REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA
Escuché al Secretario General del PSOE en su discurso televisado en el último Comité Federal del PSOE. Entre otras muchas cosas, manifestó que la crítica de los militantes siempre va a ser bien recibida.
Somos muchísimos los militantes que no formamos parte de ese Comité. No estar presente en ese órgano no debe, por tanto, excluir nuestra posibilidad de hablar, y de analizar y de proponer aquello que consideramos mejor para los intereses de la sociedad española y del partido en el que llevamos militando buena parte de nuestras vidas. Entiendo que lo que se dice desde la lealtad a la organización será bien recibido por el Secretario General.
Hasta ahora, a la menor insinuación se calificaba al discrepante con el adjetivo de resentido. Quienes hemos ganado con el PSOE seis elecciones autonómicas y abandonamos nuestra responsabilidad institucional y orgánica por propia voluntad, sin que ni los electores ni los afiliados nos echaran, podemos ser calificados de otras cosas; desde luego no de resentidos.
Quienes derrotamos tantas veces al Partido Popular, a los regionalistas y a los comunistas en sus diferentes versiones y disfrazados de lagartera, no podemos ser sospechosos de jugar a favor del Partido Popular. Por eso duele tanto que nosotros, los más antiguos del lugar, seamos malos socialistas frente a los buenos que son los que dicen o defienden a machamartillo lo que hace el PSOE y el gobierno progresista.
Quienes venimos de la cultura de la libertad de expresión no acertamos a comprender el rancio patriotismo de partido y en momentos como los actuales viene bien preguntar por el daño que hacen al PSOE los aplausos, las risotadas, las alabanzas constantes y continuas junto con los ataques a quienes manifestábamos nuestras discrepancias con medidas y forma de proceder del gobierno y de su presidente.
En estos momentos, donde la situación se presenta tan complicada para los socialistas, los ciudadanos, incrédulos con lo dicho, estarán dispuestos a escuchar a quien no haga falsas promesas o fingidos golpes de pecho y diga o intente decir la verdad lo mejor que sepa y pueda.
Yo acuso a la Comisión Ejecutiva Federal, al Comité Federal y a los Grupos Parlamentarios Socialistas del Congreso y del Senado por sus enormes tragaderas. Han aceptado todo lo que se decidía desde La Moncloa o desde Waterloo sin mantener una mínima discrepancia. La unidad de grandes Quemados del Hospital Universitario de Getafe debe estar con lista de espera. El poder omnímodo de uno es la consecuencia de la simpleza de quienes nos representan en el Congreso y en el Senado y de quienes tenían la obligación de controlar las decisiones del poder Ejecutivo socialista. No en vano, el Comité Federal es el máximo órgano de dirección –de liberación dijo Sánchez- entre Congresos. No queda la menor duda de que ese Comité no solo no ha dirigido, sino que no ha circulado por caminos que cualquier socialista consideraba históricamente como transitables.
El ejemplo más acabado de lo que denuncio tuvo que ver con el cese decretado por el Secretario General del PSOE, sin que ni una sola explicación hubiera sido demandada ni por la Comisión Ejecutiva ni por el Comité Federal. ¿A nadie se le ocurrió pensar que cesar a Ábalos y designar a Cerdán era una jugada de alto riesgo? Me acordé de que la película protagonizada por Marlon Brando, Rebelión a bordo, no hubiera podido ser rodada en ese Comité.
La reunión del Comité Federal de abril de 2024, mientras Pedro Sánchez meditaba en su retiro de cinco días, nos dejó la sensación cierta de que los órganos de control en el seno del PSOE pasaron a mejor vida. Y de esos polvos vienen estos lodos. El Comité federal del sábado pasado certificó esa defunción. ¿Cuántos votos fueron ese día a la ultraderecha como consecuencia de la falta de análisis y de crítica de un Comité que, lejos de dirigir, aplaude?
Tras el estrepitoso fracaso electoral del 28M, precedido de la debacle en las elecciones autonómicas de Galicia y País Vasco, donde fuimos tercera fuerza política; del fracaso en Madrid, (tercera) y en Andalucía (fin de predominio del PSOE), se confirmó el fracaso espectacular del PSOE liderado por Pedro Sánchez en las elecciones autonómicas y en las elecciones generales. 121 escaños, 4 menos que los obtenidos por Joaquín Almunia en las generales de 2000, que provocaron su dimisión la frente de la Secretaría General.
Los distintos órganos de dirección de control del PSOE en lugar de realizar un debate sobre las causas que provocaron semejante desautorización de quien asumió el protagonismo de esas dos campañas, el Presidente y Secretario General cuestionado fue recibido bajo palio en aquella reunión conjunta de Diputados y Senadores socialistas, tratando de evitar cualquier pronunciamiento crítico sobre el deterioro electoral del partido.
“Las críticas siempre serán bien recibidas” dijo el SG del PSOE. Le faltó añadir: “siempre que no vengan de García-Paje”. Antes de entrar en el Comité Federal, el presidente de Castilla-La Mancha fue recibido con gritos de “miserable” y «sinvergüenza”. Si no fuera porque esos mismos calificativos los escuché hace un par de semanas en una reunión de Comité Regional del PSOE de Extremadura, hubiera pensado que los mismos provenían de la extrema derecha. Eran de militantes socialistas. Todavía peor los que calificaron a Page de hipócrita. Debe ser que como Page es el único presidente autonómico que lo es por mayoría absoluta, la envidia recome las vísceras de quienes desearían que pasara al grupo de los sanchistas redomados para, perdiendo las próximas elecciones, ser absuelto, perdonado por sus pecados y recibido en el grupo de los perdedores.
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