LOS LIBROS DE LA DISCREPANCIA
Es un hecho preocupante que está extendiéndose, especialmente entre las generaciones jóvenes, la sensación de pérdida de confianza en las instituciones y en el propio sistema de democracia parlamentaria. La creciente polarización, el clima de descalificaciones mutuas en lugar de buscar consensos entre los responsables políticos, y la proliferación de bulos y verdades a medias, han ido contribuyendo a que se vaya asentando esta visión. La democracia constitucional está en crisis, pero precisamente por ello es un reto fundamental mejorarla con reformas que se adecúen a la sociedad global y digitalizada de hoy, y que evitemos errores, conscientes o inconscientes, que puedan deteriorarla más.
Esa idea de que fortalecer la democracia es algo necesario y que para ello hay que fortalecer el Estado de derecho es la que inspira y está detrás del libro “Sobre el Imperio de la Ley”, escrito por el conocido jurista Javier Cremades, Presidente de la World Jurist Association, y que ha salido publicado hace apenas unas semanas.
El libro parte de la base de que el ejercicio del poder público es legítimo sólo si su ejercicio se hace conforme a la legislación y a la Constitución, y existe un control judicial independiente de la potestad reglamentaria y legislativa. La constitucionalidad de las leyes es una exigencia básica pues establecen las reglas de juego de la convivencia en una sociedad. Pero el problema es que en muchos países, y a veces poco a poco, se va produciendo una cierta “deconstitucionalización”, o falseamiento del Estado de derecho que va erosionando el sistema. Esto puede suceder por dos vías: o por el hecho de trasladar una materia que se recoge en la Constitución al ámbito puramente legal, esto es, mediante una reforma por la que pasa a ser regulada por una Ley; o cuando se dictan normas o leyes que, siendo contrarias a la Constitución, no son declaradas inconstitucionales por los órganos de control de la justicia constitucional. En muchos casos, estas acciones son apoyadas por campañas de opinión, populistas, que justifican y pretende validar la bondad de las medidas.
Este tipo de atentados al marco constitucional y a la base del Estado de derecho no se da de modo aislado o sólo en países con Estados de derecho débiles, sino en países con sistemas constitucionales consolidados. Es como el “virus del totalitarismo” que con una apariencia de legitimidad democrática y defensa de la libertad acaba minando la fortaleza constitucional que salvaguarda nuestra vida y nuestra paz.
El Presidente de la Asociación Mundial de Juristas hace esta afirmación tras haber estudiado con detalle numerosos casos que han tenido lugar en diferentes países y que recoge en el libro. Casos como los cambios en la Constitución en Venezuela y los procesos electorales, la consolidación del régimen en Nicaragua, la Cuarta Transformación en Méjico, el asalto al Capitolio en Washington, la aprobación del Brexit por el Gobierno británico, o la declaración unilateral de independencia de Cataluña y la posterior ley de amnistía. Con rigor, aportando datos sobre normas y sentencias, el autor detalla en cada caso cual era el problema que se planteaba y cual fue la decisión implementada. En el caso de Cataluña, tras describir los hechos y tras subrayar que “los sentimientos de muchos catalanes, como los de cualquier ciudadano de un Estado de derecho son tan legítimos como firme su obligación de actuar, especialmente en los asuntos públicos, de acuerdo con la Ley y la Constitución”, señala que el derecho a la autodeterminación debe plantearse como un ejercicio del conjunto de los ciudadanos en el marco de la reforma de la Constitución.
Un aspecto muy importante que se relaciona con lo anterior es la información que manejan los ciudadanos sobre estas cuestiones. En Cataluña, muchos creían que estaban defendiéndose los derechos de un pueblo por su libertad y que la libertad está por encima de la democracia y el derecho vigente. Y una situación parecida era la existente en EEUU cuando tuvo lugar el asalto al capitolio, pues muchos estaban convencidos de que se habían falseado las elecciones y se estaba falseando la democracia. Ante esto, la conclusión es clara. Uno de los grandes enemigos de la democracia es el populismo, entendido como “un discurso maniqueo que identifica el Bien como una voluntad unificada del pueblo, y el Mal como una élite conspiradora y responsable de subvertir la voluntad popular”. Y es igual que sea de derechas que de izquierdas. Un claro ejemplo es su auge en EEUU desde la primera presidencia de Trump, que se comenta al narrar estos hechos, siendo otro ejemplo analizado el del Brexit.
Esta completa información se complementa con otros análisis sobre otro de los aspectos importantes como es el control judicial y su papel. Como ejemplo ilustrativo relata los hechos importantes que fueron clave en EEUU para eliminar la segregación racial. Confirmado por una Sentencia del Tribunal Supremo en 1954 que la Decimocuarta Enmienda a la Constitución eliminaba la discriminación por motivos de raza, y ante la pasividad en su implementación, un juez de la ciudad de Little Rock, en 1957, ordenó que fueran admitidos a un colegio nueve niños negros, lo que provocó un reacción contraria por parte del Gobernador del Estado, un segregacionista, que ordenó a la policía impedirlo. Ante eso, fue el propio Presidente Eisenhower quien envió a una división de mil paracaidistas, con prestigio por su papel en la lucha contra los nazis en la II Guerra mundial, para que garantizara el derecho. Para evitar repeticiones en otros estados, Martin Luther King y otros trabajaron con otros jueces para conseguir que se materializara el fin de la segregación, lo que al final se logró.
Y es que el papel de los jueces es clave. De ahí que otro de los temas analizados en el libro es el caso de España y el escandalosos retraso en la renovación del Consejo del Poder Judicial, que llevó a que el Comisario de Justicia de la Comisión Europea llamara la atención en 2023 y propiciara una negociación entre Gobierno y oposición, que se materializó en el nombramiento de su Presidenta en septiembre de 2024. Según Cremades, a esta situación se llegó por una serie de errores cometidos por el PSOE y por el PP a lo largo de unos años. Y todo porque la Constitución deja claro que de los veinte miembros que componen el Consejo, además del Presidente del Tribunal Supremo, doce serán jueces y magistrados de todas las categorías judiciales, pero no dice quien debe proponerlos. Sí dice claramente que los otros ochos los propondrá el Congreso y el Senado, de entre sus miembros, que sean abogados de reconocida competencia y experiencia. Ante esa falta de precisión, la interpretación tras la primera renovación preceptiva, primero del PSOE cuando tenía mayoría parlamentaria, fue que deberían ser propuestos por el Parlamento, frente al PP que defendía que fueran las asociaciones de jueces, con más peso conservador. El resultado es conocido, y pone de manifiesto que no deberían de primar los intereses partidistas en una materia tan importante.
Otra cuestión relacionada y tratada en libro es la de los límites del poder de los Tribunales Supremos o Constitucionales. Sin ser órganos políticos, el hecho de que interpreten la Constitución, y de que muchas normas tengan una cierta ambigüedad hace que el tema genere enfrentamientos políticos. Así en Israel, con un Tribunal Supremo con mucho poder, el Gobierno de Netanyahu y su apoyo en fuerzas de ultraderecha nacionalista quieren limitar éste, y por el contario en EEUU son los progresistas los que quieren reducir su influencia. Ambos casos son comentados con detalle.
Por último, el libro termina con dos capítulos interesantes. El primero, hace una referencia a “algunas mujeres y hombres buenos” en la que el Presidente de la World Jurist Association dedica unos breves comentarios a personas que han jugado un papel relevante a favor de los derechos humanos o la defensa de un Estado de derecho, muchos de ellos galardonados por ello por esta Asociación internacional. Incluye a personalidades conocidas como Nelson Mandela, Winston Churchill, René Cassin, el Rey Felipe VI, Andrew Young, y otros prestigiosos juristas y activistas.
El último capítulo lo dedica a una reflexión. El Estado de derecho es una conquista, pero está en nuestras manos que se mantenga. Estamos viviendo “una situación de deterioro de la democracia constitucional que en algunos países está adoptando formas fundamentalistas, nacionalistas, populistas o incluso autoritarias encubiertas con falsas apariencias de democracia que quebrantan los derechos humanos y la división de poderes”. Por ello, “somos nosotros, ciudadanos, magistrados y jueces, abogados, profesores de Derecho y profesionales de otros ámbitos jurídicos, académicos de disciplinas afines, y dirigentes en los ámbitos políticos económico y social de las distintas partes del mundo los que debemos de resaltar la urgencia actual de renovar el compromiso con la Constitución, la democracia y el Estado de derecho en todos los países”.
En definitiva, un libro riguroso, escrito por un jurista con la visión de un ciudadano que cree en el Estado de derecho y en la democracia, y que aporta abundante información de interés para todos los que queremos fortalecerla. En los tiempos convulsos que estamos viviendo, un libro que invita a la reflexión y al debate sosegado.
Por Fernando Ballestero
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