La Agrupación Europeísta “cuidar el futuro” del Ateneo de Madrid, junto con la sección de Economía, ATTAC y Economistas Frente a la Crisis, organizó el pasado 16 de marzo un debate sobre el tema que da título a esta nota. Se recogen a continuación algunas de las ideas expresadas por las personas que intervinieron[1].
El euro digital puede suponer una revolución para el sector bancario. El euro digital ya existe. Se trata de un dinero emitido en forma virtual por el Banco Central Europeo (BCE), igual que emite el dinero físico. De hecho, actualmente circulan aproximadamente un billón y medio de euros físicos y cuatro billones digitales. Por ahora, solo lo pueden usar los bancos. Con él hacen sus liquidaciones y compensaciones.
Los particulares también usamos un medio de pago digital. El 95% del dinero se moviliza a través de los depósitos bancarios. En realidad, este dinero bancario no es dinero sino promesa de pagar dinero. Con lo que ello conlleva de cierto riesgo de impago en caso de quiebra bancaria.
Desde la expansión de la banca, siglos atrás, las quiebras bancarias eran frecuentes. Cuando nacen los bancos centrales, prestaban a los bancos cuando era necesario para evitar su quiebra y no dañar la confianza en el sistema financiero. A partir de la gran crisis de 1929, se crean fondos de garantía de depósitos para reforzar la seguridad al sistema. Hasta 140 mil millones de euros se elevó el coste europeo de la última crisis financiera.
El sector bancario es así un sector super protegido y controlado, con una enorme fuerza política y muchos privilegios. Entre otros, el monopolio de pagos.
La primera ventaja del euro digital es que no tiene riesgo al ser emitido por el propio BCE. La segunda, que el euro digital no necesita pasar por bancos. Cualquier empresa podrá prestar dinero. La competencia atraerá innovación.
El avance por ahora es muy limitado por presiones de los bancos, con restricciones al uso por parte de las empresas y límites de 3.000€. Es normal la prudencia en la puesta en marcha, pero no la excesiva lentitud y limitaciones por intereses sectoriales.
La banca privada divulga que el euro digital atenta contra la privacidad. Es curioso que la mayor parte de la población comparta esa impresión… cuando el 95% reconoce desconocer en qué consiste el euro digital. Lo cierto es que ahora la banca privada (y la AEAT) tiene toda nuestra información. Supone recuperar para el Estado un bien público accesible a todos. En un futuro próximo, dos teléfonos podrán transferirse dinero, simplemente por cercanía, sin que lo sepa nadie.
Una ventaja adicional importante de generalizar el uso del euro digital será romper el monopolio de las actuales tarjetas de crédito, controladas por entidades norteamericanas. Recientemente tenemos algún ejemplo del poder demoledor de ese monopolio, que puede privar del acceso al pago por tarjeta a un ciudadano considerado hostil a los intereses de los Estados Unidos.
Cuando se superen esas barreras, el cambio será espectacular. Ya no hará falta proteger ni privilegiar a los bancos. Estos, tendrán que cambiar. Coexistirán el dinero físico, el bancario y el digital. Y el crédito se extenderá más allá del mundo bancario. Pero durante mucho tiempo la banca seguirá siendo protagonista del crédito.
Si siguen los bancos privados, también necesitamos una banca pública. La banca privada está provocando una notoria exclusión financiera entre muchos colectivos débiles y en el mundo rural. Es evidente el oligopolio bancario, con cuatro grandes bancos en España que controlan más del 75% de los depósitos. Las consecuencias son notorias en aspectos como abusos en intereses y comisiones y engaño especulativo, con crisis financieras periódicas.
Es evidente el déficit en inversión en pymes y en fines sociales y ecológicos. La banca pública y las cajas de ahorro desaparecieron en España en los años 90 del pasado siglo. Su privatización supuso una grave pérdida de financiación social, especialmente para las pequeñas y medianas empresas y para la promoción de viviendas de protección oficial. Bankia fue una gran ocasión perdida. Se saneó con fondos públicos, pero nunca con intención de convertirlo en un banco público sino con el único objetivo de venderlo de nuevo al sector privado.
Por ello ATTAC considera que es especialmente necesario crear un banco público, y propone hacerlo sobre la base de la Caja Postal. Una iniciativa apoyada por todos los sindicatos de la caja y que respaldan muchas otras organizaciones sociales. Y cuenta con el apoyo de más de 26.000 firmas. Un banco público que llegue a todos los rincones de España, con objetivos de transparencia, profesionalidad y eficacia. Y con control del parlamento.
Hay ejemplos con éxito en Francia y Alemania. Y en Inglaterra donde jugaron un papel protagonista en el desarrollo industrial. El modelo italiano sería aplicable prácticamente ya en España. La financiación necesaria para la puesta en marcha es relativamente pequeña (entre mil y tres mil millones euros según las primeras estimaciones). El Fondo Soberano anunciado por el Gobierno es una buena ocasión para financiar el proceso.
Parace que el ICO puede pasar a ser un banco público importante con las dotaciones anunciadas del citado fondo soberano. Hasta el momento, solo efectuaba préstamos de mediación a través de bancos. Se anuncia que ahora podrán ser directos, lo que es un gran avance. Pero el ICO no tiene red territorial. ¿Sería pensable coordinar la acción del ICO con una caja postal?
[1] Por supuesto, las ideas aquí contenidas son, aunque deudoras en buena parte de lo escuchado en el debate, exclusiva responsabilidad del firmante de este artículo.


