Leo un artículo de Aixa de la Cruz en Babelia que analiza algunas cuestiones en torno a la bisexualidad y, como desde hace años, me surge la pregunta: ¿Tan complicado es aceptar la diversidad de las aficiones sexuales? Si hace tiempo la barrera se construía sobre la base de una religiosidad exacerbada y monolítica, parece que hoy las barreras se levantan sobre la rigidez de los perfiles personales que no pueden aceptar lo que siempre ha sido una constante en el comportamiento humano.
El placer como culminación de la actividad sexual es una herramienta evolutiva que nos asegura su búsqueda constante y permite la variabilidad genética indispensable para que el gen se mantenga vivo, pero el placer no se obtiene de una sola forma. Cualquier estimulación sobre los receptores sensoriales realizada de uan forma adecuada, produce placer y a partir de ese descubrimiento, cada cual se orienta hacia su propia satisfacción personal, no es más complejo ni más problemático, de verdad.
No hay periodo, cultura o sociedad que no tenga constancia de esa diversidad en la obtención de la satisfacción personal, demostrando que, o bien sobre una base puramente física o bien, por afinidad personal y conexión “espiritual” tanto hombres como mujeres hayan explorado las fronteras del placer de miles de formas distintas. Si eso es así, y es fácil demostrarlo, sigo sin entender la “neura” de algunas, tratando de eliminar algo que parece consustancial a nuestra existencia como especie. ¿No sería más sencillo asumir como normal lo que es normal y dedicarse a otras cosas más elevadas?
Parece ser que no, que perseguir determinadas manifestaciones de la sexualidad, de las afinidades personales y de la forma en la que cada cual se lo pasa bien, debe ser gratificante y otorgar a algunas vidas una causa a la que dedicar sus esfuerzos. Lo curioso es que esas gentes no parecen preocupados por otras formas, esas sí aberrantes y contrarias a la naturaleza de la especie, de conducta como el maltrato infantil, la explotación laboral, las constantes hambrunas etc.
Me parece más sensato asumir la sentencia popular que asegura que “la jodienda no tiene enmienda” y dedicarnos a cosas más importantes que lo que cada quien hace en la cama… O ahora que estamos en verano, en bucólicos parajes bajo el comprensivo manto de las estrellas y el calorcito, tan propicios al relajo.
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