martes 17 marzo, 2026

Tres horrores en Budapest

Tres horrores en Budapest podría ser el título de una película del reciente festival de Sitges de películas de terror que suelen acabar bien tras unas vicisitudes que uno solo quisiera para un adversario político poco querido.

Por otra parte, ¿Quién desearía a Trump por consuegro? Salvo que se considere que se ha “casado bien” (por dinero, que siempre viene bien) a la princesa de casa o al retoño prometedor, menudo problema sería tenerle como contrapariente dada su prepotencia y mala educación.  

¿Y Putin? ¿Mejor consuegro? Si le pides la cabeza de tu peor enemigo seguro que te la presenta en bandeja de plata en el banquete de la boda. Si gusta el poder puro y duro, Vladimir es un consuegro ideal.

¿Qué decir de Orbán? Sería un consuegro que recibe a la flor y nata del poder internacional, los que mandan sin complejos, como los dos antes citados o Netanyahu que ha aceptado con Hamás acabar la guerra en Gaza iniciada por los terroristas palestinos y que ahora deshoja la margarita ante diversos incumplimientos de estos últimos que pocas intenciones parecen tener de desprenderse de su armamento. Mientras no lo hagan, nada podrá ir bien.

No es necesario intimar con ninguno. Quizás baste saludarles y esperar que los dos primeros pudiesen finalizar la matanza en Ucrania. ¿A qué precio la paz? En la vida nada es gratuito, salvo para Ada Colau y otros traídos por Sánchez sin pagar de vuelta de “Tierra Santa” tras un crucero mediterráneo de un mes. Las guerras son caras, las inicies o te las impongan. En vidas humanas y en destrozos materiales. Hay también cosas imposibles y en el caso de Ucrania podemos acotar dos.

La primera es que Rusia ya ha fracasado. No ha conseguido, ni conseguirá, hacerse con toda Ucrania como desea. A Putin se le ha escapado para siempre el “país hermano” como lo llamaba antes de destrozarlo. Por otra parte, Ucrania no está en condiciones de recuperar militarmente los territorios perdidos, unos que siempre fueron rusos desde Catalina la Grande y otros que no eran favorables a que Ucrania se despegara de Rusia.

Donald y Vladimir se iban a reunir en casa de Viktor porque los tres se llevan bien, aunque ello moleste a los demás miembros de la Unión Europea que, por ahora, poco pincha y corta en lo de resolver la guerra en Ucrania. Si Europa no quiere acabar siendo del todo irrelevante no tiene más que convertirse en un Estado Federal. Un imposible para los realistas. Entonces Europa será como la Grecia de la antigüedad, siempre atomizada. Por ahora, para ayudar a Ucrania, unos países europeos serios parchean con iniciativas para intentar influir en Trump. Sin contar con Sánchez, naturalmente.

¿Qué saldría de Budapest? Nada porque Putin ha dado la espantada. No quiere conformarse con lo conquistado, quiere todo el Donbas que es algo más. Rusia se ha apoderado ya, aproximadamente, de un 20 % del territorio ucraniano. Zelensky se opone porque dice que en manos rusas este “extra Donbas” sería por su orografía una plataforma para un futuro ataque ruso.

Para el fin del conflicto armado habrán de ceder ambas partes y veremos en qué partiendo de los dos principios antes señalados. También habrá que tener en cuenta los dividendos para la paz que cada parte obtendrá y lo que ello significará para Europa. ¿Quién quiere que la guerra se prolongue? Nadie sensato. Putin es pues un insensato. Por otra parte, si Zelensky no suelta lastre Trump puede dejarnos el muerto a los europeos y desentenderse.

Un acuerdo sería un homenaje para Corina Machado, reciente Premio Nobel de la Paz a la que no ha felicitado oficialmente Sánchez. ¿Le tendrá miedo a Maduro? No obstante, Borrell se ha alegrado públicamente por este premio uniéndose así a verdaderos socialistas como González o Page.  

Según “The Objective”, Albares y Robles también han felicitado a Machado a través de Edmundo González, vencedor de los últimos comicios presidenciales venezolanos que Maduro no reconoció como buen dictador que es. Felicitación discreta. Algo es algo. Igual fue sin que se enterase el jefe …

Pero lo esencial es poner velas a quien sea para lograr la paz en el Oriente Medio y en Ucrania y la posibilidad, más adelante, de buenas relaciones entre Israel y un Estado Palestino, así como de los occidentales con Rusia, acogiendo a Ucrania plenamente en nuestro marco y manteniendo el vínculo de seguridad con EEUU y Canadá.

En otro orden de cosas, Felipe VI ha concedido el Toisón de Oro a Felipe González, Miguel Herrero de Miñón y Miquel Roca. No hay mayor dignidad. ¡Enhorabuena! Se lo merecen. Grandes actores de la Transición. Igual Sánchez tampoco les felicita. ¿Para qué? Si no comparte el espíritu de la Transición.

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