Esta famosa frase proviene de principio anglosajón «You don’t change the rules of the game in the middle of the game» y su complementario «to move the goalposts» (mover los postes de la portería). Significa la exigencia de justicia, juego limpio y previsibilidad, indicando que las condiciones acordadas al inicio deben respetarse hasta el final «No se cambian las reglas en mitad del partido».
Es una expresión muy usual y defensora del juego limpio, el famoso “fair play” británico.
En España estamos viviendo una mala época para el cambio de las reglas en mitad del partido. Siguiendo con el símil futbolístico, vivimos época una de búsqueda de árbitros caseros para nuestras principales instituciones.
Recordemos algunos ejemplos recientes.
Se ha cambiado el Código Penal varias veces, a petición, y para contento, de los condenados del independentismo catalán.
Los indultos que no se iban a conceder, fueron realidad.
La amnistía que era inconstitucional, según el ministro de Justicia del propio gobierno, fue pactada, y ampliada caso por caso, hasta su aprobación definitiva.
La Ley de amnistía fue validada por un Tribunal Constitucional bajo sospecha.
Los aforamientos siguen vigentes sin modificación alguna, pese a las promesas de revisión realizadas.
En RTVE se cambiaron las reglas del juego suprimiendo las mayorías reforzadas.
El CIS, en junio de 2026, pregunta a los españoles por el clima, la guerra, y los eclipses, olvidándose de la corrupción.
La presidenta del Congreso es una activista del partido, cuya actuación avergonzaría a sus antecesores de los gobiernos anteriores de ambos partidos.
El Senado utiliza sus comisiones de investigación con fines absolutamente partidistas.
Los debates parlamentarios se han convertido en un auténtico lodazal de ruido e insultos.
Entre los parados no se computan los fijos discontinuos, aunque no estén trabajando.
El gobernador del Banco de España excluyó de su informe el tema de las pensiones, causando la dimisión del Director de Economía del Banco. El voto de confianza que solicitó el ministro, al ser nombrado gobernador, ha quedado defraudado por sus propios actos.
La Asociación de Estadísticos Superiores del Estado (AESE)ha cargado contra las intenciones del Gobierno de Pedro Sánchez de acabar con la independencia del Instituto Nacional de Estadística (INE) por el hecho de que las cifras publicadas por el organismo autónomo de algunas estadísticas relevantes como el PIB, el IPC o el desempleo no están en sintonía con las previsiones económicas del Ejecutivo.
También carga AESE contra la que fuera vicepresidenta primera del Gobierno y actual presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño, por su «intento de injerencia en el Instituto Nacional de Estadística (INE)», revelado por ella misma en un libro de memorias.
No hace falta seguir. La muestra ya es bastante significativa.
El juego limpio y la neutralidad institucional deberían haber sido una parte de la regeneración democrática prometida en la moción de censura de 2018.
Han transcurrido ocho años desde entonces y el balance es desolador.
El diputado socialista que presentó la moción de censura y dio clases de moral desde la tribuna, hoy se encuentra en la cárcel, condenado a 24 años por el Tribunal Supremo.
Winston Churchill dijo en una ocasión que «Algunos hombres cambian de partido por el bien de sus principios; otros cambian de principios por el bien de sus partidos».
La realidad ha dado una vuelta de tuerca más a la sabiduría de Churchill: Y otros cambian de principios por su supervivencia política, sin importarles el bien de sus partidos.
El juego limpio ha desaparecido significativamente de la escena política, tanto en España, como en el mundo.
La tan necesaria regeneración democrática, debería incluir un pacto de juego limpio y de neutralidad institucional.
En la actual situación, y con los actuales protagonistas políticos, es impensable que vaya a producirse mejora alguna en este tema.
Los españoles deberíamos exigir a todos nuestros políticos ese juego limpio.


