, que el World Economic Forum, en su último análisis anual de riesgos, que recoge la visión de 900 expertos de todo el mundo, concluye que los riesgos ambientales para la próxima década son alarmantes, y que aunque los conflictos armados están siendo una preocupación prioritaria este año, los fenómenos meteorológicos extremos se conviertan en una preocupación que ocupa el primer puesto en la lista de riesgos a 10 años. Y una apreciación similar es la que se recoge en el Informe sobre las principales amenazas debatido en el Foro Internacional de Seguridad de Halifax, en su edición de 2024, cuando se afirma que los incendios, las inundaciones y las olas de calor se han convertido en la norma y, por lo tanto, la proporción de personas que piensan que un desastre natural importante en su país es una amenaza se sitúe ahora en el 69% en 2024 frente al 58% en 2015.
Ambas son claras referencias internacionales. Para valorar la percepción que tenemos en España nos bastaría recordar lo sucedido en los últimos meses, desde la dana de Valencia a los devastadores incendios en varias Comunidades Autónomas, por no referirnos al volcán de la Palma o a la pandemia de COVID.
Ante todo esto, la reflexión que surge es evidente. En un mundo como el que vivimos, y en un país que, quieran o no quieran los dirigentes políticos, va a tener que enfrentarse en los próximos años a muchos desastres como los comentados, de distinta naturaleza y origen, habría que poner sobre la mesa la afirmación que hacía Álvaro Frutos en un artículo en esta misma Revista hace unas semanas, al referirse a los terribles incendios que han asolado España: “… la frivolidad y el cortoplacismo con el que la clase política española, tanto de derecha como de izquierda, aborda esta crisis, constituye en sí mismo un factor de riesgo adicional y una grave negligencia para con la seguridad de los ciudadanos”…..“ mientras los líderes políticos sigan abordando esta crisis desde el cortoplacismo, la simplificación y la búsqueda del rédito partidista inmediato, estarán fallando de manera flagrante a su deber de proteger a la ciudadanía”.
En definitiva, dentro de los muchos problemas que tenemos en nuestro pais que requerirían un consenso entre las diferentes fuerzas políticas con una visión de estado y no de partidismo político, (sanidad, vivienda, educación, papel en la UE y en el mundo, digitalización…), hay uno que se va a ir manifestando con carácter recurrente y que generará polémicas y enfrentamientos si no se opta por una estrategia consensuada: el modo de prevenir y hacer frente a los riesgos de desastres, tanto naturales como biológicos, tecnológicos o de ciberataques.
Hay que aprender las lecciones que la realidad pone de manifiesto. Ante un problema mayor, que todos sabemos se va a traducir en situaciones de crisis con efectos negativos sobre los ciudadanos y la actividad económica, no caben disquisiciones sobre de quien es la competencia o la responsabilidad. Es una responsabilidad de todos, y más aún de los que han optado por ejercer una actividad política Y dentro de ello está el conseguir que la Administración actúe y funcione con eficiencia y eficacia.
Otra cosa es que algunos piensen que lo verdaderamente importante es seguir descalificándose, insultándose y centrar las críticas en los comportamientos de los entornos familiares de los responsables políticos. ¡Creo que esto sí acaba conduciendo a un desastre, pero de otro tipo!
Por tanto, y para reducir los riesgos de desastres, incluidos los “de otro tipo”, deberíamos asumir un cambio de enfoque ante este tema de las danas, los grandes incendios y los desastres en general. No son necesarios grandes cambios institucionales ni muchos recursos, basta un cambio de actitud en la clase política y en la sociedad civil.
En la clase política, asumir que la Administración está al servicio del ciudadano y, como hemos apuntado, ha de trabajar con eficacia. Se derrochan recursos por no tener implementada una práctica de evaluación, con criterios técnicos rigurosos, de las Políticas Públicas. Cierto es que la ley 22/2022 de institucionalización de la evaluación en la Administración General del Estado ha supuesto un nuevo empuje a esta necesidad que, por otra parte, no es difícil de implementar técnicamente, ya que viene aplicándose en otros países de la OCDE, y en España, hay instituciones que ya lo vienen haciendo. Lo que falta es un consenso para que se consolide de verdad, y se aplique de modo generalizado y en los diferentes niveles de la Administración.
Por último, la sociedad civil ha de jugar también un papel. La creación de asociaciones de “víctimas” y “damnificados”, juegan un papel útil una vez ocurrido el desastre, pero es preciso que surjan asociaciones o grupos dentro de asociaciones ya existentes, sean empresariales, sindicatos, culturales locales, o de otro tipo, que se preocupen por estos temas, analicen y debatan propuestas, y las hagan llegar a los responsables políticos para que se adopte ese cambio de visión. Somos un país con una sociedad muy solidaria y sensible a los desastres, y con una experiencia de que cuando se deben de cambiar las cosas e ir contra las inercias, toda la sociedad ha respondido. Animemos, por tanto, a que este cambio se lleve a cabo. Conseguirlo es posible.
- El telón de acero digital. El veto a Anthropic y la imperiosa necesidad de campeones europeospor Andrés Pedreño MuñozLa drástica decisión de la Administración estadounidense de invocar la seguridad nacional para prohibir a ciudadanos extranjeros el acceso a los modelos de inteligencia artificial más avanzados de Anthropic (Fable 5 y Mythos 5) no es un mero contratiempo
- Emigración y sociedadpor Francisco VelázquezLos conflictos sociales tradicionales en los países, que enfrentaban a los colectivos, clases o grupos de personas con el Estado o con los más poderosos, están cambiando de forma acelerada. En los últimos tiempos, cierto estupor alcanza al observador
- Mundial de Fútbol 2026: el gran escaparate geopolítico de Norteaméricapor Pedro Fuentetaja RubioEntre el 11 de junio y el 19 de julio de 2026, el mundo volverá a detenerse ante la Copa Mundial de la FIFA. Será una edición histórica por múltiples razones: por primera vez participarán 48 selecciones nacionales, se
- El fracaso del FCAS: golpe a la autonomía estratégica europea y oportunidad crítica para Españapor Pedro Fuentetaja RubioResumen ejecutivo EL mayor proyecto europeo en la vertiente de la Defensa ha quedado abandonado después de que las empresas francesas y alemanas implicadas no lograran resolver años de disputas industriales, tecnológicas y estratégicas. Tras meses de negociaciones y
- Desinformación sin fronteras y sin excusaspor Carlos PenedoLa politóloga manchega Máriam Martínez Bascuñán observaba recientemente en un acto público que don Quijote ampliaba la realidad encontrando gigantes donde había molinos; y que en estos tiempos parecemos haber perfeccionado el mecanismo contrario: vemos molinos cuando miramos gigantes. Hay mucho de desinformación







