martes 17 marzo, 2026

La Era de las expectativas limitadas

Paul Krugman, premio Nobel de Economía en 2008, esperó hasta el 2016 antes de abordar con el título: La era de las expectativas limitadas reflexiones publicadas por editorial Ariel traducido en algunas ediciones como expectativas ilimitadas y en otras por expectativas limitadas. Se entiende que el autor quería tratar de la reducción de las expectativas y sus consecuencias cuando no se cumplen los objetivos previstos y se cae en la frustración y el desánimo.   

El conocimiento crítico de las crisis económicas pasadas y de sus consecuencias a corto y a largo plazo son indispensables, según Krugman, para entender cualquier situación actual. En esta obra clásica, el nobel analiza la economía desde una premisa aparentemente sencilla: las cosas importantes de la economía son las que afectan al nivel de vida de las personas: la productividad, la distribución de la renta, el desempleo… Si son satisfactorias, nada puede ir mal, pero si no lo son, nada puede ir bien. 

Krugman amplia y desarrolla la teoría de la motivación de la expectativa: definición y cómo usarla. Si aprendemos qué motiva a nuestros colegas a trabajar más duro, podremos asignar tareas, establecer metas y distribuir recompensas significativas de mejor manera. En este artículo, revisaremos qué es la teoría de la motivación de la expectativa y cómo podemos usarla para motivar a otros en el lugar de trabajo. La teoría de la motivación de la expectativa es la creencia de que un individuo elegirá sus comportamientos en función de lo que cree que conducirá al resultado más beneficioso. Esta teoría depende de cuánto valor le da una persona a las diferentes motivaciones, lo que se traduce como resultado en una decisión que esperan que les dé  un mayor rendimiento por sus esfuerzos en las siguientes tres variables centrales:

1- La expectativa se basa en la creencia de que si un individuo aumenta sus esfuerzos, su recompensa también aumentará.

2- La expectativa es lo que impulsa a una persona a reunir las herramientas adecuadas para realizar el trabajo, que podrían incluir  materias primas y recursos. Habilidades para realizar el trabajo. Apoyo e información de supervisores.

3-Algunos de los factores más comunes asociados con su nivel de expectativa incluyen el Crecimiento de la productividad. La productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo. La capacidad de un país para mejorar su nivel de vida a lo largo del tiempo depende casi por entero de su capacidad para aumentar su producción por trabajador. Los veteranos de la segunda guerra mundial volvieron a casa y a una economía que duplicó su productividad durante los veinticinco años siguientes. En consecuencia, hallaron que alcanzaban niveles de vida que sus padres jamás habían imaginado.  

Los veteranos del Vietnam volvieron a casa y a una economía que incrementó su productividad menos de un 10 por ciento en 15 años. Por consiguiente, hallaron que no vivían mejor —y en muchos casos peor— que sus padres. A pesar de que la abrumadora importancia de la productividad debería ser obvia, no todo el mundo lo entiende, o lo que es peor, la gente piensa que la productividad es importante por las razones incorrectas, tales como para fortalecer nuestra competitividad internacional. Por lo tanto, vale la pena pensar un momento sobre el tema. Como punto de partida, podría ser útil pensar en cómo estarían relacionados la productividad y los niveles de vida si los Estados Unidos no tuvieran comercio exterior. Esto puede parecer una omisión ultrajante, dado que muchas personas piensan que la productividad es importante precisamente porque necesitamos ser productivos para competir en los mercados mundiales. Pero ello no es realmente correcto, e imaginar una economía sin comercio es una buena manera de ver por qué. Supongamos, por tanto, que la economía de los EE.UU. no tiene comercio exterior, de manera que todo lo que consumimos tiene que ser fabricado en el mismo país (Incidentalmente, no se trata de una aproximación tan mala a la realidad. Incluso en 1996, con una economía mundial más integrada que nunca, alrededor del 87 % de los bienes y servicios que se consumían en los Estados Unidos se producirán allí.) ¿Cómo podríamos incrementar nuestro consumo per cápita? Como cuestión de pura aritmética, sólo hay tres formas: (i) (ii) Podríamos incrementar nuestra productividad de manera que cada trabajador produzca más. Podríamos poner a trabajar a una parte mayor de la población. (iii) Podríamos apartar una fracción menor de nuestra producción como inversión para el futuro y dedicar más de nuestra capacidad productiva a manufacturar bienes para el consumo corriente. Obviamente, (iii) no es una manera de incrementar el consumo a largo plazo.  Podemos consumir más durante un tiempo invirtiendo menos, pero ello seguramente influirá en nuestra capacidad para consumir posteriormente. La opción (ii) puede funcionar durante un tiempo si una fracción sustancial de la población está desempleada o si el cambio social aporta nuevos grupos a la mano de obra. Así, tuvo lugar un rápido crecimiento de la fracción de población empleada cuando Estados Unidos superó la depresión y, nuevamente, en los años setenta cuando las mujeres se incorporaron en gran número a la mano de obra. Pero en el largo plazo hay límites evidentes.

Podemos aumentar la porción de la población empleada de un 57 % a un 62 %, como hicimos en los años setenta y en los ochenta, pero no podemos incrementarla en un 105 %. Por consiguiente, el único modo en que se puede lograr un crecimiento continuo y a largo plazo de los niveles de vida es aumentando la productividad. En la actualidad, el consumo real per cápita en los Estados Unidos es de unas cuatro veces el de principios de siglo. Lo mismo ocurre con la productividad. Ahora volvamos a introducir el comercio exterior en el cuadro. Como economía comercial, los Estados Unidos envían al extranjero parte de su producción como exportaciones, mientras importan parte de lo que su gente consume. Si, de algún modo, podemos conseguir importar más sin tener que exportar también más, podemos incrementar asimismo nuestro consumo. Por lo tanto, ello añade dos nuevas maneras en que puede aumentar el consumo per cápita: (iv) Podemos importar más sin vender más al extranjero, lo cual significa que tenemos que tomar activos prestados o venderlos para pagar las importaciones extraordinarias. (v) Podemos obtener un precio mejor por nuestras exportaciones de manera que podamos permitirnos importar más sin tomar prestado. Obviamente, (iv), al igual que (v), es una opción únicamente a corto plazo, dado que, al final, los empréstitos precisan ser devueltos. En cuanto a (v), el problema es cómo persuadir a los extranjeros para que paguen más por nuestros bienes. La única forma fiable de hacerlo es mejorar nuestros bienes, lo cual es en realidad, precisamente, un aumento de la productividad bajo otro nombre. Por lo tanto, la aritmética básica dice que el crecimiento a largo plazo de los niveles de vida, del mismo modo que la duplicación de nuestro nivel de vida en la generación que siguió a la segunda guerra mundial o multiplicación por diez en los niveles de vida que ha experimentado el Japón desde 1950, depende casi por entero del crecimiento de la productividad. Productividad y competitividad. Mucha gente cree que la razón principal de la importancia del crecimiento de la productividad para la economía norteamericana es que nos permitirá competir en la economía mundial. Esta idea es falsa: el crecimiento de la productividad no es más (ni menos) importante en una economía abierta al comercio internacional que en una cerrada. Tasa anual de crecimiento 2,5 2,0 1,5 1,0 0,5 0 Productividad Renta media 1947-1973 1973-1994.  El estancamiento de los salarios familiares reales durante las décadas de los setenta y los ochenta, al igual que la creciente renta de la generación previa, vinieron dados por tendencias en la productividad. La duplicación de la productividad desde la segunda guerra mundial hasta 1973 duplicó también la renta real. El estancamiento de la productividad desde entonces ha mantenido baja la renta familiar. 

Para comprender la razón resulta útil desarrollar un experimento mental. En primer lugar, imaginemos un mundo en el que la productividad en todos los países, incluyendo a los Estados Unidos, aumenta el 1 por ciento cada año. ¿Cuál sería la tendencia de nuestro nivel de vida? La mayoría de la gente no tendrá ninguna dificultad en convenir que el nivel de vida de todos los países aumentará un 1 por ciento anual. Ahora supongamos que el crecimiento de la productividad en el resto del mundo aumenta un 3 por ciento, mientras que en Estados Unidos  se mantiene en un 1 por ciento. ¿Cuál es ahora la tendencia de nuestro nivel de vida? La respuesta automática de mucha gente será que nuestro nivel de vida se estanca o incluso disminuye, porque no lograremos competir. Pero se equivocan. La respuesta correcta es que nuestra renta real seguirá creciendo un 1 por ciento al año. 

Después de todo, ¿por qué nos preocupamos por el crecimiento de la productividad fuera del país? Eso sólo importa si afecta a la cantidad de productos importados que recibimos por unidad de productos que exportamos, es decir, el precio de nuestras exportaciones en relación al de las importaciones (conocido como nuestro índice de comercio exterior). Y el crecimiento de la productividad en el extranjero no tiene por qué perjudicar nuestro índice de comercio exterior, como tampoco es probable que lo mejore.

Para celebrar la lógica de Paul Krugman , solo nos queda proyectar sus reflexiones sobre las creencias de  Trump  para comprobar  a dónde pueden llevarnos sus conceptos económicos y comerciales  a medio plazo respecto a Groenlandia, el canal de Panamá , Méjico, China y la Unión Europea con la imposición  de aranceles de la mano del quinteto de la apocalipsis:  Mark Zuckerberg, ( Meta , IA); Jeff Bezos, (Amazon);  Bill Gates ( Microsoft); Elon Musk, (Twitter, X, Diablo 4) y claro, Trump, Presidente de los Estados Unidos. 

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