sábado 9 mayo, 2026

Estados Unidos – Operación antidrogas en el Caribe y temores de intervención en Venezuela

En el Caribe, donde el sol y el mar evocan imágenes de calma y tranquilidad, se libra hoy una partida de alto voltaje entre Estados Unidos y Venezuela. Lo que comenzó como una operación antidrogas, con ataques puntuales a embarcaciones rápidas, ha derivado en una escalada de tensiones militares, diplomáticas y legales que alimenta los temores de una intervención más directa.

Estados Unidos acusa al régimen de Nicolás Maduro de ser el núcleo de un “narcoestado terrorista”. Caracas responde denunciando el intervencionismo y apelando a la resistencia nacional. En medio, la región entera, y también Europa, observa con preocupación las consecuencias energéticas, migratorias y políticas que un conflicto abierto podría desencadenar.

Este informe presenta un panorama completo de la situación actual, las bases legales de la campaña estadounidense, los cotes, las reacciones regionales, los escenarios posibles a corto y medio plazo, y las implicaciones concretas para España y la Unión Europea.

Situación actual: ataques en el Caribe y despliegue militar

El 2 de septiembre de 2025, Washington anunció un ataque letal contra una lancha rápida en aguas del Caribe. El propio presidente Donald Trump afirmó que la embarcación pertenecía al Tren de Aragua, una organización criminal venezolana. En esa primera acción murieron 11 personas.

A mediados de septiembre se produjeron dos ataques adicionales, que elevaron el saldo a 17 fallecidos, según recuentos periodísticos. El relato oficial enmarcó a los blancos como parte de una red híbrida entre Tren de Aragua y el Cartel de los Soles, este último presentado como estructura “narcoterrorista” directamente asociada al entorno de Maduro.

A diferencia de operaciones previas de la Guardia Costera, esta campaña involucra fuerza letal con medios militares avanzados: buques de superficie, aeronaves de combate y el despliegue de F-35 en Puerto Rico, además de la presencia de un submarino nuclear en la zona. La señal es inequívoca: Estados Unidos no solo busca interdicción antidrogas, sino también disuasión estratégica frente a Caracas.

El 28 de agosto, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, fue categórica: Trump está preparado para usar todos los elementos del poder estadounidense” para frenar el narcotráfico. Esta frase, acompañada de la calificación del régimen de Maduro como “cartel narco-terrorista”, implica un salto cualitativo: la lucha antidrogas se reformula bajo un paradigma antiterrorista.

La arquitectura legal que habilita la campaña

Trump ha reconfigurado el marco normativo para tratar a cárteles latinoamericanos como organizaciones terroristas internacionales. Tres piezas clave lo sustentan:

  • EO 14157 (20 enero 2025): orden ejecutiva que crea el proceso para designar carteles y pandillas como FTO (Foreign Terrorist Organization) y/o SDGT (Specially Designated Global Terrorist).
  • Designaciones del 20 febrero 2025: el Departamento de Estado incluyó al Tren de Aragua y otras organizaciones como FTO.
  • OFAC/Tesoro, 25 julio 2025: el Cartel de los Soles fue añadido a la lista SDN como grupo SDGT, pese a que su naturaleza de “cartel” es discutida.

Este entramado, sumado a los poderes del Artículo II de la Constitución para el Comandante en Jefe, permite a la Casa Blanca ejecutar operaciones cinéticas contra actores no estatales en el extranjero. No obstante, juristas señalan vacíos legales y un proceso de decisión altamente centralizado en Stephen Miller y el Homeland Security Council (HSC), relegando al Departamento de Estado y al Consejo de Seguridad Nacional tradicional. Esto eleva el riesgo de errores de atribución y daños colaterales.

¿Cartel de los Soles y Tren de Aragua? La complejidad detrás de la etiqueta

El Cartel de los Soles no responde al modelo clásico de cartel. Se trata más bien de una red de rentas ilícitas que, desde los años noventa, ha sido tolerada por militares y civiles dentro del aparato estatal venezolano. InSight Crime lo define como un “ecosistema de corrupción”, subrayando que no se trata de una estructura jerárquica única, sino de un entramado flexible y difuso.

En cambio, el Tren de Aragua sí puede considerarse una organización criminal transnacional, con presencia en países como Colombia, Perú y Chile, además de extenderse a otros territorios. A diferencia del Cartel de los Soles, opera con una identidad más cohesionada y reconocible. Su inclusión en la lista de Foreign Terrorist Organizations (FTO) marca un cambio de nivel: endurece los umbrales de cooperación policial internacional y amplía el margen para el uso de la fuerza en su contra.

La etiqueta “narcoterrorista”, por tanto, simplifica una realidad más difusa, pero cumple la función política y legal de justificar la acción militar.

La respuesta de Caracas: movilización y narrativa de asedio

Maduro activó la milicia bolivariana, reforzó fronteras con Colombia, desplegó drones y patrulleras costeras y denunció a EE.UU. ante foros internacionales. Más allá de la efectividad militar real, el objetivo es consolidar cohesión interna, generar un clima de asedio externo y justificar el control político bajo medidas de excepción.

La estrategia es recurrente: exhibición de músculo, victimización y uso político de la amenaza externa.

Reacciones regionales: un mapa dividido

Varios gobiernos de América Latina y el Caribe alineados con EE.UU. respaldaron rápidamente sus acusaciones contra Maduro. Argentina, Paraguay, Ecuador, Trinidad y Guyana respaldaron la narrativa estadounidense. Trinidad incluso ofreció su territorio, si Venezuela atacaba Guyana por el Esequibo.

En contraste, México, Brasil y Colombia rechazaron cualquier intervención, aunque sus motivaciones difieren. Petro mantiene cooperación de frontera con Caracas; Brasil apela a la no intervención; México, a la soberanía nacional.

Aunque Petro intenta contener la tensión, en Caracas persiste el temor de que EE.UU.  utilice a Colombia como plataforma de lanzamiento militar, posibilidad que podría reactivarse con las elecciones presidenciales de 2026 si gana un gobierno de derecha. En ese contexto, el ELN ha intensificado operaciones en la frontera colombo-venezolana, consolidando control territorial en Catatumbo y Vichada, con apoyo tácito de Caracas.

¿Preparativos para una invasión?

Las comparaciones con Panamá (1989) son inevitables, pero engañosas. Entonces, EE. UU. movilizó 28.000 militares en un escenario mucho más pequeño y con bases americanas. Venezuela es veinte veces más grande, con presencia de guerrillas y milicias.

Todo apunta a un modelo de “diplomacia de cañoneras”: presión aérea y naval, golpes quirúrgicos y sabotaje financiero. La probabilidad de invasión total es baja; la de operaciones puntuales, alta.

La retórica maximalista de matón de barrio, de Trump “blow you out of existence” (Te haremos desaparecer), responde tanto a la disuasión externa como al consumo político interno.

El gran vacío: ausencia de plan para el “día después”

Si Maduro cae, ¿qué viene después? La oposición más dura no aceptará una transición parcial con chavistas en el poder. Washington no parece tener un plan de reconstrucción ni de estabilización. El riesgo de caos violento y colapso institucional es real.

Implicaciones para España y la Unión Europea

Energía. El aumento de los costes de transporte y de los seguros marítimos en las rutas del Atlántico-Caribe tendría un impacto directo sobre la Unión Europea. España, altamente dependiente del crudo importado, se situaría entre los países más golpeados, enfrentando mayores precios energéticos en un contexto ya marcado por la volatilidad global.

Migración. Una eventual escalada de la crisis venezolana podría reactivar nuevas olas migratorias hacia España, aprovechando redes familiares y rutas ya consolidadas. Esto añadiría presión sobre los sistemas de asilo, la sanidad pública y los servicios sociales, con repercusiones políticas internas y en la agenda europea.

Legalidad internacional. La Unión Europea se vería obligada a equilibrar su cooperación antidrogas con Washington frente a la necesidad de no avalar acciones unilaterales que pudieran vulnerar el derecho internacional. Mantener este balance será crucial para preservar la credibilidad europea como actor normativo global.

Empresas europeas. Las compañías con operaciones en la región enfrentan una mayor exposición a sanciones secundarias, controles intrusivos y riesgos financieros derivados de la estrategia estadounidense. Este escenario complicaría las inversiones y limitaría la competitividad de las empresas europeas en América Latina y el Caribe.

Conclusiones

La operación antidrogas estadounidense en el Caribe es mucho más que un episodio policial: es un movimiento geopolítico que coloca a Venezuela en el epicentro de una pugna donde se entrelazan narcotráfico, terrorismo, energía, migraciones y legitimidad internacional.

Para América Latina, el dilema es cómo contener la tensión sin quedar atrapada entre Washington y Caracas. Para Europa y España, el reto es aún más complejo: defender sus intereses energéticos y humanitarios sin romper con Estados Unidos, pero sin perder la confianza de América Latina.

La historia nos recuerda que los conflictos en el Caribe rara vez quedan confinados a sus aguas. Desde las guerras coloniales hasta la crisis de los misiles, sus conflictos se han proyectado siempre más allá de sus costas. La región es un espejo donde se reflejan las tensiones globales.

En este contexto, resuena la advertencia de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad: “El mundo habrá terminado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga”, recordándonos cómo las prioridades del poder pueden desplazar lo esencial a un segundo plano.

Hoy, podríamos parafrasearla: “el mundo se habrá torcido del todo el día en que la lucha contra las drogas deje de ser una tarea de cooperación internacional contra el crimen y se confunda, sin remedio, con una guerra contra naciones enteras”. Ese desplazamiento no solo degrada la Política y el Derecho Internacional, sino que multiplica los riesgos de una escalada regional cuyas consecuencias nadie estaría en condiciones de controlar.

He viajado tres veces a Venezuela a finales del siglo pasado y siempre la recuerdo como un país fantástico: lleno de paisajes majestuosos, gente cálida y una fuerza cultural difícil de igualar.

En medio de tanta turbulencia política y social, quiero quedarme también con esa otra Venezuela: la que canta, la que sonríe, la que sigue viva en su música. Siete cámaras, 20 actores y más de 200 niños, sorprenden al público marabino en su jornada cotidiana con una inesperada intervención en los espacios públicos del centro de la ciudad de Maracaibo, en una mega producción basada en el tema Venezuela, original de Pablo Herrero y José Luis Armentero.

Una melodía que nos recuerda que la esperanza también se canta y que, como escribió Eduardo Galeano, “la utopía está en el horizonte… para caminar”.

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