Money money money money, money.
¿Y si pudieras tenerlo todo?
Esta es la gran oportunidad para ti. Tú trabajarás conmigo por un gran salario. Tú aprenderás lo suficiente para que quizás te conviertas en billonario algún día. Este será tu puesto soñado. ¿Quién triunfará? ¿Quién fracasará? ¿Quién será el aprendiz?.
Así comenzaba la primera temporada de la serie de televisión The Apprentice de la cadena NBC (2004-2015), con Donald John Trump, The Big Boss. ¿Quién iba a imaginar que ese reality show sería tan premonitorio? ¿Cómo íbamos a saber que el mundo del entretenimiento estadounidense nos hiciera spoiler de lo que sería la vida real en la segunda década de los dos mil? ¿De cómo el segundo mandato de Trump modificaría el orden geopolítico mundial con una nueva estrategia ad hoc de la Doctrina Monroe a la Doctrina Donrroey?
It’s nothing personal, it’s just business.
Nada personal. Solo son negocios. Rescato estas frases, las cuales aparecían al inicio de cada episodio. El Soft Power estadounidense casi siempre supera la ficción. Este fenómeno es una especie de viaje al futuro. Ellos son increíbles, unos genios.
La presidencia de Estados Unidos para Donald es eso. Negocios. Pensar en grande es una de sus doctrinas personales. Pensar en grande es su mantra. Él lo refleja muy bien en uno de sus libros El arte de negociar (The Art of the Deal, 2016). Él habla sin complejos de su estilo de negociación. Su estilo es agresivo. Su estilo es estratégico. Su estilo está muy orientado al poder.
No hay que ser un especialista para saber cómo están las cosas en Washington con semejante estratega del Business World. Esto es aún más evidente si pecamos de curiosos e indagamos en el entretenimiento estadounidense como explicación a ciertos detalles de la actualidad. Esto puede que no sea algo muy académico. Pero sí requiere de investigación y buena memoria.
Eso es algo que se aprende cuando se nace en el America’s Backyard. El Soft Power en la política exterior norteamericana es más que una capacidad de influencia cultural. Este es casi una proyección de la realidad años más tarde.
You’re fired!
Supongo que eso fue lo que le pasó a Nicolás Maduro. Es comprensible. No todos los concursantes cumplen las tareas. No todos los concursantes son de su agrado.
Donald es The Big Boss. Él actúa como tal. Tú tienes que ser un buen aprendiz si quieres agradarle. Uno de sus grandes, por ahora, es sin duda su COO. Él es su Chief Operating Officer (Director de Operaciones). Él es, en términos político-administrativos, su Secretario de Estado, Mr. Marco Rubio es un excelente trabajador.
Es fascinante lo dedicado y metódico que es. Él tiene una intuición que puedo leer muy bien. ¿Será porque tenemos sangre caribeña? Hay algo de eso en sus formas, en su estrategia.
Él me recuerda a ese típico empleado latinoamericano. Ese empleado que se esfuerza el triple por demostrar cuánto vale. Esto me da algo de ternura. Espero que no se me malinterprete.
Muchos hemos sido ese empleado capaz, bien educado e intuitivo, cercano pero respetuoso, ese empleado ambicioso. Ese empleado con ganas, con sed de superación.
Ese empleado capaz de hibridarse entre el país receptor y lo latinoamericano. Ese que puede leer ambos mundos. Ese empleado que quiere sentirse validado. Pero siempre ese empleado tiene un techo por más valioso que sea.
Ya veremos cómo siguen los próximos episodios de esta temporada. Esto va de eso. Esto va de observar cómo la política exterior estadounidense opera e influye en el tablero geopolítico mundial, como en aquel reality show de una empresa privada marca Trump. La primera tarea, y más importante, consistía en no ser eliminado, la segunda agradar, la tercera satisfacer sus demandas, la cuarta reír sus chistes y la quinta trabajar horas extras y fines de semana.
Desde el tres de enero del año en curso sus empleados trabajan exhaustivamente. Sus empleados no paran. Sus empleados buscan cumplir las tareas impuestas. Sus empleados buscan llegar a los KPI’s de este año.
En Venezuela están haciendo las tareas que ordena The Big Boss de manera muy eficiente. La tarea implica borrar los últimos 27 años de la historia contemporánea en tiempo récord. Esto es ser un buen aprendiz.
Y ésto me recuerda a la canción del opening de The Apprentice, de la banda de R&B O’Jays, la cual se titula For The Love of Money For the love of money people will steal from their mother. For the love of money people will rob their own brother. For the love of money people can’t even walk the street.


