Serie: Observatorio de Conflictos 2025
Vivimos en una época donde la verdad y la mentira han perdido sus fronteras. La desinformación no solo es una herramienta, sino un arma estratégica utilizada para moldear percepciones, manipular emociones y crear realidades alternativas.
La política ha dejado de ser un ejercicio de gestión para convertirse en un espectáculo mediático, en el que los actores no buscan la verdad, sino dominar la narrativa. El auge de las plataformas digitales ha creado un entorno propicio para el avance del populismo y la polarización, proporcionando nuevas herramientas de poder que definen una era en la que la desinformación, junto con la política identitaria y emocional, se consolidan como elementos clave.
Este fenómeno contribuye al surgimiento de una «hipnosis colectiva», en la que los regímenes autoritarios y populistas inducen, de manera meticulosa y con una efectividad sin precedentes debido a los avances tecnológicos, a un progresivo estado de somnolencia en el discernimiento público. En este estado, las mentiras y las sugestiones logran eclipsar la realidad, distorsionando los hechos y consolidando narrativas manipuladoras.
Estados Unidos es un ejemplo claro de lo que es una profunda crisis de confianza y verdad, en la que la desinformación ha alcanzado niveles de prevalencia, persuasión y persistencia comparables a los de la información veraz. Este fenómeno tiene consecuencias geopolíticas de gran alcance: retrasa las respuestas a los conflictos, amplifica su letalidad, fragmenta la gobernabilidad y erosiona los cimientos de la democracia, debilitando potencialmente su influencia global al generar vulnerabilidades explotables por actores externos.
El caos como estrategia política (flooding the zone with shit)
“Los demócratas no importan, la verdadera oposición son los medios de comunicación. Y la forma de lidiar con ellos es inundar la zona con mierda”
(Steve Bannon. Entrevista con el periodista Michael Lewis 2018)
Esta declaración, tan dura como reveladora, define el núcleo del ecosistema político y mediático en el que operan Bannon, Trump y otros actores de la derecha radical. No buscan persuadir ni ganar debates, sino saturar el espacio informativo hasta volverlo irreconocible. Su objetivo es erosionar la confianza pública en las instituciones y en los medios de comunicación, generando un entorno donde la verdad y la falsedad se diluyen en una cacofonía de desinformación.
“No importa si es verdad. No importa si es mentira. Lo único que importa es que haya tanto ruido, tanta información contradictoria, que nadie sepa qué creer. Un periodista intenta verificar un dato y para cuando lo logra, ya le has lanzado diez más. La gente se cansa, se rinde. Y cuando se rinden, confían en el instinto, en la emoción, no en los hechos” (Steve Banonn).
La batalla se libra en el terreno de la opinión pública y de los medios de comunicación, utilizando la desinformación y la polarización como herramientas. La plataforma de Bannon nutrida de constantes provocaciones funciona como un ecosistema
Trump y la radicalización de la política norteamericana
La estrategia de Trump no se limita a una mera reacción; está cuidadosamente pensada y estructurada, como quedó patente en el tenso encuentro del viernes 28 de febrero entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo ucraniano, Volodymyr Zelensky, en la Casa Blanca. Este evento constituye una nueva manifestación de esa «escenificación constante» a la que Trump recurre frecuentemente para ganar visibilidad en la agenda pública.
Desde la radicalización de la política migratoria hasta el desmantelamiento de las estructuras estatales, su proyecto busca transformar el sistema político estadounidense sin reparar en los contrapesos democráticos. El descontento ciudadano con la democracia, un fenómeno global, juega a su favor. La frustración con las limitaciones impuestas por constituciones, tribunales y burocracias ha sido hábilmente aprovechada por Trump para justificar su ofensiva contra los controles democráticos. Su objetivo es debilitar los mecanismos de fiscalización y consolidar un modelo más autoritario, aunque la gran incógnita sigue siendo hasta qué punto podrá lograrlo.
La sociedad estadounidense está profundamente dividida en términos ideológicos, con un alto grado de polarización. Los republicanos y los demócratas ya no se perciben simplemente como adversarios políticos, sino como enemigos existenciales. Trump ha capitalizado esta división, fomentando un discurso de «nosotros contra ellos», impulsado por las redes sociales y medios partidistas como Fox News y Breitbart.
Para imponer su agenda, Trump emplea la táctica del «Flooding the Zone with Shit« (inundar la zona con estiércol), saturando el espacio informativo con una avalancha de anuncios, decretos y escándalos, lo que genera una sobrecarga mediática que desborda tanto la capacidad de respuesta de la oposición como de los medios de comunicación. Esta estrategia resulta especialmente efectiva en un ecosistema digital hiperconectado, donde la atención pública es un recurso limitado y volátil.
Ante esta dinámica, los demócratas han decidido no responder a las provocaciones y enfocar su estrategia en el ámbito judicial. Hasta el momento, el Partido Demócrata no ha logrado presentar un líder fuerte capaz de canalizar el descontento popular. Su esperanza es que, si las instituciones democráticas logran resistir hasta 2026 o 2028, el electorado podría rechazar la agenda de Trump y generar una corrección política. Sin embargo, aunque la oportunidad política de Trump es, por ahora, limitada, tiene dos años antes de las elecciones legislativas para consolidar sus cambios. Además, Trump no se enfrenta a una Corte hostil, ya que ha logrado llenarla de jueces alineados con su agenda.
La estabilidad de EE. UU. no solo depende de la voluntad del pueblo, sino también de las decisiones que tomen Wall Street, Silicon Valley y el Pentágono. Hasta ahora, muchos en el establishment han tolerado a Trump, pero si perciben que su gobierno pone en riesgo la estabilidad del sistema, podrían retirarle su apoyo.
¿Revolución reaccionaria o simple radicalización?
Trump no solo busca reformas conservadoras tradicionales, sino una transformación estructural de la democracia estadounidense. Su estrategia se apoya en órdenes ejecutivas de amplio alcance con cláusulas de salvaguarda que aseguran que, aun si ciertas partes son anuladas en los tribunales, el grueso de las reformas continúa vigente.
Más que un conjunto de políticas se trata de una revolución reaccionaria destinada a socavar los mecanismos de control democrático. El éxito de esta estrategia dependerá no solo de la correlación de fuerzas en los tribunales, sino también de la dinámica política de los próximos años. Hasta ahora, la táctica ha generado un clima de inestabilidad y polarización extrema. La pregunta es si la agenda de Trump seguirá el destino de sus predecesores y será revertida con el tiempo, o si marcará el inicio de una transformación irreversible en la democracia estadounidense.
El populismo, a menudo, promete soluciones simples a problemas complejos, y en este caso, la promesa de recuperar empleos o expulsar inmigrantes pasa por alto las interconexiones globales y las transformaciones tecnológicas que están dando forma al futuro económico. Probablemente la solución pase por un enfoque más integral que considere aspectos como:

El futuro de EE.UU. dependerá de su nivel de resiliencia frente a la polarización y la crisis económica. Mientras el populismo siga siendo funcional para las élites y el descontento no alcance un nivel crítico, el sistema podrá sostenerse. Sin embargo, si se combinan una crisis severa, violencia política y el separatismo estatal, el país podría enfrentar un escenario de fragmentación o guerra interna. La clave estará en ¿cuánto más puede aguantar la sociedad estadounidense antes de romperse o reconfigurarse?
Hipótesis escenarios potenciales
| HORIZONTE TEMPORAL | ESCENARIO 1 | ESCENARIO 2 | ESCENARIO 3 |
| Continuidad (Radicalización controlada) | Ruptura política y social (Conflicto abierto) | Reacción (Reconfiguración democrática) | |
| Corto (1-3 años) | Trump consolida su poder con represión moderada, pero sin colapso total. | Creciente violencia política (enfrentamientos entre grupos extremistas). | Movilización masiva contra Trump (posible crisis institucional). |
| Medio (3 a 7 años) | EE.UU. se transforma en una democracia iliberal con elecciones controladas. | Estados como Texas o California desafían abiertamente el poder federal. | Trump es destituido o pierde apoyo; nuevos líderes restauran el equilibrio. |
| Largo (7-15 años) | Consolidación de un modelo autoritario estable, tipo Rusia o Hungría. | Fragmentación de EE.UU. (autonomía extrema o independencia de algunos estados). | Reformas políticas profundas que evitan el colapso del país. |
Los riesgos geopolíticos de la estrategia del caos
En un mundo donde la información es un campo de batalla, el caos planificado se convierte en una herramienta clave de la guerra híbrida, generando un entorno geopolítico volátil que socava las democracias y debilita la capacidad de respuesta ante crisis globales. En este sentido, la estrategia del caos de Trump, con su enfoque transaccional y unilateral, está debilitando las alianzas estratégicas, lo que aumenta la probabilidad de conflictos regionales y reconfigura el equilibrio de poder mundial, favoreciendo a actores como Rusia y China. En este escenario, la estabilidad global es más frágil y el margen de maniobra para resolver los conflictos mediante la diplomacia se reduce significativamente.
A nivel interno, el populismo liderado por Donald Trump y el movimiento MAGA, ha evolucionado hasta convertirse en una fuerza política central, exacerbando las divisiones e impactando directamente en la estabilidad del país, así como, en su capacidad para proyectar liderazgo global. El respaldo a movimientos de ultraderecha y los constantes ataques a las instituciones democráticas están erosionando la influencia de EE.UU. como referente democrático. Su consolidación plantea interrogantes sobre el futuro del país y los posibles escenarios de crisis y transformación. Factores como la crisis económica, la violencia política y los movimientos secesionistas podrían redefinir el mapa geopolítico del pais.
Por otra parte, la utilización de narrativas conspirativas y desinformación en la política exterior debilita no solo la confianza en el país sino en los organismos multilaterales, como la ONU, la OMC y el FMI, debilitando la cooperación global en cuestiones fundamentales como el cambio climático, la seguridad internacional y el comercio. Las políticas proteccionistas de Trump y su uso de sanciones selectivas aumentan la incertidumbre en los mercados y afectan negativamente a sus aliados estratégicos. Además, su discurso populista está fomentando el resurgimiento de movimientos nacionalistas en Europa y América Latina, fragmentando aún más el orden internacional.
En este contexto, la estrategia del caos promovida por Trump está generando riesgos sustanciales para la estabilidad global y la seguridad internacional. Uno de los impactos más notables de esta táctica es la constante presión que ejerce sobre los aliados de la OTAN, lo que está fracturando la cohesión interna de la alianza y dejando a Europa más expuesta ante la creciente amenaza rusa. Además, la retirada del liderazgo estadounidense en conflictos estratégicos, como la guerra en Ucrania, está creando un vacío de poder que Rusia no tarda en aprovechar para avanzar con determinación en su agenda territorial. De forma paralela, su política de presión sobre Corea del Sur y Japón podría generar tensiones en la región Asia-Pacífico y podría debilitar la disuasión frente a China y Corea del Norte.
El desinterés de Trump por el multilateralismo en Oriente Medio, sumado a su alineamiento inquebrantable con Israel sin concesiones hacia Palestina, junto su enfoque de máxima presión sobre Irán, carente de una estrategia diplomática clara, puede desencadenar una escalada de conflictos en la región con repercusiones globales. Su postura ambigua sobre Taiwán y su política de presión sobre China que aumenta el riesgo de un conflicto militar en el Indo-Pacífico.
Para finalizar, la guerra comercial y tecnológica con China se ha intensificado bajo su mandato, fragmentando aún más la economía global y afectando la estabilidad de los mercados emergentes. El discurso beligerante y sus políticas proteccionistas aumentan las fricciones y elevan las tensiones geopolíticas en áreas clave.
Referencias
Bannon, S. (2017). «The Great Game: A Conversation with Steve Bannon.» The American Conservative. Recuperado de: www.theamericanconservative.com
Greenwald, G. (2017). «The War on the Media: Steve Bannon and Trump’s Information War.» The Intercept. Recuperado de: www.theintercept.com
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Network Propaganda: Manipulation (2018), Disinformation, and Radicalization in American Politics. Oxford University Press. Expone cómo la estrategia de saturación informativa es utilizada por redes mediáticas de derecha radical en EE.UU.
Baker, P., & Haberman, M. (2018). The Manipulation of the Media and Public Opinion in the Trump Era. The New York Times. Recuperado de: www.nytimes.com
Zengler, T. (2019). Disruption and Media Overload: How the Digital Age Alters Political Strategies. Harvard Business Review. Recuperado de: hbr.org
RAND Corporation (2019) – Truth Decay: An Initial Exploration of the Diminishing Role of Facts and Analysis in American Public Life.Describe la erosión de la confianza en la verdad y el impacto de la desinformación en la política y la sociedad.
The Atlantic (2021) – Steve Bannon’s Grand Plan for 2024. Examina la influencia de Bannon en la política estadounidense y su estrategia de desinformación.
The Washington Post (2022) – Trump’s Flood-the-Zone Strategy and the Future of American Democracy. Analiza cómo la estrategia de caos informativo afecta la gobernabilidad y la percepción pública.
La Era del Conspiracionismo (2024) Ignacio Ramonet
La Era de la Revancha (2025) Andrea Rizzi
Fuentes: HUMINT, SIGINT y OSINT


