domingo 14 junio, 2026

Educar contra la corrupción

La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales” Artículo 27.2 de la Constitución Española.

La educación es efectivamente esa tarea que consiste en formar personas responsables y libres, activamente democráticas, conscientes del significado de la profunda dimensión de la dignidad del ser humano.

Por eso la educación es una tarea capaz de dar sentido a toda una vida, pues su objetivo último es precisamente ayudar a descubrir el sentido de la vida a nuestros alumnos y alumnas.

Tarea apasionante de enseñarles a pensar, a soñar, a ser ellos mismos y ellas mismas, a ser autónomos, a crecer por sí mismos, a ser respetuosos con todos empezando por ellos mismos, a descubrirles en definitiva que son personas, seres únicos, irrepetibles, nacidos para ser útiles a los demás. Para que comprendan el profundo significado de las palabras del poeta José Hierro, “¿de qué sirven nuestras vidas, si no enriquecen a otras vidas?”.

Se trata de enseñarles que lo mejor que les ha pasado en la vida a ellos y a ellas – y también a nosotros- es el hecho de haber nacido personas, de poseer la profunda dimensión de la dignidad del ser humano, nuestra gran riqueza, la que nos hace merecedores a todos por igual del más profundo respeto , independientemente del color de nuestra piel, de nuestro origen social o cultural, de nuestra religión, ideología u opinión, de nuestro género o nuestra edad, de nuestra posición coyuntural en la sociedad o de nuestra imagen física, porque lo mejor del ser humano solo se ve con los ojos del corazón.

De tal modo que comprendan que no hay mayor pobreza que perder la dignidad, que no hay mayor miseria humana que la indignidad.

A mi juicio el más necesario compromiso con la educación y con la democracia es la lucha por la defensa del respeto a la dignidad de todo ser humano, eso es lo que fortalece la democracia y lo que debilita a la democracia es la indignidad y lo peor de todo es que, cuando la democracia se debilita, cuando no se cuida cada día, cuando no se dignifica cada día, puede llegar a angostarse, a quebrarse y entonces, cuando la democracia quiebra, todos quedamos indefensos.

Y la democracia se fortalece también desde un determinado modo de concebir la política que tiene mucho que ver con lo que hemos dicho hasta ahora. La política, como servicio a la comunidad, es la noble tarea de trabajar, ante todo, por el bien común, por el reconocimiento y el respeto de la dignidad de las personas.

Todo ello nos obliga a recordarnos a nosotros mismos y a enseñar a nuestros jóvenes, que han nacido ya en democracia y que pueden creer que la democracia es algo natural, que no sólo la democracia no es algo natural, sino que ha sido y es una conquista continua de la humanidad, una conquista de algunos pueblos, que ni siquiera disfrutan todas las sociedades, que ha supuesto muchos dolores y sacrificios y, que como toda conquista humana, como las propias relaciones personales, puede debilitarse o perderse, si no se cuida, si no se realimenta, si no se rejuvenece cada día.

Se trata de explicar a nuestros alumnos y alumnas por qué la democracia es la forma de gobierno que mejor garantiza los derechos humanos. Para que “nunca más” la vida y la dignidad del ser humano puedan ser violentamente atropellados por la injusticia o la insolidaridad, se trata de movilizar la vigilancia para fortalecer y mejorar nuestra calidad de vida como personas.

Y ello puede y , a mi juicio, debe hacerse desde la educación en la convivencia, en las aulas y en los patios de nuestros centros educativos, para mantener a nuestros jóvenes activamente alerta contra cualquier forma de corrupción a partir de una formación dirigida al desarrollo de su capacidad para ejercer la libertad y la responsabilidad, la solidaridad, la ciudadanía democrática y el respeto al bien común , que constituyen la base de nuestra vida en sociedad. Es decir, una formación en los valores, derechos y deberes de aparecen en nuestra Constitución.

Una juventud que sepa comprender la realidad social en que se vive, cooperar, convivir y ejercer la democracia en una sociedad plural, así como comprometerse a contribuir e su mejora.

Una juventud con los conocimientos diversos y habilidades complejas que permiten participar, tomar decisiones, elegir cómo comportarse en determinadas situaciones y responsabilizarse de las elecciones y decisiones adoptadas, conscientes de que toda decisión tiene siempre consecuencias.

Una juventud que sepa desenvolverse socialmente desde el conocimiento de la evolución y la organización de la sociedad y de las características y valores del sistema democrático, así como utilizar el juicio moral para elegir y ejercer activa y responsablemente los derechos y deberes de la ciudadanía, desde una comprensión crítica de la realidad.

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