miércoles 10 junio, 2026

Las claves de Extremadura

Las recientes elecciones autonómicas en Extremadura, dejan algunas enseñanzas para el tiempo que se avecina y la izquierda haría bien en analizar los datos y en tratar de entender lo que está pasando. Lo primero que se necesita para curar una enfermedad es tener un buen diagnóstico. Modestamente, aquí va mi contribución por si pudiera ser de utilidad.

Primero, los datos. El que más me llama la atención es el aumento considerable de la abstención: del 72,6% de participación en 2023, se ha pasado al 62,7%, casi diez puntos menos. Unos 85.000 electores adicionales han decidido esta vez quedarse en casa. El segundo dato a resaltar es el enorme crecimiento de la ultraderecha de Vox: del 8,1%, ha pasado al 16,9% y 40.000 votos más. Y, el tercero, el desplome del PSOE, que ha pasado de ser la fuerza más votada en 2023 con el 39,9% de los votos, a caer hasta el 25,7%, catorce puntos y 107.000 votos menos. El PP queda prácticamente igual en número de votos —pierde tan solo 8.000— pero, en porcentaje, pasa del 38,8% al 43,2% debido a la fuerte abstención.

Analicemos cada uno de estos datos por separado. El gran crecimiento de la abstención indica un fuerte aumento de la desafección política y un rechazo a los partidos mayoritarios, que son los que han gobernado la comunidad desde sus comienzos. Ese es el principal dato a retener, que la población está harta del espectáculo mediático que ofrecen estos partidos desde, al menos, 2018 y de sus recurrentes casos de corrupción. Tendemos a pensar que el ambiente crispado, las descalificaciones, la política visceral, en definitiva, no pasan factura, que son inocuos, pero no es verdad. La factura es esta, el desprestigio del sistema y la desafección política.

El crecimiento de Vox tiene dos lecturas. Una, la misma causa anterior, es decir, la desafección política. Las personas que votan a Vox no lo hacen por sus cualidades excepcionales, por su magnífico programa o por su rutilante candidato, un tal Oscar Fernández al que nadie salvo su familia conoce. Lo hacen para mostrar su rechazo a las soluciones ensayadas hasta ahora. El razonamiento sería: “si PP y PSOE no han solucionado ninguno de mis problemas, tal vez estos hagan algo distinto”. O, también: “si este sistema no me sirve, ¿qué es lo más antisistema que puedo hacer?” Es decir, se trata más bien de un voto en contra de lo conocido que a favor de algo bueno por conocer, los mismos “razonamientos” que llevaron a Milei al poder en Argentina o a Trump en Estados Unidos.

La segunda lectura es el contexto mundial, que me recuerda a la teoría de la relatividad general de Einsten. Dicha teoría elimina la fuerza de la gravedad tal como la concibió Newton y la sustituye por la curvatura del espacio-tiempo: los planetas no siguen sus órbitas porque el Sol les atraiga; sucede más bien que el Sol ha curvado el espacio y los planetas no hacen, sino seguir las curvas ya trazadas en él. Pues bien, mi teoría es que las sucesivas crisis, incertidumbres y pandemias desde 2008 han curvado el espacio-tiempo político y ahora es el momento de las derechas extremas, tal como sucedió en los años treinta del siglo XX. No hace falta que tengan buenos líderes ni buenos programas, porque no vienen a competir con lo establecido sino a destruirlo. Les basta con despotricar de lo que hay y con echar la culpa de todo a la democracia liberal. El espacio se ha curvado y ellos transitan sin esfuerzo por él.

Y llegamos al hundimiento del PSOE. Aquí intervienen, en mi opinión, causas locales, nacionales y globales. En cuanto a estas últimas, ya he señalado que es el momento de las extremas derechas y no el de los partidos convencionales. El PSOE ha gobernado durante décadas la comunidad extremeña, luego parece normal que sea uno de los que más sufre las consecuencias. Referente a las locales, todos los análisis coinciden en que han elegido al peor candidato posible. Primero, por su escaso carisma y, después, por estar imputado en una causa judicial. Que la causa sea justa o no, y que probablemente termine en nada, poco importa. No es presentable, salvo para los muy adeptos, proponer a un candidato pendiente de juicio. Tampoco ha ayudado a su prestigio la pirueta que hizo de pasar por delante de cuatro compañeros para hacerse diputado y quedar así aforado.

Pero también hay una causa nacional que la dirección del PSOE se esfuerza en ignorar: la desafección específica de muchos votantes con este partido por sus recientes casos de corrupción y de acoso sexual entre algunos destacados exdirigentes. Por supuesto que están todos destituidos y la mayoría pendientes de juicio o camino de ello. Pero la mancha queda. Los votantes izquierda son muy exigentes en estos asuntos, precisamente porque el ideario de la izquierda y su proclamada superioridad moral frente a la derecha se basan en promover la igualdad entre hombres y mujeres y en combatir la desigualdad social. Es, por lo tanto, especialmente inaceptable que algunos de sus máximos dirigentes se hayan dedicado lisa y llanamente a robar y otros a acosar a las mujeres. Ese baldón pesará sin duda en las sucesivas elecciones que se avecinan y no creo que los votantes olviden tan fácilmente. Ignorar el fenómeno no me parece la actitud más inteligente.

No tengo la solución a ninguno de estos problemas, sobre todo para el de la curvatura del espacio político, pero la izquierda haría bien en devanarse los sesos para encontrar alguna. Si no, el tsunami de Vox nos pasará por encima en las próximas elecciones generales.

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