Un Canto a la Cultura Iraquí
Juan de Justo Rodríguez
La noche del pasado 27 de noviembre no fue solo una velada musical; fue una comunión con la historia, un acto de fe en la perenne vitalidad de un pueblo. Fuimos testigos de un acontecimiento cultural de incalculable valor, un evento que vino a desmontar, de golpe y porrazo, los prejuicios y la visión distorsionada que ciertos agoreros pretenden imponer sobre la vida en Iraq. Nos deleitamos con un concierto de música tradicional iraquí que fue una verdadera delicia, un torrente de normalidad y vitalidad que fluyó directamente desde el corazón de Mesopotamia, la cuna de la civilización, hasta el alma de Madrid.
El impacto emocional fue inmediato e ineludible. Este torrente sonoro fue magistralmente ejecutado por la Orquesta Nacional de Música Tradicional Iraquí, un conjunto que irradia luz propia no solo por su talento superlativo, sino por la abrumadora juventud de sus integrantes. Este hecho es más que una promesa: es una certeza de que la orquesta tendrá una larga vida y una salvaguarda inquebrantable de su patrimonio musical milenario. Bajo la batuta de su maestro director, esta orquesta demostró una maestría depurada y una vocación que se elevan como un verdadero ejemplo de superación y resistencia.
La Antigüedad Rescatada en el Sonido
En el escenario, no solo escuchamos melodías exquisitas; asistimos a una lección magistral de historia. Nos encontramos frente a instrumentos cuya genealogía se remonta a una antigüedad que supera los 4000 años, artefactos sonoros cuya forma y esencia ya aparecen dibujadas en las tablillas de arcilla halladas en las diferentes prospecciones arqueológicas de Iraq. Podríamos estar hablando del oud, el laúd sin trastes y ancestro de tantos instrumentos de cuerda occidentales; del qanun, el cítara de tabla cuyo timbre cristalino evoca los ríos Tigris y Éufrates; o el santur, el majestuoso dulcimer que vibraba bajo el toque de verdaderos maestros.
Esta música tradicional iraquí fue, para muchos de nuestros oídos, un maravilloso descubrimiento. La orquesta recorrió con su sonido todas y cada una de las regiones de Iraq, desde el norte montañoso hasta el sur pantanoso, abrazando su inmensa diversidad étnica y cultural. Su música nos transportó hacia aquellos lugares y momentos atemporales, demostrando de manera categórica cómo una nación, a pesar de las cicatrices de la historia reciente, es capaz de conseguir y celebrar la unidad dentro de la diversidad a través del lenguaje universal de la cultura. La maestría y la entrega de estos jóvenes músicos son la prueba viva de que el espíritu cultural de un pueblo nunca puede ser aniquilado. Fue todo un regalo para los sentidos y para la esperanza.
Anabel Veloso: Cuando el Makam se Enlaza con el Compás
Pero el punto álgido de la noche llegó con la inestimable colaboración artística de la bailarina española Anabel Veloso. La velada alcanzó con su presencia un punto de fusión artística inaudito e insuperable. Veloso interpretó una pieza de su creación que supuso un guiño de amistad sincero y profundo a España, logrando una amalgama perfecta. En un acto de audacia y sensibilidad, logró mezclar la pureza atávica de la música tradicional iraquí, con sus complejas escalas (los maqamat), con la pasión telúrica y la fuerza del flamenco andaluz.
Fue una simbiosis mágica, de difícil descripción si no se contempla y se escucha; una danza donde la emoción flamenca, el duende, se encontró con la melancolía profunda y la espiritualidad del tarab iraquí. Los instrumentos milenarios dialogaron con el taconeo y el mantón de la bailarina, creando un puente estético y emocional que nos sumergió a todos en un hermanamiento visceral. Un hermanamiento que solo la música y el baile son capaces de conseguir, y que deseamos que se prolongue indefinidamente.
El Triunfo de la Diplomacia Cultural
Este encuentro cultural, que ha servido como un espejo de la resiliencia y la riqueza de Iraq, es un regalo que el público español no disfrutaba con tal envergadura desde hace más de tres décadas. Y está siendo posible gracias al esfuerzo encomiable, al tesón inquebrantable y al profundo amor por su país, junto con un respeto exquisito por el nuestro, del Excelentísimo Señor Embajador de la República de Iraq en España, el Dr. Salih Husain Ali Ali. A su determinación y visión le debemos este magnífico puente cultural, un acto que va más allá de la política para asentarse en lo más profundo de la conexión humana. Es un acto que auguramos será repetido con una mayor asiduidad para nuestro deleite y, lo que es más importante, para un conocimiento mucho mejor y más profundo de ese lugar magnífico y mágico.
Iraq, con su historia grabada en tablillas, es la cuna de nuestra cultura y de nuestras raíces societarias en Occidente. Comprender y celebrar su arte es comprendernos y celebrarnos a nosotros mismos.
Felicidades y gracias infinitas por este agasajo que nos recuerda que la cultura es el nexo de unión inexpugnable de los pueblos y es, precisamente en ella, donde hemos de basar nuestras esperanzas de un mundo mejor, más comprensivo y más unido en la sublimación de sus propias y ricas identidades.
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