En Chile ganó la extrema derecha con la elección de Kast frente a la comunista Jara. El resultado fue contundente, 58 % frente a 42 %. Los votantes no pueden haber sido todos de extrema derecha. El presidente saliente, Boric, vinculado a la izquierda, no ha sido exitoso. Su gran fracaso fue un proyecto de Constitución rechazado en referéndum. La actual Constitución es de 1980. Fue reformada con Pinochet y en democracia.
Boric ha representado una izquierda moderada y democrática, pero ello le atrajo críticas de la propia izquierda suya, incluida Jara, que fue ministra con él. Boric pidió a Maduro que reconociera la elección presidencial que perdió ante Edmundo González. También lo pidió el comité del premio Nobel de la Paz al entregárselo a Corina Machado, denostada por Sánchez al no felicitarla por no molestar a Maduro.
Algunos quieren atribuir el éxito de Kast a que por primera vez en Chile el voto ha sido obligatorio. Lo es también en otros países como en Bélgica y los resultados fueron variados. El voto obligatorio compele a cumplir un deber ciudadano. Siempre puede el elector reticente abstenerse, invalidar la papeleta, no poner nada o pagar una multa por su incivismo.
Sin perjuicio de que se pueda considerar que un progresista o un conservador es más radical en América que en Europa, la elección chilena ha enfrentado a un antiguo pinochetista declarado frente a una comunista que reflejaban, uno, una preferencia por una economía liberal y, la otra, por una más intervenida. ¿Se podría trasladar esta confrontación a Francia en 2027?
Una comparación tan sencilla sería atrevida, pero el electorado de centro-derecha francés, y también de centro-izquierda, es favorable a una economía de mercado que, aunque corregida con objetivos sociales, no tenga demasiadas trabas. Por ello, buena parte del electorado preferirá al candidato del Reagrupamiento Nacional si en la primera vuelta no prevaleciese un candidato centrista frente al de RN, que al de la extrema izquierda, por mucho frente popular que se exhiba con los socialistas franceses, o por eso mismo.
El péndulo en Europa va hacia la derecha y la extrema derecha. Es en parte responsabilidad de la izquierda, no solo del centro y de la derecha, por no resolver ciertas problemáticas que inquietan a los electores, como las consecuencias de una necesaria inmigración, así como por subrayar excesivamente cuestiones importantes por revolver, pero minoritarias, además de asuntos de corrupción y “pinzas” al centro-derecha con la extrema derecha que hace crecer a esta última.
En España el centro-izquierda y el centro-derecha resisten aún. Pero las elecciones extremeñas y los escándalos económicos y de machismo que afectan al sanchismo debilitan al PSOE frente a las dos derechas y la extrema izquierda, sin descartar que Sánchez acabe encabezando también un frente popular.
Sánchez se cree lo del hombre del año que le ha nombrado un semanario italiano. El sanchismo intentó difundirlo como que nadie es profeta en su tierra, pero la maniobra fue rápidamente anegada por otros escándalos más que rodean a un jefe de gobierno aferrado a la poltrona como tantos otros suyos en detrimento de la convivencia en España por la polarización que alimentan.
Empeñarse con un “todo vale” es negativo. En su orgullosa desmesura pretende que a los españoles les “renta” su gobierno rodeado de corrupción que llega muy arriba, un machismo vergonzoso de significados militantes, dando asimismo carta de naturaleza a pactos rechazables con la extrema izquierda o independentistas golpistas no arrepentidos como lo son también los herederos políticos de ETA que jalean a los criminales que han cumplido sus sentencias por asesinatos, un botón de muestra de las compañías condicionantes del sanchismo. Igual organiza un referéndum de independencia y otro sobre la Monarquía. Lo suyo es cargarse la convivencia pactada tras la dictadura.
La derecha resiste ante la extrema derecha, pero esta va creciendo por la inmoderación de un Sánchez que gobierna sin presupuestos, sin debates del Estado de la Nación, principalmente por decretos como Franco, y que, a pesar de innumerables derrotas parlamentarias, se toma por el mejor jefe de gobierno que España jamás haya tenido. Sus incondicionales debieran recomendarle modestia para caer en su día desde más abajo.
La UE, por su parte, se emplea en ayudar a la extrema derecha con su intento fallido de emplear los activos rusos bloqueados por la invasión a Ucrania para armar a Kiev, una peligrosa iniciativa desbarajustada por los líderes más a la derecha. Acordaron finalmente un préstamo de 90.000 millones de euros que no suscriben los insolidarios Hungría, Chequia y Eslovaquia. Debieran cuidar los europeos de no dificultar un acuerdo de paz, no vaya a ser que, luego, todo el peso recaiga sobre ellos si Trump, harto, da una verdadera espantada.
La UE también parece empujar a los agricultores hacia la extrema derecha con Mercosur que, dicen, les deja en inferioridad de condiciones competitivas. Quizás Europa debiera más bien relajar las reglas que impone a sus propios agricultores. La UE es necesaria y debe reconvertirse en un Estado federal para medirse con las grandes potencias, pero con vacilaciones el semáforo se pone en intermitente.
De todos modos, agradezcamos vivir en el mundo occidental con libertades políticas y economías que funcionan. Lean al escritor cubano Padura que vive en La Habana, aunque sea comprando El País, donde escribió este domingo pasado describiendo irónicamente el paraíso cubano. San Francisco acaba de tener un apagón como el que sufrimos en España, pero en Cuba es al revés, de vez en cuando les dan luz a lo largo del año. Viven en la miseria, pero seguro que les “renta” el comunismo.
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