sábado 2 mayo, 2026

Los árboles no votan

Vota Amor

Por Alberto Morate

Gritos, diatribas, mentiras, especulaciones, susurros, mordidas, discrepancias, zancadillas, poses de cara a la galería, la búsqueda del aplauso, la corrupción oculta y velada, datos, encuestas y sondeos de intención de voto, hablar mucho sin decir nada, eufemismos, verdades a medias que se convierten en engaños, escenario de consenso donde nadie se escucha, solo a sí mismos, hoja de ruta para saltársela cuando a ellos/ellas les venga en gana, líneas rojas que no se pueden tocar hasta que sean las elecciones, poner en valor lo que nadie valora, te lo explico otra vez porque eres demasiado corto para entender lo que te digo, jamón ciento veinte por ciento ibérico, crecer negativamente y reforzar el fracaso para que parezca un triunfo, ajustes temporales, es decir, que te despido, que prescindo de ti, que no te quiero, pero tú sí me quieres a mí, nos queremos, por eso me votas, Vótame Amor, iremos juntos de la mano hasta que algo salga mal y te dejaré caer en el abismo, movilidad en el cargo, el que se mueva no sale en la foto, me alegra que me haga esa pregunta para darme tiempo a pensar qué falacia les meto, no me consta, yo no estaba, no conozco a los imputados, estamos trabajando en ello, ¿quiénes?, no sabemos, dentro de la más estricta legalidad saco fondos de las concesiones y me los llevo, que soy muy patriota, en la oposición solo hay politicastros, ese es un mitinero que se quedará solo a la primera de cambio, promulgamos el cambio, España va bien, La Comunidad va bien, la Ciudad va bien, los que no van bien son los ciudadanos, la etiqueta mágica del populismo y la demagogia, al fin y al cabo, Los árboles no votan. Por eso no interesan.

Perdonen ustedes, que me he quedado sin aire al intentar describir esta puesta en escena, Los árboles no votan de José Ignacio Tofé, que también la dirige, donde, partiendo de la crisis climática y buscando las soluciones políticas, la instrumentalización, el marketing engañoso aparentando medidas sostenibles, con humor, sarcasmo, y sin excesivas exageraciones, aunque lo parezca, vemos a los políticos de turno, incluyendo al cuñado bien posicionado, cómo se cubren de su capa de intocables, que mantienen un tono de voz solemne, que miran al futuro como si miraran al infinito, y que usan trucos verborreicos para aturdirnos con su donde dije digo, digo Diego.

Susana Hernández, Elías González, Ana Janer y Pedro Cerezo reflejan sin ambages la actitud política de quien nos gobierna pensando que el negocio es suyo y únicamente suyo.

A veces ser un ser humano, o una ser humana, es difícil, por eso ellos/ellas, los políticos, nos lo tienen que facilitar y nosotros tragar con ruedas de molino. Y nos pedirán el voto apelando al amor, a la fe ciega, a la creencia sin pruebas y si las hay, se destruyen. Apelando a “la destrucción o el amor”, título poético de Vicente Aleixandre que aquí no tiene nada que ver, al apocalipsis que nos ha de asolar si somos díscolos, y a que seas una buena persona pagando tus impuestos, y porque los árboles no votan, si no, menudo filón para obtener la mayoría absoluta.

  • LOS ÁRBOLES NO VOTAN
  • Autor y director: José Ignacio Tofé
  • Ayudante de dirección: Ana Sañiz
  • Interpretación: Susana Hernández, Elías González, Ana Janer y Pedro Cerezo
  • Espacio: Teatro del Barrio

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