viernes 9 octubre, 2026

«Navegar y guardar la ropa»

La sabiduría de mi abuelo y la estrategia de China 

Marta Montoro, vicepresidenta y directora de la Fundación Cátedra China

De pequeña, mi abuelo Vicente solía repetir una frase que en casa se convirtió en toda una filosofía: “Hay que saber navegar y guardar la ropa”. Yo entonces no entendía del todo lo que quería decir. Con el tiempo, comprendí que se refería a la prudencia inteligente, a la capacidad de avanzar sin perder lo esencial, de adaptarse sin renunciar a lo que da estabilidad. Hoy, al analizar el XV Plan Quinquenal de China (2026-2030), aprobado recientemente por el Comité Central del Partido Comunista de China y que se ratificará en marzo durante las Dos Sesiones, no puedo evitar pensar en él.

China, en muchos sentidos, encarna esa sabiduría de navegar y guardar la ropa. El nuevo plan quinquenal es un ejemplo perfecto de cómo el país traza su rumbo hacia el futuro con ambición, pero sin dejar al azar los factores que garantizan su estabilidad interna. A diferencia de las políticas reactivas que vemos en otros lugares, los planes quinquenales chinos son ejercicios de previsión, resultado de un largo proceso de evaluación, consulta y análisis en el que participan numerosos estamentos de la sociedad: economistas, académicos, funcionarios, líderes locales y expertos sectoriales.

Como directora de la Fundación Cátedra China, tengo la oportunidad de estudiar de cerca estos procesos, y siempre me sorprende la profundidad con la que se elabora cada plan. No hay improvisación, ni consignas vacías: hay formación, estudio y una convicción compartida de que la estabilidad del país se construye desde la planificación. Los políticos chinos no improvisan; se preparan durante años para comprender los fundamentos de la gobernanza, la economía y la sociedad, y eso se nota en cada línea de los documentos estratégicos del país.

Este XV Plan Quinquenal no rompe con lo anterior, sino que continúa una línea sólida: la apuesta por la ciencia y la tecnología, el desarrollo de nuevas fuerzas productivas, la apertura económica, el turismo —interno, externo e internacional— y la cooperación global, con especial énfasis en el apoyo a los países en desarrollo. También destaca el papel de la cultura como fuerza integradora y de proyección internacional. Pero si hay un eje central que define este nuevo plan, es la autosuficiencia en ciencia y tecnología.

China ha comprendido que su futuro depende de su capacidad para innovar por sí misma. Y no se trata de cerrarse al mundo, sino de asegurar que el progreso no dependa de factores externos inestables. La autosuficiencia no es aislamiento; es un compromiso con la estabilidad. En ese sentido, este plan quinquenal busca reforzar la independencia tecnológica como garantía de desarrollo sostenido, para que el país no quede expuesto a vaivenes o tensiones geopolíticas.

Cuando se estudia la historia de China, se entiende por qué. Desde la Primera Guerra del Opio, los pensadores chinos ya hablaban de la necesidad de garantizar la autosuficiencia alimentaria. En las últimas décadas, esa visión se ha hecho realidad: la tecnificación de la agricultura y la mejora de las zonas productivas han permitido al país alcanzar la autosuficiencia en grano, lo que ha sido clave para erradicar la pobreza extrema. Casi 800 millones de personas han salido de esa situación, un logro sin precedentes en la historia humana.

Esa autosuficiencia alimentaria fue el primer paso. Ahora, el desafío es lograr lo mismo en ciencia y tecnología, con el objetivo de consolidar un modelo de desarrollo que combine independencia, innovación y apertura. China no busca aislarse, sino avanzar con autonomía y seguridad. O, como decía mi abuelo Vicente, navegar sin perder la ropa.

Esa es, a mi juicio, una de las grandes lecciones que China ofrece al mundo: la previsibilidad. Quien coopera con China sabe a qué atenerse, porque los planes quinquenales definen con claridad las líneas de trabajo del país. No hay giros bruscos ni improvisaciones políticas, sino un camino trazado, revisado y cumplido. Para los países que buscan estabilidad en la cooperación, esta previsibilidad es un valor incalculable.

Cuando leo este XV Plan Quinquenal, me viene a la mente la voz de mi abuelo, firme pero tranquila, recordándonos que la prudencia no es pasividad, sino inteligencia en el movimiento. China está navegando hacia un futuro de alta calidad, innovación y apertura, pero lo hace sin soltar la ropa: cuidando la estabilidad, protegiendo su desarrollo y ofreciendo al mundo un rumbo claro.

Y pienso que, si mi abuelo Vicente hubiera tenido la oportunidad de leer este plan, habría sonreído satisfecho. Porque sabría reconocer en él lo que siempre defendió: que solo quienes saben cuidar lo esencial pueden permitirse avanzar sin miedo.

Sailing and Keeping the Clothes: My Grandfather’s Wisdom and China’s Strategy
Marta Montoro, Vice President and Director of Fundación Cátedra China

When I was a child, my grandfather Vicente used to repeat a phrase that became a kind of family philosophy: “You must know how to sail and keep your clothes.” At the time, I didn’t fully understand what he meant. Years later, I realised he was talking about intelligent prudence — the ability to move forward without losing what truly matters, to adapt without giving up stability. Today, as I analyse China’s 15th Five-Year Plan (2026–2030), recently approved by the Central Committee of the Communist Party of China and set to be ratified next March during the Two Sessions, I cannot help but think of him.

In many ways, China embodies that same wisdom of sailing and keeping one’s clothes. The new Five-Year Plan is a perfect example of how the country charts its course towards the future with ambition, yet never leaves stability to chance. Unlike reactive policymaking seen elsewhere, China’s Five-Year Plans are exercises in foresight — the result of extensive evaluation, consultation, and analysis that involve multiple sectors of society: economists, academics, civil servants, local leaders, and specialised experts.

As Director of Fundación Cátedra China, I have the opportunity to study these processes closely, and I am always struck by the depth of their preparation. There is no improvisation, no empty slogans — only study, discipline, and a shared conviction that national stability is built through planning. Chinese politicians are highly trained; they prepare for years to understand the fundamentals of governance, economics, and society. This is evident in every line of the country’s strategic documents.

This 15th Five-Year Plan follows a clear and consistent path. It continues to prioritise science and technology, the development of new productive forces, economic openness, and high-quality growth. It places special emphasis on tourism — both domestic and international — on cultural development, and on cooperation with other nations, especially developing countries. Yet at its heart lies a particularly ambitious objective: achieving self-sufficiency in science and technology.

China has understood that its future depends on its own capacity to innovate. This is not about closing itself off from the world; it is about ensuring that progress does not depend on unstable external factors. Self-sufficiency is not isolation — it is a commitment to stability. In this sense, the new Five-Year Plan seeks to reinforce technological independence as the foundation of sustained growth, shielding the country from unpredictable geopolitical shifts.

History explains why this idea resonates so strongly in China. Since the First Opium War, Chinese thinkers have spoken about the importance of food self-sufficiency. Over recent decades, that goal has been achieved: through the modernisation of agriculture and the improvement of productive regions, China has ensured grain self-sufficiency. This achievement has been central to the eradication of extreme poverty — nearly 800 million people have been lifted out of poverty, an unprecedented accomplishment in human history.

Food self-sufficiency was the first step; now the goal is technological self-sufficiency. The next five years will be crucial for China to consolidate a development model that combines independence, innovation, and openness. The objective is not to isolate the country, but to move forward with autonomy and confidence — or, as my grandfather Vicente would say, to sail without losing the clothes.

To me, this is one of China’s greatest lessons to the world: predictability. Those who cooperate with China know what to expect, because the Five-Year Plans clearly define the country’s political and economic priorities. There are no sudden turns or improvisations — just a carefully designed roadmap that is reviewed and implemented with consistency. For any nation seeking stable cooperation, that predictability is an invaluable asset.

When I read this 15th Five-Year Plan, I hear my grandfather’s voice again — calm but firm — reminding us that prudence is not passivity, but intelligence in motion. China is sailing towards a future of innovation, openness, and high-quality growth, yet doing so without letting go of its stability and core principles.

And I like to think that if my grandfather Vicente had had the chance to read this plan, he would have smiled with quiet satisfaction. Because he would have recognised in it the same wisdom he always tried to teach us: that only those who know how to protect what truly matters can afford to move forward without fear.

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