No. No me he equivocado. Cicerón usaba el singular de la segunda persona, porque se dirigía sólo a Catilina. Yo uso la tercera persona del plural porque me dirijo a más de un Catilina, porque abusando, lo que se dice abusar de nuestra paciencia hay muchos. Tantos, casi, como dirigentes tenemos al frente de la otrora llamada gobernación de la res publica, en todos sus niveles.
En estos días somos muchos los que en nuestro agotamiento de la paciencia hemos subido bastantes enteros en el impotente medidor que todos llevamos. Tengo muchos conmilitones de mi Partido que dicen que no debemos hacer estas reflexiones en público. Pero creo que hay cosas en que el silencio cómplice, justamente en temas de este calado, no hace ningún favor a eso que dicen querer defender que es la coherencia y fidelidad a unas ideas y unos principios, incluso a esas mismas siglas.
Considero que en este tema del entreguismo que se viene haciendo a los nacionalistas excluyentes, so pretexto de “pacificar” Cataluña, no ha bastado con todo lo que han conseguido: corregir ad hoc el tipo penal de la malversación, derogar la sedición, indultar a los sediciosos (No se preocupe señora Borrás, que todo se andará), amnistiar todos los delitos relacionados con el proceso independentista, ceder cercanías, imponer el uso del catalán fuera del marco geográfico al que obliga la Constitución, transigir con las “embajaditas”, aceptar el próximo repliegue del Seprona, el despliegue porque sí de la Policía del Mar de los Mossos, la simbólica cesión del edificio del Cuerpo Nacional de Policía en Vía Layetana, la financiación singular, la condonación de la deuda del FLA luego extendida generosamente al resto de comunidades autónomas, la constitución de comisiones de ¿investigación? en el Congreso de los Diputados sobre terrorismo islamista en Cataluña con esperpénticas comparecencias de un terrorista engrilletado y custodiado por policías en sede parlamentaria y desclasificación de documentos del CNI (incluido el cese de su anterior Directora), arrinconamiento de la educación en castellano, etc., etc., etc. No. No ha bastado todo eso. Había que mostrar con ostentación, jactancia, vanagloria, pavoneo, lucimiento, petulancia, y más conceptos similares, …que ya ejercemos competencias propias de un estado, preparando la soberanía que está al llegar. Así de a gusto se ha despachado el Nada Honorable Prófugo desde su dorado “exilio” (¡ Qué sabrá este personaje lo que es un exilio !) al referirse a la cota de entreguismo que ha conseguido desde La Moncloa, por un puñado de siete votos habilísimamente manejados.
Todo lo que se ha cedido a la insultante insaciabilidad del separatismo sedicioso hasta ahora es poco comparado ciertamente con lo de ahora. Y no siendo poco, que es más que muchííííííísimo lo que han rapiñado, esto desborda cualquier argumentario de la razonabilidad sobre el modelo de estado. Es ciertamente, como ha dicho el prófugo, ejercer competencias propias de un estado nación. La defensa de fronteras, la policía de documentación y extranjería se van a delegar en una comunidad autónoma, y además, no a petición de la misma, sino a instancias un partido proclamadamente xenófobo.
Esto ya no es un avanzar en la pretendida federalización del estado; ni en la confederación; es algo más: es entregar políticas extraordinariamente sensibles en estos tiempos y regalar unas prácticas administrativas propias del Gobierno del Estado unitario que es España, más allá de las zarandajas inventadas de estado compuesto, o como quieran los teóricos llamarlo. Y esto no es delegable políticamente.
Desde la supuestamente superior y acreditada autoridad de los conocimientos constitucionales y sobre la legislación positiva en materia de extranjería, inmigración y documentación de los negociadores de los vergonzantes encuentros en Suiza, con mediador internacional por si acaso, se ha decidido que se dan las condiciones para delegar esta competencia exclusiva del Gobierno de España, porque ”…inmigración, emigración, extranjería y derecho de asilo”, aun siendo materia de titularidad estatal, resulta que, ahora, sólo ahora, son “por su propia naturaleza susceptibles de transferencia o delegación”. (Artículos 149.1.2ª en relación con el 150.2 de la Constitución todavía vigente). Y como, además, lo tramitaremos como proposición de ley, pues no habrá informes preceptivos del CGPJ, ni del Consejo de Estado, ni habrá la preceptiva memoria de análisis de impacto normativo, que incluye el impacto económico y presupuestario. ¡Qué casualidad! Justo ahora que se hace público el inevitable incremento de la plantilla de los Mossos d´Esquadra que, mire usted, se paga con cargo a los presupuestos Generales del Estado, y que, por cierto, dicen las terminales en España del prófugo, que esto nada tiene que ver con la eventual próxima tramitación y aprobación de esos presupuestos generales que todos necesitamos tener ya. Ya pondrán al cobro otra factura.
Y si alguien acudiera al Constitucional, ya veremos cómo se ahorma allí una doctrina permisiva con este despropósito. ¡Que esto se afina en un rato ! (¿Te suena este aserto, querido lector?)
Este ya veterano servidor público que lo fue, participó en Comisiones Mixtas de Transferencias desde el lejano tiempo del Ente Preautonómico de Andalucía; luego en el tiempo autonómico y, por vicisitudes diversas, estuvo a un lado y a otro de la mesa de negociación: primero de la administración autonómica y luego en lado de la General del Estado. Pero siempre, siempre, la negociación de traspaso de funciones, de sus medios humanos y materiales, se hacía entre dos administraciones: la cedente y la cesionaria. No había representación de partidos. Aquí se ha pervertido el modelo: han negociado dos partidos. Uno, del que es mayoritario del gobierno de coalición y de la mayoría parlamentaria intitulada de progreso. Y por el otro, un partido no de gobierno, de oposición, y además contrario declarado al orden constitucional que acepta por imperativo legal, contra el que dio un golpe de estado desde la administración que entonces encabezaba. Y hasta este momento, justamente, es estruendoso el silencio mantenido desde la Administración que recibirá la competencia con Ley Orgánica de Cortes Generales y presumible sentencia del Constitucional, mediante.
Visto que resulta complicado sacar a Cataluña de España, saquemos a España de Cataluña. Ésa es la inspiración de estos separatistas.
Estamos en tiempos de perversión de los principios. Y no sólo se pervierten desde el Despacho Oval. Hay despachos más próximos de este lado del Atlántico, en la piel de toro, en que saltan esos principios políticos de sustento de un modelo de Partido con vocación de proyecto autónomo, de ciego respeto a los principios constitucionales, no forzados ni sesgados para un cortoplacismo torpe.
Muchas veces en el devenir de estos últimos tiempos cuando se hacían cesiones a estos nacionalistas excluyentes, muchos nos preguntábamos dónde acabará esto. Pues estamos llegando a lugares insospechados y no valen las cábalas sobre el futuro. ¿Se pedirán desde este chantaje sin fin, nuevas competencias de las llamadas exclusivas del artículo 149.1 de la Constitución? Y lo peor, ¿serán también graciosamente concedidas porque así lo exija el interés general que se considere a cada hora de una negociación? Pues visto lo visto, este interés general no es sino el inmediato de una votación en Cortes Generales, que no el interés general de España. No quiero seguir con el correlativo numeral de las competencias que se reserva el estado en los números siguientes de este artículo 149. Véalos por usted mismo, querido lector, y saque sus conclusiones.
¿Serán también agraciadas en el sorteo las otras Comunidades con policías autonómicas como País Vasco, Navarra y hasta por qué no Canarias que tiene ese indefinible Cuerpo General de Policía Canaria? Los negociadores nacionalistas, incluso, ya han dicho que esto es sólo para ellos. Ya deciden, también, por los demás. ¡Ah! Se me olvidaba, previo examen de lengua catalana.
Ya conocimos aquel magnífico pacto del Majestic. Y aquí seguimos cediendo y cediendo. Pobres padres constitucionales.
A estas alturas, no sé ya qué pensar. Sólo pienso en el sentido atemporal de la frase de mi recordado vecino de escaño Ramón Rubial: Primero España, luego el Partido y después nosotros.
Alfonso Garrido Ávila
Militante socialista.
Ex Delegado del Gobierno de España en Andalucía.
Ex Senador.


