Un libro que invita a reflexionar.
El Club de Lectura de la Discrepancia ha debatido el libro «Identidades Asesinas» de Amin Maalouf, autor de excelentes novelas como “León el Africano”, “El viaje de Baldassare”, o ¨Los desorientados”, y de ensayos como “Las cruzadas vistas por los árabes” o “El desajuste del mundo”. Premio Principe de Asturias de las Letras, Maalouf escribió este libro hace más de veinticinco años, en 1998. Esta nota recoge algunos comentarios relevantes que se plantearon en el debate.
El libro se centra en lo que puede llegar a suponer la afirmación de una identidad en un mundo que es global. El autor, partiendo de que la identidad de cada uno es lo que nos hace diferentes a los demás, y que está compuesta por múltiples pertenencias, transformándose y construyéndose a lo largo de la vida, se plantea por qué la búsqueda de una identidad esencial y su autoafirmación en ella puede llevar a que una persona llegue a cometer crímenes en nombre de su identidad religiosa, étnica, nacional, o de otra naturaleza. Considera que si los hombres se transforman así con facilidad en asesinos es porque una concepción “tribal” de las identidades, basadas en gran medida en inercias de la historia y conflictos pasados, favorece esas desviaciones y esos comportamientos. Analiza el papel que tiene en ello la mundialización, que por un lado genera universalidad pero a la vez uniformidad, las religiones cristiana y musulmana como elementos importantes de la cultura occidental y de la oriental árabe, y concluye reflexionando sobre como “domesticar a la bestia de la identidad”.
En el debate realizado, se plantearon muchas cuestiones. Ante todo, se valoró, con críticas positivas y negativas, si el libro sigue siendo de actualidad o no, dado que es un hecho que la sociedad ha cambiado mucho en veinticinco años. La mundialización que se vivía a finales de los noventa ha sido superada por la digitalización y las redes de comunicación; la evolución medioambiental y el cambio climático han pasado a ser una preocupación muy extendida; las religiones han involucionado; el papel de Europa y de grandes países como China ha cambiado; la visión de la defensa ha cambiado también; la polarización dentro de la sociedad se ha impuesto, etc…. Por ello, en este sentido, podría decirse que el libro es algo “viejuno”, pero también es cierto que “ha envejecido bien” en el sentido de que plantea problemas que siguen estando ahí.
Otra cuestión general que fue objeto de crítica es el grado de profundidad con el que el autor trata las diferentes cuestiones, planteando los fenómenos tal y como se manifiestan, pero no entrando a fondo a explicar las causas. Tampoco entra a diferenciar entre lo que supone “identificarse” con algo y lo que supone “asumir una identidad”. El hecho de que una persona se pueda “identificar” con un grupo, unas ideas, u otros elementos, y que asuma subjetivamente algunos elementos, no implica que se sienta “amenazado” si esos “otros” lo están; por el contrario, si una persona asume como propia una “identidad” en su conjunto implica que asume el comportamiento y evolución de esa identidad, y si ésta es cuestionada o amenazada, la persona se siente que por pertenecer a esa identidad su persona también lo es, y reacciona ante ello.
Es cierto que, frente a este tipo de observaciones, puede decirse que el propio Maalouf, no pretende redefinir el concepto de identidad sino algo más modesto como comprender por qué se producen unos comportamientos asesinos, reflexionando para ello a partir de sus propias experiencias personales y de la pregunta que muchos le hacen cuando le plantean “… en el fondo, ¿qué es lo que te sientes?”. Ese “en el fondo” es la clave, la idea de que haya una única identidad diferencial en las personas. Y por ello, el autor hace un repaso a los diferentes componentes que han marcado su entorno, como la lengua, las religiones tanto católica como musulmana, la emigración, las diferencias culturales entre Oriente Medio y Occidente, etc…, en definitiva, un repaso amplio aunque no profundo al por qué de esos múltiples componentes de su identidad.
Por todo ello, y aunque como hemos dicho el libro esté escrito hace unos años, puede considerarse, en cierto modo, un clásico, pues las reflexiones que inspira su lectura se siguen manteniendo de actualidad cuando se enfocan con la mirada centrada en los problemas presentes. De hecho, apunta y anticipa muchos problemas actuales relacionados con este tema.
Uno de ellos es la instrumentalización que muchas veces se hace por parte de instituciones o grupos políticos, respondiendo a unos intereses, atribuyendo actitudes y comportamientos de manera generalizada a identidades concretas. El caso del uso del velo y el islam es un claro ejemplo. Otro problema es el de las implicaciones sobre los derechos humanos que tiene la crisis del multilateralismo y de las reglas de juego en las relaciones internacionales, que estamos viviendo. O el escaso conocimiento que tenemos de otras culturas, a pesar de la mundialización. El tener cerca de nuestro entorno restaurantes mejicanos, hindúes o peruanos, no significa que conozcamos las culturas de esos países.
Con esa visión abierta hay que plantearse hoy la pregunta que Maaluf hace al final de su libro sobre cómo amansar o domesticar la pantera. Y es que la única respuesta válida es que debemos estar abiertos “al otro”, esto es, a las diferentes culturas superando esa visión simplificada de la diversidad en la que a veces caemos. Estar más abiertos al “mestizaje” en nuestras sociedades.
En definitiva, “Identidades Asesinas” es un libro muy recomendable al poner sobre la mesa un problema importante y motivar una reflexión sobre cómo enfrentarlo.


