
La 62.ª edición de la Conferencia de Seguridad de Múnich se inauguró en un contexto internacional caracterizado por la fragmentación del orden global, la prolongación de la guerra en Ucrania y la creciente rivalidad entre grandes potencias, así como por la ausencia de Donald Trump y la consiguiente necesidad de redefinir el equilibrio funcional entre Europa y Estados Unidos.
Durante tres jornadas, del 13 al 15 de febrero de 2026, más de sesenta jefes de Estado y de Gobierno, ministros de Asuntos Exteriores y Defensa, responsables de organizaciones internacionales y líderes empresariales se reunieron en el Hotel Bayerischer Hof para debatir el futuro de la arquitectura de seguridad occidental. El foro volvió a consolidarse como el principal espacio global de deliberación estratégica en materia de seguridad, no solo por la densidad política de sus participantes, sino por su capacidad de articular narrativas competitivas sobre el orden internacional emergente.
Munich Security Report 2026
El Munich Security Report 2026, presentado como base conceptual de la Conferencia de Seguridad de Múnich, diagnostica una ruptura estructural del orden internacional surgido tras 1945. Bajo el título “Bajo Destrucción”, el informe sostiene que el sistema ya no atraviesa una erosión gradual susceptible de reforma incremental, sino un cuestionamiento sistémico de sus fundamentos normativos, institucionales y materiales. La “destrucción” no remite únicamente a conflictos armados, sino a la fragmentación de consensos, la politización de la interdependencia y la instrumentalización estratégica del poder económico y tecnológico.
El documento identifica una crisis profunda del multilateralismo. Las reglas universales y las instituciones internacionales han dejado de ser percibidas como bienes públicos incuestionables, especialmente en economías avanzadas donde crece el escepticismo ciudadano respecto a su capacidad para garantizar prosperidad y estabilidad. Esta tendencia erosiona tanto la legitimidad externa del orden liberal como su sostenibilidad interna.
En el plano económico, el informe describe una transición desde la reciprocidad multilateral hacia una fragmentación estratégica del comercio global. Aunque la Organización Mundial del Comercio continúa formalmente operativa, la proliferación de subsidios industriales, aranceles selectivos y medidas de coerción económica está reconfigurando las cadenas de valor. El concepto de de-risking (eliminar riesgos) sustituye al de decoupling (desacoplamiento), pero ambos reflejan un creciente control de seguridad de la interdependencia. Emergen coaliciones flexibles orientadas a proteger sectores críticos (tecnología, energía, materias primas) reduciendo vulnerabilidades estratégicas.
Desde una perspectiva regional, el informe subraya la simultaneidad de focos de inestabilidad. En Europa, la prolongación de la guerra en Ucrania y las amenazas híbridas reactivan el debate sobre autonomía estratégica, base industrial de defensa y disuasión creíble. En el Indo-Pacífico, la competencia estructural entre Estados Unidos y China redefine equilibrios y fomenta estrategias de alineamiento flexible por parte de potencias medias.
El MSR2026 también alerta sobre una crisis de la cooperación humanitaria, derivada de recortes presupuestarios y presiones políticas internas en países donantes. El desafío es tanto financiero como de legitimidad, lo que obliga a repensar mecanismos de financiación y gobernanza para preservar la eficacia del sistema.
En conclusión, el informe no propone restaurar el statu quo previo, sino adaptar selectivamente el orden basado en reglas mediante mayor inversión en capacidades militares, soberanía tecnológica, resiliencia económica y reformas institucionales orientadas a una gobernanza más robusta y equitativa.
Algunas de las principales intervenciones políticas
Las intervenciones políticas reflejaron esa tensión entre continuidad y transformación. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, marcó el tono de Washington con un discurso anclado en el realismo estratégico. Defendió la primacía del interés nacional y la necesidad de una corresponsabilidad europea más sustantiva en el seno de la OTAN. Aunque su retórica fue menos provocadora que la empleada en 2025 por J. D. Vance, el mensaje estructural fue inequívoco: EE.UU. mantendrá su liderazgo, pero exige un reparto más equilibrado de las cargas financieras y militares. Rubio reiteró, asimismo, la centralidad de la competencia estratégica con China y defendió un apoyo sostenido, aunque condicionado, a Ucrania.
En términos políticos, el discurso evidenció una diferencia de tono respecto al enfoque más unilateral de Donald Trump. Rubio mencionó al presidente de manera limitada y proyectó una imagen de moderación y previsibilidad ante las élites europeas. Ello ha llevado a algunos analistas a interpretar su intervención no solo como una reafirmación de la posición oficial estadounidense, sino también como un posible posicionamiento estratégico en un escenario político posterior al trumpismo.
El presidente francés Emmanuel Macron reforzó su doctrina de soberanía estratégica europea. Argumentó que Europa debe estar en condiciones de garantizar su seguridad incluso ante eventuales cambios políticos en Washington. Sin abogar por una ruptura transatlántica, subrayó que la autonomía estratégica constituye una expresión de madurez geopolítica. Su intervención enfatizó la necesidad de consolidar la base industrial de defensa europea, avanzar en regulación tecnológica y preparar el “día después” del conflicto en Ucrania.
El canciller alemán Friedrich Merz adoptó una posición pragmática. Respaldó el fortalecimiento de las capacidades europeas, pero insistió en que dicho proceso debe desarrollarse en coordinación estrecha con Estados Unidos. Alemania se proyecta como motor industrial y financiero de esta transformación, buscando equilibrar autonomía operativa y cohesión atlántica.
Desde el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer defendió el anclaje atlántico tradicional británico. Reafirmó el liderazgo de Londres en el apoyo militar a Ucrania y subrayó que la seguridad europea sigue siendo indisociable de la alianza con Washington. Su discurso destacó la centralidad de la ciberseguridad y la resiliencia frente a amenazas híbridas, ámbitos en los que el Reino Unido aspira a desempeñar un papel de vanguardia.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, introdujo la dimensión del flanco sur y una concepción integral de la seguridad. Amplió el foco hacia el Mediterráneo, el Sahel y África del Norte, defendiendo un enfoque “360 grados” que integre desarrollo, estabilidad energética y protección democrática. España se posicionó como puente entre la agenda de autonomía estratégica europea y la cohesión atlántica.
Completaron el cuadro las intervenciones el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, quien apeló a acelerar la provisión de capacidades defensivas; de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que defendió una estrategia industrial europea coordinada; y del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien subrayó que la cohesión política constituye una condición previa para la eficacia militar de la Alianza.
En la mesa redonda «Responder al auge del populismo», la congresista Alexandria Ocasio-Cortez ofreció una visión alternativa dentro del panorama político estadounidense. Criticó la política exterior de Donald Trump y rechazó la idea de que el actual giro político en Estados Unidos sea pasajero, en alusión a las declaraciones del gobernador Gavin Newsom.
Sostuvo que el sistema internacional atraviesa una nueva etapa histórica y que el orden basado en normas enfrenta presiones estructurales. No obstante, defendió que la mayoría de los estadounidenses sigue comprometida con la democracia liberal y los compromisos internacionales. Subrayó la necesidad de reconstruir la confianza transatlántica y propuso una agenda que integre seguridad, transición climática y regulación tecnológica, destacando que la fortaleza del vínculo atlántico depende tanto de capacidades militares como de la credibilidad democrática.
Realizó un análisis crítico de la política exterior de Donald Trump y expuso el mensaje que, a su juicio, los demócratas deberían proyectar hacia Europa en el actual contexto de redefinición estratégica.
Por último, la conferencia ha prestado especial atención a las nuevas amenazas tecnológicas y a la seguridad energética. La ciberseguridad, la regulación de la inteligencia artificial en el ámbito militar y la protección de infraestructuras críticas han sido temas centrales. Los participantes han coincidido en que la seguridad del siglo XXI exige adaptación constante, cooperación internacional y resiliencia económica.


