Hola amantes del séptimo arte, amo encarecidamente cuando el cine , realiza un ejercicio existencialista y se atreve a mirar hacia si mismo , ya sea vistiendose con ropas narcisistas o por el contrario críticarse y hacer una actividad de lo más sana , con resultados tremendamente eficaces , escupir hacia arriba , les aseguro que el resultado de dicha actividad resultara tremendamente gratificante al ojo ajeno, aportando comicidad en estos tiempos de crispación, mala leche y círculos bastante amplios compuestos por neandertales. Cada vez «El planeta de los simios» está más cerca queridos amigos . Regresando a lo que de verdad importa hoy quiero hablaros de una serie de esas que dentro de su naturaleza satírica, es capaz de darnos una máster class de la vida a grandes rasgos . The Studio no es una serie. Es un quirófano en el que el cadáver caliente de la industria del entretenimiento se autopsia a sí mismo… mientras se graba, se edita y se vende el making-of en Blu-ray con comentarios de directores que aún no han oído jamás hablar de Truffaut. Producida por el dúo caníbal de Greg Daniels (The Office) y Michael Koman (Nathan for You), esta sátira es un zoológico de egos, errores de casting, notas de ejecutivos sin alma y guiones que han pasado por más manos que un billete de 1 dólar en Las Vegas. (Y eso es un cumplido)

Metacine al cubo (y según que contexto estamos hablando de cubo de la palomitas)
El concepto de esta serie es bastante simple: una gran productora de Hollywood intenta hacer una película “seria” mientras todos los que la rodean son una combinación de ineptos adorables, sociópatas funcionales y cerebros calcinados por las métricas del algoritmo.(Ese mismo algoritmo con el que tengo una relación romántica, como ya sabéis muchos) Cada personaje es una caricatura llevada al extremo, como si The Player de Robert Altman se hubiese emborrachado con 30 Rock y hubiera tenido un hijo con BoJack Horseman.
The Studio es tan meta que podrías construir un colisionador de partículas con sus capas narrativas. Aquí hay una serie sobre hacer una película dentro de una industria que ya no sabe si hace películas, contenido, o tráileres para influencers de TikTok con cara de póker. Cada episodio es un espejo roto en el que se refleja el absurdo creativo del cine moderno: las notas sin sentido del estudio (“¿Podemos hacer que el personaje tenga menos profundidad emocional pero más followers?”), los focus group que creen que la Segunda Guerra Mundial fue una serie de Netflix, y los guionistas desesperados que intercambian referencias a Bergman por menciones de marca. Un desfile de cameos y cinismo Los cameos son tantos y tan deliciosamente ridículos que uno espera que en cualquier momento aparezca el alma de Orson Welles, flotando y comiendo una hamburguesa mientras narra off-screen. Entre directores indie que se venden por un sandwich vegano y ejecutivos que confunden a Tarkovsky con un DJ ruso, The Studio es una sátira donde todos son culpables y todos se creen mártires.
The Studio no es perfecta. Pero tampoco quiere serlo. Su genialidad radica en su irreverencia , en su voluntad de incendiar la maquinaria con gasolina de ironía mientras baila con una máscara de Chaplin puesta al revés. Es el tipo de serie que te hará reír, te hará sudar frío y te dejará preguntándote si has trabajado toda tu vida para un jefe que es, literalmente, una inteligencia artificial con corbata. Es un espejo de feria para un Hollywood que ya no sabe si se está reflejando o derritiendo. Es una serie que te dejará pensando después de muchas horas de visionado (y esto es un privilegio muy importante para cualquier obra)
¿Recomendada? Solo si estás listo para mirar dentro del abismo… y que el abismo te dé notas de producción. Puedes disfrutar de esta serie en la plataforma de la manzana mordida Apple TV


