viernes 30 octubre, 2026

Cómo está cambiando la IA la seguridad en las redes II

De los ciberataques a la guerra híbrida (II)

Los violentos disturbios que hemos podido ver estos últimos días en las calles en Francia, así como las imágenes de manifestaciones con enfrentamientos e incidentes en algunos otros lugares, incluido varias ciudades españolas, nos deben hacer reflexionar no sólo sobre las causas del evidente descontento, especialmente entre los jóvenes, sino también sobre las vías o medios a través de los que se transmiten esos mensajes de indignación y también sobre los propios contenidos de los mensajes.

Y es que, como muy bien se dice en el Documento “La batalla por la mente. El dominio cognitivo y la protección de la confianza. Inteligencia Artificial, guerra híbrida y resiliencia cognitiva,”, elaborado por la Fundación ESYS (Empresa Seguridad y Sociedad), y publicado hace unos días, el perímetro de la seguridad digital ha cambiado. (https://www.fundacionesys.com/publicacion/la-batalla-por-la-mente-el-dominio-cognitivo-y-la-proteccion-de-la-confianza/).

Hasta hace poco, la seguridad digital se centraba en proteger los sistemas informáticos para evitar intrusiones, no autorizadas, con fines delictivos. La protección se focalizaba, inicialmente, en las instituciones y las empresas, y después se reforzó también en las infraestructuras críticas y cadenas de suministro, por sus efectos en el conjunto de un país. Pero ante lo que se está produciendo, “es necesario incorporar una nueva dimensión, los procesos cognitivos mediante los cuales personas, organizaciones y sociedades perciben la realidad y toman decisiones”.

No se trata ya sólo de proteger ante el robo de datos u otros delitos económicos, sino que se trata de proteger ante la manipulación de la información, y la consiguiente pérdida de credibilidad y de confianza. Es un hecho bien estudiado, que la confianza en las instituciones es un elemento o pilar crítico para que una sociedad funcione y progrese.

Hace años, las redes se limitaban a ser un medio en el que circulaba y se transmitía la información. La producción de esa información se asociaba con instituciones y entidades, tanto públicas como privadas, siendo los medios de comunicación una de las fuentes importantes para su divulgación. Pero paulatinamente han ido surgiendo distintas fuentes de generación de contenidos y con la aparición de la IA se ha multiplicado la transmisión de información, y es difícil verificar hoy, en muchos casos, si una alguna información que circula en las redes es verdadera, e incluso si su origen es auténtico.

En el mundo actual, es un hecho que una gran parte de la información que tenemos los ciudadanos es la que nos llega accediendo a las redes. Pero el efecto perverso creado por los algoritmos que hacen llegar a los usuarios sólo aquella información acorde con lo que manifiesta en sus opiniones y búsquedas, sin ofrecerle otras opiniones y visiones, ha contribuido a generar la polarización que vivimos en todas las sociedades.

A ese clima de polarización y falta de diálogo hay que añadir un elemento más. La pérdida de confianza en las instituciones y en los gobiernos para resolver los problemas que más preocupan a los ciudadanos. Todo ello genera un descontento que es el que están manifestando en las calles.

Las causas concretas de ese descontento, legítimas y justificadas, así como la pérdida de confianza por parte de los ciudadanos en las instituciones y en los dirigente políticos, no es motivo de análisis en este artículo, en el que vamos a centrarnos sólo en el modo en que se transmite entre los ciudadanos esa insatisfacción que se convierte en protesta.

Las personas, antes de tomar cualquier decisión, hacemos un proceso de interpretación de la realidad, más largo o más corto, con los datos que tenemos, y a partir de ahí decidimos. Y eso lo aplicamos tanto para comprar una cosa o no comprarla, ir o no ir a un lugar, o hacer algo concreto no hacerlo. De ahí que la información que tengamos para aplicar ese proceso cognitivo es crítica.

A lo largo de la historia, son continuos los caos de manipulación de la información, divulgando mentiras o medias verdades, para que los ciudadanos actúen de determinada manera o apoyen determinadas decisiones políticas. No hay que remontarse a la Alemania nazi para ver ejemplos de este tipo. Algunas afirmaciones recientes del Presidente Trump, o de algunos otros políticos en España van en esa línea.

Y aquí entra en juego el efecto de la Inteligencia Artificial. Los modelos de IA generativa pueden producir textos, videos e imágenes, y divulgarlos haciendo que el que recibe esos mensajes no puede distinguir si son verdaderos o no, e incluso su origen. Un estudio publicado por Antropic, el AI Security Institute británico y el Alan Turing Institute, en octubre 2025, citado en el documento que se ha mencionado de la Fundación Esys, concluía que bastan 250 documentos maliciosos para introducir una puerta trasera en modelos que manejan entre 600 millones y 13.000 millones de parámetros. Un ejemplo claro documentado, es el de la red rusa Pravda, identificada en 2024, que a través de sus 150 dominios publicó 3,6 millones de artículos, destinados fundamentalmente a ser recogidos por los rastreadores y motores de búsqueda. Una auditoría solvente hecha en marzo 2025 comprobó que los diez principales asistentes conversacionales reproducían informaciones de esa red en una de cada tres respuestas. (Para más información ver el documento).

En definitiva, con la IA ha pasado a ser más fácil la manipulación de la información en las redes.

Es más, esta manipulación, que puede responder a intereses políticos concretos, se ha convertido ya en una pieza esencial de lo que se conoce como guerra híbrida. Esto es, la utilización por parte de un Estado no sólo de fuerzas militares convencionales, sino también de instrumentos tecnológicos, diplomáticos, y de información para atacar o desestabilizar a otro Estado. Esto es, atacarle y desestabilizarle sin los instrumentos propios de una fuerza militar evitando así que se produzca una respuesta militar por parte del atacado. Además actuar así no es tan visible o detectable.

Pero sin llegar a ese extremo de enfrentamiento, son ya muchos los casos que vamos viendo de acciones simplemente desestabilizadoras generadas desde las redes, pero sin conocerse quien está detrás. Además del uso en la guerra de Ucrania, son conocidos los casos de desestabilización en Rumania, Moldavia y Taiwan. Y no podemos olvidar el papel jugado por las redes en las convocatorias para cruzar la frontera en Ceuta, o algunas de las manifestaciones violentas recientes en Francia o en España. Aunque son diferentes los casos, todos tienen en común la divulgación de una información con verdades a medias, destacando sólo algunas cosas y no mencionando otras, e incluso con algunas falsedades, junto a invitaciones a actuar un día concreto.

Por último, a esta acciones de desestabilización impulsadas desde otro país, habría que añadir las acciones de manipulación que a veces se dan dentro de un mismo país, respondiendo a intereses y fines puramente políticos.

Ante todo esto, y como hacíamos en el anterior artículo centrado en el impacto de la IA en la ciberseguridad debemos hacernos una pregunta: ¿que podemos hacer ante la creciente utilización de la IA en este ámbito?.

La respuesta es muy clara: Lo primero, exijamos a los responsables políticos que no entren en ese juego. No puede admitirse que se utilice la mentira o las verdades a medias, en las redes,  en la confrontación política, ni que se creen videos o imágenes con ayuda de la IA con esos mismos fines. Y lamentablemente algunos lo hacen.

Es necesario un comportamiento ético, y éste debería ser asumido públicamente por todos los partidos. Pues a la larga, además, la utilización de esas prácticas genera desconfianza y sobre todo, ante la abundancia de afirmaciones falsas, los ciudadanos llegan a poner en duda si las afirmaciones verdaderas realmente lo son. Sin duda un gran daño para una democracia.

Aparte de ese compromiso ético y democrático, es muy importante reforzar la formación y la sensibilización sobre lo que circula en las redes, cómo se genera, y los riegos. Y esto es especialmente importante para las generaciones jóvenes, aunque cómo hacerlo no es una tarea fácil.

De igual manera que España tiene un nivel muy bueno de ciberseguridad, tanto en cuanto a su marco institucional como en materia de profesionales, sería deseable que nos convirtiéramos también en un país líder en la lucha contra las mentiras y manipulación de la información en las redes.

Hay ya algunas entidades e instituciones que trabajan en ello, combatiendo y desenmascarando las afirmaciones falsas y los bulos. Pero los partidos y los representantes políticos deberían asumir un compromiso firme de hacerlo.

Como decíamos al comienzo de este artículo, el perímetro de la seguridad digital ha cambiado, y ya no se trata sólo de dar unas garantías de que podamos utilizar las redes sin ser víctimas de robos y otros delitos, sino también de que podamos confiar en que la información que circula en las redes es verdadera y no es parte de un intento de manipulación. Esta en juego la confianza y la credibilidad en nuestras instituciones, y por tanto nuestra convivencia pacífica.

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