Francisco Velázquez
Los acontecimientos relacionados con guerras más o menos locales o regionales, o catástrofes en las que el cambio climático tiene una relevancia evidente, generan inquietud y frecuentemente reflexiones que el ciudadano debe tener presente. La actividad de los servicios públicos ha de ser relevante, incluso en muchos casos monopolísticos, pero ello no debe hacernos olvidar que en ocasiones cada vez más evidentes por la velocidad de las redes sociales y los medios de comunicación, su tardanza o inefectividad generan desconfianza, protestas o simplemente inutilidad de la decisión que pretende resolver una situación o paliar dificultades.
En dos acontecimientos ocurridos en los últimos meses podemos observar esta situación: la ayuda prestada en Gaza por los organismos internacionales o agencias no gubernamentales y en la tragedia de la Dana en Valencia, España.
Algunas organizaciones no gubernamentales llegan antes que las instituciones públicas a prestar asistencia a los ciudadanos, por los procedimientos farragosos o a causa de que las decisiones políticas necesitan poner de acuerdo con diversos actores.
En el caso de Gaza, es más fácil en esta coyuntura casi bélica la actuación de organizaciones no gubernamentales que la presencia de aquellas organizaciones dependientes de la Naciones Unidas como la UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para la población refugiada en Palestina),prohibida por las autoridades del Estado de Israel, a pesar de su presencia de décadas en actividades relacionadas con la sanidad, educación y alimentación de la población palestina de la franja de Gaza. Mientras se resuelve esta decisión definitivamente, la actuación de organizaciones no gubernamentales humanitarias puede resolver muchas situaciones de necesidad de la población.
En el caso de la Dana valenciana, por su complejidad y la necesidad de establecer una adecuada coordinación entre las diversas instituciones responsables, las organizaciones no gubernamentales cumplieron papeles de relevancia de carácter complementario, aunque en ocasiones pareciera que se trataba de actuaciones más solidarias que efectivas, pues su utilidad práctica no está demostrada en todos los casos.
No obstante, resulta de relevancia que esta complementariedad que las organizaciones no gubernamentales y los voluntarios en general pueden prestar, se encauce porque su presencia esta garantizada en todos aquellos acontecimientos catastróficos, que, si seguimos a los científicos , serán cada vez más usuales. Este encauzamiento debe formar parte de los planes de prevención y no sería absurdo que en los centros de emergencia se reservase estos papeles complementarios, pero necesarios a las organizaciones que pueden ayudar a resolver los problemas más urgentes de la población.
Como se ha señalado, al poner de manifiesto que en ocasiones algunas ONG llegan antes que las instituciones a los lugares en los que la población está necesitada, Si World Central Kitchen llega antes que nadie a cualquier catástrofe humanitaria es porque en sus principios no existe la frase «y tú más», solo existe «la urgencia de hoy es ayer»( chef José Andres,2025)
Los ejemplos de Gaza o de la Dana Valenciana evidencian precisamente que algo falla en el socorro cuando existen esas masas de ciudadanos que consideran la ineludible presencia en la catástrofe para ayudar a los damnificados y que realizan tareas humanitarias muy loables, pero escasamente efectivas.
Es posible que sea necesaria una revisión de los procedimientos o el establecimiento de cauces de actuación en coordinación con ONG y voluntarios en general , porque la eficacia sería mucho mayor que dejando a la iniciativa personal o familiar la actuación de los voluntarios.
Es falsa la hipótesis de sustitución de las administraciones públicas por el sector privado o por las organizaciones no gubernamentales, pero establecer sistemas de una adecuada colaboración puede generar mayor eficacia para los servicios públicos y en consecuencia una mejora en la confianza de los ciudadanos en sus instituciones públicas.
Los ciudadanos no parecen tener gran cercanía o participación con las organizaciones políticas tradicionales , como revelan las encuestas de opinión sobre la confianza ciudadana, pero los ciudadanos están abandonando en masa las viejas organizaciones políticas oligárquicas que los movilizaban en la era de la modernización, pero se están volviendo más activos en una gran variedad de formas de acción política que desafían a las élites (Ronald Inglehart,1997).
Como se ha afirmado, el funcionamiento de las instituciones democráticas en la era actual debe también tener en cuenta las organizaciones de la sociedad civil, cada vez más presentes en todos los campos de la vida social y cada vez más participadas por los ciudadanos que quizás combaten también de esta forma su desconfianza en las instituciones públicas. Porque la libertad democrática requiere instituciones públicas fuertes, ciudadanos corresponsables y un compromiso colectivo con el bien común.(Meritxell Batet,2025)
Una mayor colaboración entre las instituciones públicas y las organizaciones no gubernamentales prestadoras de asistencia social puede solucionar con mayor urgencia las necesidades en caso de catástrofe: Los imprescindibles y necesarios tiempos que las instituciones publicas necesitan por obligaciones legales y de coordinación, pueden ser paliados y , en consecuencia, atender más prontamente las necesidades ciudadanas.
@fjvelazquez.bsky.social
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