viernes 8 mayo, 2026

Un nuevo aquelarre ultra en Madrid

Tengo ante mi dos noticias cuya interrelación se me hace muy difícil de digerir: por un lado, la encuesta de 40dB publicada por El País el 3 de febrero en la que Vox es el partido con mayor intención de voto en la franja de edad de 18 a 34 años; por otro, la sarta de barbaridades que han emitido los diferentes partidos de extrema derecha que se han reunido en Madrid el 8 y 9 de febrero. ¿Cómo es posible que nuestros jóvenes —y no tan jóvenes— puedan poner esas ideas antidemocráticas por delante de las ideologías democráticas de izquierda o de derecha?

El motivo no disimulado de la reunión ultra era aprovechar el tirón del ascenso de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU. para aumentar la visibilidad de sus partidos en la escena europea. De hecho, tanto Santiago Abascal como otros líderes, se refirieron a Trump como “compañero de armas”. Si ya resulta inquietante nombrar las armas en una reunión de fachas, todavía me parece más inquietante considerar compañero a quien está dispuesto a violar todas las reglas internacionales y a invadir la soberanía de la  Unión Europea. De momento, la de Dinamarca con la pretendida anexión de Groenlandia y la de Alemania con la interferencia de la red X en sus próximas elecciones. Además, amenaza con poner aranceles a nuestros productos como chantaje para obligarnos a comprar más productos suyos. ¿Y estos partidos que aplauden al Trump antieuropeo se hacen llamar los “patriotas europeos”?

Al señor Abascal, cuando afirma que “el gran arancel es el Pacto Verde” de la UE, no le molestan los aranceles a los productos españoles pero sí en cambio las regulaciones europeas para combatir el calentamiento del planeta. No solo se manifestó contra estas políticas, sino también contra los organismos internacionales que tratan de poner reglas civilizatorias a las relaciones entre estados, como son las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud y la Corte Penal Internacional. Según nuestro demócrata ejemplar, Santiago Abascal, estos organismos son “una dictadura global” con la hay que terminar. Es decir, prefiere vivir en un mundo sin reglas. ¿Y ese señor es el ídolo de nuestra juventud?

Los otros asistentes al aquelarre también dejaron numerosas perlas que delatan su ideología fascista. Así, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, se jactó de la introducción en la constitución de su país de la defensa de la cultura cristiana y de la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo. También, de que su país haya tipificado la inmigración irregular como delito. El portugués André Ventura, líder del partido ultra Chega, aprovechó para interferir en la política española al opinar que era una “buena noticia” que “Sánchez esté más cerca de ir a la cárcel y Abascal de ser presidente”. El líder ultra de Paises Bajos, Geert Wilders, agradeció a España que fuera el primer país en expulsar al Islam de suelo europeo con su Reconquista. Otros patriotas europeos ejemplares, como la francesa Marine Le Pen o el italiano Matteo Salvini, se expresaron en términos semejantes.

Estos son los amigos del señor Abascal y, lo anterior, un resumen de su oferta para Europa y el mundo: una mezcla de nacionalismo proteccionista del siglo XIX, ausencia de reglas internacionales, rechazo al proyecto europeo, apoyo a la ley del más fuerte, odio a los inmigrantes (en particular a los musulmanes), antifeminismo, homofobia y negación del cambio climático.

Por su parte, su idolatrado compañero de armas, Trump, ha iniciado una carrera enloquecida hacia ninguna parte que está suponiendo una demolición sin precedentes de la Administración de EE.UU., una deportación masiva de inmigrantes hacia los países de su entorno, o a cárceles sin reglas como Guantánamo, y un chantaje económico hacia todos los países de los que importa bienes. También se ha desvinculado de la Organización Mundial de la Salud, de los Acuerdos de París sobre cambio climático y amenazado con detener a los jueces de la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya.

¿Son estos personajes los que admira —con intención de voto de hasta el 27%— una parte significativa de nuestra juventud?¿Es ese mundo que los ultras dibujan con sus acciones y sus discursos el que prefieren?¿Un mundo de “hombres fuertes” que no respetan ninguna regla y que pretenden imponer su voluntad por la fuerza?¿De hombres que odian a todo ser humano que sea no sea blanco, varón y heterosexual?

Me permito recomendar a esos jóvenes que dediquen algo de tiempo a estudiar la historia mundial de los dos últimos siglos. Verán que todo esto no es nuevo. La humanidad ya ha tenido otros “hombres fuertes” que se impusieron por la fuerza. Podemos citar, por ejemplo, a Napoleón, Hitler, Mussolini y Stalin. Todos ellos provocaron millones de muertos en sus propios países y en los ajenos con sus dictaduras y sus guerras de conquista. Precisamente, instituciones como Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud y la Corte Penal Internacional, además de otras muchas agencias, se idearon —tras dos espantosas guerras mundiales— para dirimir los conflictos por medio de la negociación, para tener unas reglas comerciales equitativas, para castigar los delitos de lesa humanidad y para luchar conjuntamente contra las epidemias globales como la Covid.

El proyecto de la Unión Europea también se ideó para impedir nuevas guerras en Europa. Para sustituir un enfrentamiento de siglos por la cooperación y el intercambio comercial pacífico. Cuando los ultras del aquelarre de Madrid adoptan por lema “Make Europe Great Again”, ¿a qué Europa se refieren?¿a la de las guerras interminables de unos contra otros? Europa solo ha sido grande a partir del proyecto de cooperación que hoy engloba a 27 países, precisamente el proyecto con el que ellos quieren acabar y al que llaman “dictadura de Bruselas”.

Queridos jóvenes (tengo la esperanza de que tú, lector, hagas llegar este escrito a tus hijos, sobrinos o nietos que tengan edades de 18 a 34 años), aunque seguramente no sea esa vuestra intención, con vuestro voto estáis alentando unas políticas que, de tener éxito, supondrían un fuerte retroceso para la humanidad. Seguramente lo hacéis por rebeldía y porque no os gusta el sistema actual. De acuerdo con vosotros: el sistema que rige actualmente el mundo admite muchas mejoras. Pero no por eso merece ser destruido. Representa lo mejor que la humanidad ha sido capaz de construir tras siglos de cruentos enfrentamientos. En cambio, lo que estimuláis con vuestro voto sería una catástrofe para todos, vosotros incluidos.

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