Había que convocar elecciones generales y se convocaron para el próximo 29 de noviembre. Ante esa situación, que devuelve la palabra y la decisión a los ciudadanos, hay que hacer un llamamiento a quienes se auto califiquen como demócratas para que nos arremanguemos y evitemos que un grupo más o menos numeroso nos arrastre electoralmente y nos realoje en un entorno político que ya hemos vivido. Ya hemos vivido una dictadura. Ya hemos vivido un centralismo agobiante e injusto. Ya hemos vivido los caprichos de quienes saben lo que quieren, pero no se atreven a señalar el camino. Ya hemos vivido una Europa desunida que siempre acababa guerreando unos contra otros y con millones de muertos y desplazados.
Hay que dar mayoría al PSOE o al PP para que los extremos se caigan por el precipicio como ya ocurrió en tiempos de mayorías absolutas.
Para ello, esos dos partidos deben contar con liderazgos capaces de obtener la confianza de la mayoría de la población. Cuando uno y otro se deslizan hacia sus extremos se convierten en opciones políticas extremistas y los extremismos no gozan de la simpatía de la mayoría de los españoles.
No podemos contemplar sin hacer nada más que quejarnos como se pretende volver a donde no queremos regresar. Un liderazgo socialdemócrata que manifieste su intención de no apoyarse para gobernar nada más que en la mayoría del electorado, sembraría de confianza la voluntad de millones de españoles que están desenado que su opción histórica deje de depender de quienes ni buscan la fortaleza de nuestro Estado ni se preocupan de la suerte de quienes decidimos votar una Constitución que nos igualara en derechos y en la salud, la educación, los servicios sociales y las pensiones. Un liderazgodemócrata y liberal que deje de depender de quienes añoran una España que nos llenó de vergüenza y de autoritarismo y ponga en valor la libertad de todos, y el reconocimiento de las identidades de cada territorio y nuestra pertenencia a la Unión Europea sembraría confianza el voto de quienes añoran esa manera de gobernar nuestro país. La situación actual exige claridad. El PSOE deberá explicar clara y sin medias palabras su reciente apuesta federal o confederal. El PP debería decir al país claramente cuál es su resto y su estrategia ante el desafío nacionalista y hasta donde llegaría en sus relaciones con ellos.
Ya lo vivimos y sabemos lo que significan y representan las opciones que buscan destruir nuestro consenso constitucional o derogar la libertad que esa Constitución garantiza. No nos pueden gobernar quienes se guían por ignorantes de la historia reciente.
Se trata de no votar pensando en que no ganen quienes no queremos que gobiernen. Votar pensando y queriendo que gobiernen sin ningún tipo de hipotecas aquellas opciones que nos garanticen la España que fuimos capaces de construir en la Transición.
El hecho de que la Constitución de 1978 haya alcanzado ya casi cinco décadas pone de manifiesto que se acertó en el método y en los objetivos. Con esta Constitución han podido gobernar partidos de ideologías diferentes sin que haya habido necesidad de modificarla. La Constitución no ha supuesto un obstáculo que haya impedido que izquierdas y derechas hayan podido gobernar y llevar a delante las partes más sustanciosas de sus respectivos programas.
Siento, pues, el orgullo de haber pertenecido y participado de la generación que ha sido capaz de garantizar casi medio siglo de democracia en España. Entenderé y comprenderé a quienes no se sientan obligados a respetar un pacto en el que ellos no participaron. Desearía que esa generación dijera claramente qué pretenden y hacia donde se quieren dirigir. Ya sabemos lo que pretende la extrema derecha. Falta por saber qué pretenden los que se denominan la izquierda de la izquierda del PSOE. Depender de la extrema derecha nos conduce al sitio oscuro de siempre. Depender de la extrema izquierda nos conduce a una España que se mueve como una gallina sin cabeza.


