Cuando vi a Trump poniendo los cuernos, con Putin, a los líderes europeos me vino a la cabeza esa estrofa de la canción de Javier Krahe, cantando a Marieta.
Desde que comenzó invasión de Ucrania por Rusia —injusta y sangrienta: para que no haya dudas—, los lideres europeos se han venido exhibiendo ofreciendo “presentes” al emperador “bueno” de turno.
La llamada a las armas para defender la soberanía ucraniana resultó ser más una ofrenda que una cuestión de principios, de otro modo hubieran reaccionando con la misma pasión con la soberanía del invadido Líbano, por ejemplo —injusta y sangrientamente—. Como sabían que eso no sería del agrado del amigo americano, callaron como mudos. De la amenazada soberanía de Dinamarca—territorio OTAN—, a través del territorio autónomo de Groenlandia, con ser incorporada como una estrella a la bandera, solo ha habido balbuceos emitidos con voces plañideras plagadas de tímidos gallos, nada que ver con la previa de los tenores de la voz de su amo, cantando el aria “SOBERANIA”.
Las ofrendas de incremento de la contribución a la OTAN tampoco han valido al casero. El secretario general de la Alianza del Atlántico Norte, lo deja claro: O se paga antes del verano o recibirán “una llamada desde Washington de un hombre muy simpático”. ¡Con aliados así no hacen faltan enemigos!: ¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros! ¿Qué el gasto militar es más que la sanidad, la educación, y el salario mínimo vital?: no me importan esas mierdas, —expresión anti woke en boga para incorporar al diccionario ultraliberal inmediatamente detrás de “me gusta la fruta”—. Si no les llega hagan de una vez salchichas con sus asquerosos viejos y pongan lo de las pensiones en la subida del alquiler de la casa común de la OTAN antes de que sean desahuciados.
Creyeron ser aliados cuando no eran más que correveidiles. Creyeron estar en la mesa y —sí, señor Borrel—, solo eran parte del menú. Y el menú se lo zampan los autócratas de una sentada en la mesa bicéfala.
Esta guerra injusta, no ha dejado de ser el injusto enfrentamiento bipolar por la influencia geopolítica. Y tiene pinta de que acabará con una paz injusta en la que, tiene toda la pinta, uno se quedarán con las tierras —las raras y las que no lo son— de una parte del territorio y, otro, con las tierras raras —y otras muchas cosas de los ucranianos—, porque cuando los europeos habían comprado —para Ucrania— una bicicleta, —como la que compró el pretendiente a la Marieta de Krahe— la bella, la traidora, ya se había agenciado un Rolls. Y, cuando agitaban sus ofrendas, días antes de la cumbre en Arabia Saudí, y le llevaban una orquídea a nuestra cita en la glorieta/la bella se besaba con un chulo, y apoyada en un farol —de Riad—/ y yo allí con mi flor como un gilipollas, madre. Y yo allí con mi flor como un gilipo-o-llas”.


