domingo 19 julio, 2026

Lo espacial y lo público

La reciente expedición de los astronautas a la cara oculta de la Luna, culminada con éxito, después de muchos años sin que humanos hayan hecho expediciones al satélite de la Tierra, es motivo de reflexión sobre las propuestas de inversión de los países en el espacio. Sin referirnos a los esfuerzos que actualmente realizan otros países, especialmente China y en menor medida, Rusia, es posible adelantar ideas que, basándonos en la experiencia de anteriores expediciones y campañas, pueden generar innovaciones y adelantos en el futuro, pero también problemas de nuevo cuño. Los cuatro astronautas de la misión Artemis II, que regresaron con éxito de su viaje alrededor de la Luna en abril de 2026, Reid Wiseman (comandante), Víctor Glover (piloto), Christina Koch (especialista de misión) y Jeremy Hansen (especialista de misión) han mantenido en vilo a miles de millones de personas que se han alegrado con el éxito obtenido, porque nos acerca más al conocimiento no sólo de la Luna, sino también del Universo.

La carrera espacial de Occidente es un modelo en el que la inversión privada de empresas como SpaceX, Blue Origin y Virgin Galactic lideran la innovación y reducción de costes, mientras que agencias públicas (NASA) impulsan misiones científicas. Hay intereses comerciales (Starlink y minería de asteroides), además de una competencia política y técnica entre Estados Unidos y China.

Hace unos años, no se dudaba de que los principales servicios públicos, en una tendencia que comenzó después de la segunda guerra mundial, agudizada por la alianza entre el miedo a la Unión Soviética y la creación de la socialdemocracia europea. Pero hoy, parece que ya tiene carta de naturaleza que muchos de los servicios públicos sean prestados por el ámbito privado.

Se aducen muchas razones, entre las que no faltan la falsa superioridad de la gestión privada o la necesidad de priorizar otras parcelas de las actividades estatales (también regionales y locales), pero resulta indudable que en la motivación de las empresas se encuentra la búsqueda del beneficio, unas veces coincidente con los intereses públicos y otras con los propios de las empresas.

Muchas innovaciones se crearon por la NASA, una empresa pública que innovó de forma relevante en numerosos aspectos de la vida ciudadana, pues inventó o desarrolló grandes innovaciones como los taladros inalámbricos, los detectores de humo, la viscoelástica, los filtros de agua, el GPS, los alimentos liofilizados, las lentes más resistentes. Las innovaciones de la carrera espacial transformaron radicalmente la vida cotidiana a través de lo que se conoce como transferencia tecnológica. Muchos de los objetos que usamos hoy fueron diseñados originalmente para resolver problemas extremos en el espacio: termómetros de oído, escáneres Tac y resonancia, cirugía laser, cámaras de smartphones, microprocesadores, ratón de ordenador.

En el futuro, parece que serán las empresas privadas las encargadas de las expediciones a la Luna y Marte, según los anuncios de estas corporaciones inmensas que, no obstante, también cosechan sonoros fracasos en sus intentos de lanzamiento de naves al espacio.
En este sentido, las inversiones gubernamentales y las colaboraciones con empresas privadas han impulsado el desarrollo tecnológico y la participación en proyectos espaciales. Se ha generado un efecto multiplicador en la economía, estimulando la innovación y creando oportunidades de crecimiento en sectores relacionados con la industria aeroespacial y tecnológica.

El programa Apolo fue financiado íntegramente con impuestos, mientras que el programa Artemis tiene la colaboración de Space X y Amazon. Con el New Space actual hemos pasado de un objetivo y medios públicos a objetivos y medios compartidos, que posteriormente repercutirán en el desarrollo de los inventos, productos en buena medida de la experiencia espacial. La aparición de un tarro de Nutella en las imágenes de la cápsula espacial es simultáneamente un ejemplo y un anuncio publicitario de repercusión casi infinita.

La privatización de la carrera espacial, liderada por el modelo del «New Space», plantea riesgos significativos que van desde vacíos legales internacionales hasta amenazas para la sostenibilidad ambiental y la seguridad global. A medida que empresas como Space X o Amazon asumen roles que antes eran exclusivos de los Estados, surgen desafíos críticos como el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, que se redactó para las naciones, no para corporaciones. Un buen ejemplo es determinar si una empresa privada puede explotar comercialmente los minerales que pueda haber en la Luna, aunque esté prohibida la reclamación de soberanía sobre nuestro satélite.

En fin, el gozo generado por el éxito de la misión Artemis II, a la que seguirán otras, debe acompañarse con pactar entre los países y con el concurso de las organizaciones multilaterales, hoy tan orilladas en los conflictos de Oriente Medio, las condiciones de actuación y explotación de los recursos que puedan extraerse de los lugares del Universo a los que afortunadamente se consigue llegar.

Quizás la solución esté en reimaginar el pleno potencial del sector público motivado por el propósito público, definiendo democráticamente objetivos claros que la sociedad debe cumplir mediante la inversión y la innovación conjuntas (Mazzucato,2021).

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