Hubo un tiempo…
Alberto Morate
La luz del alba sigue iluminando el planeta desde que se creó, no voy a entrar en disquisiciones del cómo.
Hubo animales y plantas, que fueron desarrollando su genética, lavadas y peinadas, para pasar desde el Pleistoceno, primera época del período Cuaternario, que es cuando aparecen los primeros Homo sapiens, es decir, monos sin espejos.
Mono es el planteamiento que nos hace llegar Dani Llull para salpicarnos con sus dudas, con la escarcha, cada vez menos, de aquella época glacial, la edad de Hielo, donde las decisiones que se tomaban influyeron notablemente en nuestra forma de vida actual. Incluyendo los sueños, el descubrimiento del fuego, el homo habilis, el homo erectus, el homo heidelbergensis, los neandertales y el sapiens finalmente, conviviendo con una fauna de mamíferos de gran tamaño, que acababan sucumbiendo debido a la caza, sin control ni criterio. Hasta que hubo un cambio climático y hubo subida de las temperaturas, y hubo incendios, y hubo tormentas, y hubo terremotos, y hubo volcanes y hubo especulaciones, hubo huida hacia otros territorios, hubo malas gestiones, quitarle importancia, estar desaparecido en comidas, sacudirse el polvo del camino diciendo yo no he sido. ¿Os suena algo esto?
Dani Llull, con su característico sentido del humor, se despereza y, a partir de una novela de Roy Lewis, El hombre de la evolución, donde ni los hijos del gran Mono humano son capaces de entenderlo y se lo quieren comer, nos plantea una metáfora teatral y humanista de ascendencia biológica.
El elenco, que son Alumnos de la Formación Artística Tarambana – Espacio T3 y Ensamble Producciones, responde fielmente al acecho de terror y angustia que les proporcionan los cambios, los descubrimientos, el riesgo, el progreso imparable, lo desconocido y lo nuevo.
Con una puesta en escena sencilla, entregados sin soberbias ni egos, no se resisten al texto irresistible y de enjundia que nos hace pensar a los espectadores que no hay nada nuevo bajo el sol, que la tecnología avanza, que los miedos y los sueños siguen presidiendo gran parte de nuestro pensamiento, que no dejamos en paz a la naturaleza, y así nos va, que nos gusta imaginar, sentir, amar, creer, que aunque seamos humanos también podemos ser animales de costumbres, que el futuro ya está aquí aunque no queramos reconocerlo, como no lo reconocen los vástagos de Edward, el primer gran hombre Mono, según este estupendo espectáculo.
Mono caminante en dos patas, que no puede estarse quieto. Y elucubra y crea arte, imagina y sufre, es capaz de matar con la misma facilidad que engendrar, que sueña y se decepciona.
A veces, para hablar claro, es necesario el teatro, la poesía, la comunicación, por supuesto, el conocimiento para, de manera velada, pero artística, nos cuenten lo que está sucediendo, lo que ocurrió entonces, lo que repetimos, lo que puede volver a ocurrir si no estamos atentos.
No dejamos de ser Monos, animales que se mueven muchas veces por instinto e intuición. Aunque ahora, me temo, que todos los animales salvajes son domésticos y los humanos, los salvajes, matándonos entre nosotros, y atendiendo, principalmente, al presupuesto.

FICHA ARTÍSTICA
MONO
Dramaturgia: Dani Llull, inspirado en una novela de Roy Lewis
Dirección: Dani Llull y Hugo Nieto
Elenco: Alumnos de Formación Artística Tarambana – Espacio T3 y Ensamble Producciones
Carmen Alcaide, Elena L. Borrego, Marián Sánchez, Patri Sanz, Adelardo Ventura.
Música: Creación colectiva Tarambana y Ensamble
Producción: Ensamble Producciones, S.L.
Sala Tarambana
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