Francisco Cruz de Castro «La vieja puerta»
Juan Carlos Rodríguez Ibarra
Parece ser que los sondeos confirman el claro posicionamiento al alza de Vox. Algunos analistas consideran que esa subida de la extrema derecha beneficia los intereses electorales del actual PSOE. En cualquier caso, a lo más que podría aspirar este PSOE es a mantenerse en la línea que va de los 100 a los 120 diputados. Cifra parecida a la que obtendría finalmente el Partido Popular si la escalada de Vox continúa hasta la convocatoria de nuevas elecciones.
De todo ello se deduce que ninguno de los tres partidos tendría apoyos suficientes para gobernar en solitario. La experiencia de esta última legislatura nos demuestra que volver a repetir una alianza del PSOE con los partidos nacionalistas e independentistas, incluido en ellos los independentistas herederos del terrorismo etarra y la extrema derecha catalana, conduce al desastre, a la hipoteca del proyecto político socialista y a la subida electoral de la extrema derecha.
Quienes hemos vivido la dictadura franquista y el centralismo estatal no deberíamos permitir que la situación vaya decayendo de la manera en que se va degradando nuestra democracia. Y no deberíamos permitir que la extrema derecha tenga la menor oportunidad de gobernar o influir decisivamente en el gobierno de la nación. Ya sabemos lo que significa un gobierno autoritario y dictador. Ya hemos conocido los efectos perniciosos del Estado centralista. Quienes nacimos en una dictadura, cuando nos llegue la hora del final, queremos morir en una democracia. Nacer en un país gobernado por la fuerza de las botas por una extrema derecha autoritaria para morirte en el mismo país gobernado por la fuerza de los votos con otra extrema derecha autoritaria no deja de constituir una vida fracasad.
Y ese deseo nos concierne a todos los que no queremos volver a un régimen pernicioso. Incluyo en ese anhelo a todos los que deseamos seguir viviendo en democracia, cualquiera que sea nuestra posición ideológica. Aquí ya no cuenta ser de izquierdas o de derechas. Aquí lo que importa es cortar el paso a los extremos y, particularmente a la extrema derecha que es la que se va imponiendo entre aquellos que vivieron en dictadura y les gustaba ese régimen y entre quienes, por su temprana edad, no la vivieron y no tienen ni la más remota idea de lo que significa la falta de oxígeno democrático en el vivir y en el estar.
Existe una forma difícil, pero no imposible para conseguirlo. Y otra, sencilla y poco costosa para impedirlo. Resultará difícil conseguir una mayoría absoluta para PSOE o PP tal y como se ha consolidado la polarización electoral. Tal vez una reforma electoral ayudaría a conseguirlo. Fórmulas existen. Basta mirar a nuestro alrededor. Grecia o Gran Bretaña son dos ejemplos, pero hay más. Si de verdad se quiere parar a los extremistas, resultaría más fácil que PSOE y PP se comprometan a facilitar el gobierno de cualquiera de los dos que gane las próximas elecciones. Para que eso fuera posible, los dos principales líderes de ambas formaciones deberían cambiar el tipo de relaciones que mantienen para hacer posible esa confluencia. Si continúan con esa enemistad tan cruel y perversa, que ambos partidos busquen entre sus filas a nuevos líderes capaces de colaborar en defensa de la democracia, del Estado Autonómico y de la libertad de los españoles. La historia nos demuestra que, en ocasiones, el destino de España derrapó por la ineptitud, incompetencia o ambición de sus dirigentes. Es mucho lo que nos jugamos y es mucha la generosidad que nos exige la democracia en estos momentos.
Frente a los que piensan que la extrema derecha va a salvar España, somos muchos más, muchísimos más, los que sabemos que a España la salvamos entre todos los demócratas si volvemos a poner en la cumbre objetivos que nos animen a esforzarnos y a ser apoyados por los ciudadanos en ese esfuerzo.
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